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Sistemas mixtos: combinación de sustentabilidad y buena renta

 Los especialistas coinciden en que la integración de los esquemas productivos aporta estabilidad y rentabilidad al sistema.

Sábado 15 de Agosto de 2015

“Le conté a mi amiga la vaca que participaría en el Congreso de Aapresid, el templo de la sustentabilidad agrícola y ambiental, en un panel de sistemas integrados. Y ella, que viene muy deprimida desde que la apuntaron como responsable del cambio climático y buena parte de los desastres que ocurren en el mundo, no podía creer que llegó su tiempo”. El relato que parece sacado de una fábula infantil fue la metáfora que utilizó el analista ganadero Víctor Tonelli para valorar la apuesta que el sector agropecuario volvió a hacer a los planteos mixtos de producción no sólo como una forma de contribuir al ambiente sino además como una apuesta a la rentabilidad a largo plazo.
 
“Un sistema integrado de producción es capaz de adaptarse a las perturbaciones del entorno, puede responder a esas demandas y genera mayor cantidad de trabajo. Con lo cual, es más rentable y estable”, definió Sergio Montico, titular de la cátedra de Manejo de Tierras de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quien desde un planteo teórico y práctico —en base a la experiencia que vienen desarrollando en el predio de Zavalla— revalorizó una práctica que por efecto de la agricultura intensiva y especialmente en los últimos años basada en el monocultivo, se fue perdiendo.
 
“Los sistemas integrados no son novedad, pero sí un concepto reemergente que permite tener más sustentabilidad. Se incrementan los nutrientes, se logra un mejor uso del agua y se mitiga el efecto invernadero”, remarcó su colega Julio Galli, titular de la cátedra de Sistemas de Producción Animal Area Bovinos y Porcinos de la misma casa de estudios.
 
Golpe de timón. Los productores argentinos hicieron de la producción agrícola intensiva, orientada esencialmente al cultivo de soja, y con bajos niveles de rotación, una práctica recurrente. En los años de altos precios, para captar la renta de un cultivo de baja inversión y poco manejo, y en los períodos más deprimidos, con el argumento de que la rotación suma costos adicionales que no pueden afrontar.
 
Sin embargo, este patrón encontró sus límites en las últimas campañas con la aparición de malezas resistentes, pérdida de calidad de granos y menor productividad en algunas zonas marginales. Una situación que obligó a repensar viejas prácticas y a considerar el regreso hacia esquemas mixtos de producción e integraciones que le den al sistema un grado de estabilidad mayor, tanto desde el punto de vista productivo como económico y, en el último tiempo, ambiental y cultural.
 
En el XXIII Congreso de Aapresid se destinó un simposio especialmente para hablar del tema y analizar su viabilidad y sus límites, de la que participaron además de estos especialistas, el economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada) Eduardo O Connor, quien destacó el aporte que realizan las cadenas agroalimentarias a la generación de empleo.
 
Ganadería con buen futuro. En función de que la agricultura domina la producción, el ingreso de la ganadería es una de las apuestas más fuertes que plantearon los especialistas. En ese sentido, Tonelli destacó los beneficios que representa el pastoreo sobre los cultivos y cómo el ganado vacuno puede contribuir desde su potencial productivo y de agregado de rentabilidad, a la estabilidad de los sistemas.
 
Actualmente “se le generan limitaciones a la cría vacuna por razones de conservación del medioambiental a raíz de la producción de gases de efecto invernadero que limitan una producción masiva a nivel mundial”. Pero al mismo tiempo, “el crecimiento de la población y sobre todo la urbanización cada vez más acentuada, incrementa la demanda para los próximos diez años”, dijo Tonelli y aseguró que debido a esto, sumado a problemas de stocks en los principales países proveedores, “se espera que el precio de la carne vacuna en el mundo va a seguir subiendo en los próximos años”.
 
En ese marco, como viene de un nivel muy bajo, el país tiene un futuro alentador. “La Argentina está lista para recuperar protagonismo. Hace 10 años tenía entre 9 y 10% de participación del comercio mundial y hoy está en menos del 2% en un mercado demandante, en crecimiento y subabastecido”, señaló.
 
Un escenario de estas características también actúa como disparador para que el productor comience a replantearse su esquema productivo. “¿La integración es un arte perdido?”, se preguntó Montico y consideró que cuando se analiza esta posibilidad es clave correrse de un esquema que plantea amontonar producciones y enfocarse en  articularlas. Y explicó que no se trata sólo de hacerlo sólocon agricultura y ganadería sino además en otras regiones alejadas de la Pampeana, incorporando horticultura o producción maderera o forestal, entre otras. “Los sistemas complejos vinculan sus distintos procesos de capital acumulado y tienen un grado de conexión entre los elementos a diferencia de los simples (como por ejemplo el de soja) que son más vulnerables”, indicó.
 
Experiencia regional. Galli relató la experiencia que llevan adelante en la facultad de Zavalla, en donde encaran un sistema mixto de agricultura con ganadería en el cual se rota soja con maíz, se incorporan pasturas (verdeos de invierno) que son aprovechados para el pastoreo de los animales.
 
El académico señaló que “no hay una correlación directa entre la producción integrada y la estabilidad del sistema agropecuario sino que esta última depende de las combinaciones que se hacen y cómo es cada una de ellas”.
 
En ese sentido, relató que en las prácticas que realizan en el predio de la facultad, les permitió concluir que “el pastoreo moderado es ideal”, ya que llevado adelante en forma intensiva disminuye la sustentabilidad del suelo y por tanto del sistema en su conjunto.
 
“En Zavalla luego del tercer año logramos comprobar que el efecto del pastoreo moderado se intensifica y aumenta la producción de soja” y que en el debe y el haber del aporte de animales, el aporte de la ganadería termina siendo beneficioso porque en forma integrada permite reducir el impacto del efecto invernadero, mucho más que si se realiza monocultivo.
 
“Hay que correrse del modelo de caja negra y asomarnos, poder entrar y salir”, dijo a modo de ejemplo Montico a la hora de abordar los sistemas productivos y recordó que el suelo es el soporte sobre el cual se asienta cualquiera de ellos. “Al soporte hay que diagnosticarlo con sapiencia. Es clave entender cómo funciona el suelo para luego ver que sistema productivo aplico”, recomendó y llamó a hacerlo en lo inmediato porque “estamos en un proceso franco de transformación del territorio donde hay claras señales de cambio climático y también de cambios territoriales por la nueva ley de agua, de suelo o de arrendamiento” que lo ameritan, dijo.
 
Programa de valor agregado. La producción granaria que planteaba una rentabilidad aceptable, riesgo climático mediante, hoy presenta proyecciones negativas, consecuencia de una combinación adversa de distintos factores estructurales y coyunturales que afectan seriamente la competitividad de toda la cadena agrícola en Argentina. Para aportar herramientas a la toma de decisiones, Agroeducación desarrolló el programa de valor agregado en el agro con un staff de profesionales con gran capacidad académica y práctica como Roberto Bisang, Mario Bragachini, Salvador Di Stefano, Armando Casalins, entre otros y referentes de empresas como Adecoagro, Glucovil, y Bio4 y. El programa intensivo de 70 horas cátedra puede ser cursado en forma presencial los viernes desde el 14 de agosto al 16 de octubre en Rosario o a distancia.
 

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