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BULLET_CHARACTER El desafío es cómo aprovechar la mayor cantidad de agua posible y reducir el escurrimiento superficial

Sábado 21 de Octubre de 2017

La adopción de la siembra directa en la Argentina contribuyó a detener la pérdida de suelo, pero para proteger su productividad es necesario predecir la erosión.
Ahora, el desafío es saber cuánta agua se escurre, porque la lluvia que no se infiltra erosiona la fertilidad del campo.
Para mejorar la absorción, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) proponen la incorporación de cultivos de cobertura en los esquemas productivos.
Desde hace más de cuatro décadas, la siembra directa en los campos argentinos contribuye a minimizar procesos de pérdida de suelo.
Sin embargo, la prevalencia de monocultivos —como soja, maíz o trigo/soja— hizo que aumente el escurrimiento superficial del agua en un lote, lo que erosiona la fertilidad de los campos.
Mediante el uso de un modelo físico, técnicos del Inta pueden estimar cuál será el porcentaje de recurso que se perderá, en un período determinado, según el esquema de cultivos que se instalen.
Con esta herramienta será posible diseñar esquemas de cultivos sustentables y adaptados a cada ambiente del país.
"La degradación de recursos que tenemos en los sistemas productivos actuales, pone de manifiesto la relevancia de contar con modelos que permitan estimar con precisión qué porcentaje de suelo y de agua se escurren con cada lluvia", señaló Jorge Gvozdenovich, especialista en manejo y conservación de suelos del Inta Paraná (Entre Ríos).
Agregó que "con esa información podremos diseñar sistemas productivos más sustentables".
Mediante la implementación del modelo WEPP (Water Erosion Prediction Project) es posible predecir cuál será el porcentaje de suelo que se perderá.
"Si en un campo de maíz caen 50 milímetros, con el uso del modelo puedo saber que en promedio se escurren unos 25 mm y, si a eso le sumamos que la planta absorbe 12 mm por día, sólo tendremos agua acumulada para dos días", graficó Gvozdenovich.
En ese sentido, analizó que "el desafío está en ver cómo podemos aprovechar la mayor cantidad de agua posible y reducir el escurrimiento superficial, debido a que la lluvia que no se infiltra arrastra materia orgánica, nutrientes y erosiona la fertilidad de los campos".
Cada centímetro de suelo que se pierde por un mal manejo del lote tiene un costo económico: "En Entre Ríos, perder un centímetro de suelo fértil por hectárea debido a la erosión hídrica, significa perder 120.000 kilos de suelo por hectárea al año".
"Si se extrapola este valor a toda la superficie cultivada, el número se multiplica considerablemente", advirtió el investigador del Inta.
De hecho, un estudio realizado en el campo experimental del Inta Paraná determinó que, en un lote con maíz, realizado en siembra directa (SD), la pérdida de suelo fue de 4.6 toneladas por hectárea al año, una proporción considerablemente menor comparado con el mismo cultivo en labranza convencional (LC), cuyos valores ascendieron a 40.
Sin embargo, la cantidad de agua que no se retiene es el doble en el sistema SD, alcanza los 800 milímetros escurridos, en relación con la siembra convencional, que fue de 340.
"Sin dudas, estos resultados destacan el rol de la SD en el control de pérdidas de suelos, pero alertan sobre la necesidad de profundizar en técnicas que permitan conducir los excedentes hídricos y mejorar el ingreso de agua al suelo", señaló el técnico del Inta.
Para proteger el suelo, el mayor obstáculo es la repetición de los cultivos que dejan el suelo poco cubierto durante gran parte del año.

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