Un ser humano sólo puede pensar en algo distinto de la mera supervivencia cuándo el entorno económico en el que vive le permite y le ofrece el tiempo y la suficiente energía como para pensar en algo más que en su propio hambre. Además, "si nadie garantiza el futuro, el hoy se vuelve inmenso". Lejos estamos de pretender que la gente común haga un aporte valedero a la sociedad, si los instrumentos y los actores que se le proponen son en evidencia, ineficaces, vengativos y de dudosos prontuarios. Poseemos una sociedad, en cierto grado despótica, que condena filosóficamente la pobreza pero no posee simpatía alguna con los pobres. Los opinólogos y mediáticos de la actualidad desarrollan teorías en base a sus propias y erradas suposiciones, propiciando evidentes coimas para teatralizar situaciones extremas y llevarlas a la televisión. Publicitando títulos catástrofes, o escenificando truculentamente mediante el pago a participantes, libretos preestablecidos, en procura de un dañoso sensacionalismo, pero jamás proponiendo soluciones, y mucho menos como parte de ellas, siendo creadores y haciendo uso y abuso a lo que han dado en llamar la famosa "brecha". Destacando siempre la cara doliente de situaciones que empobrecen su propia realidad y capacidad de comunicadores. Resulta lógico comprender que cualquier periodista como humano, puede padecer desazones personales imposibles de aclarar debidamente y como tales transmitirlas. Actitudes que sólo inspiran piedad por dar muestras de haberse involucrado de manera insolente, y sólo por motivos económicos, en la búsqueda de una declarada libertad y un supuesto bienestar general sin lograr jamás colaborar seriamente en su beneficio.

























