Daniel Aráoz ya no es más aquel cordobés que te hacía matar de risa en los programas de Gasalla o, mucho antes, en “La noticia rebelde”. Ahora es un villano, capaz de interpretar a un terrateniente poderoso como lo hace en la película “Las furias”, de Tamae Garateguy, estrenada esta semana y disponible en Cine.ar; y hasta puede ser el mayor violador de la historia de Córdoba como en la próxima película de Moroco Colman “La noche más larga”, que saldrá a la luz el año próximo. Aráoz afirma que esos roles hay que interpretarlos, aunque sean “monstruosos”, porque de lo contrario “¿quién representa la maldad?”. Y sostiene: “Yo trabajo sobre la energía pura”. Con la misma energía y sin perder el humor que lo posicionó en la actuación, dirigirá e interpretará una ficción sobre el último libro de Roberto Fontanarrosa “Negar todo”. Del victimario y víctima de “El hombre de al lado” a este actor versatil que puede ser La Bella y La Bestia en un suspiro, arriba el telón: Daniel Aráoz sale a escena.
—Es un personaje difícil de componer, hay que transitar esa energía. Al menos como trabajo yo, que no trabajo en términos de observaciones o cosas por el estilo que pueblan varias técnicas actorales. Yo actúo sobre la energía pura que está ahí, que hay que tomarla, sacarla para afuera e interpretarla. Fue un trabajo arduo, duro, pero me alivió ver la película y saber que cumplí con ese rol.
—¿Creés que desde “El hombre de al lado” para acá diste un paso al costado de tus personajes risueños y disparatados para dar lugar a un actor que también mete miedo con algunos personajes? A veces sos como Dr.Jekyll y Mr. Hyde.
—Bueno, es que son las dos caras del teatro, es un poco el desafío del oficio. Mirá, yo recuerdo a un amigo que fue Adolfo Castelo, en los tiempos de “La noticia rebelde”, fijate vos que ahí tocaba otro color porque hacía todo un trabajo periodístico que no tiene nada que ver von la actuación, bueno, te decía que Castello me dijo “siempre guardate una carta en la manga”. Y creo que esa cosa del cine de género, de partida de póker, yo la utilicé en el momento en que consideré que tenía que trabajar sobre la otra máscara del teatro, que es la del drama y la tragedia. Fijate que este personaje de “Las furias” es un personaje trágico que todo lo que toca lo destruye, es la metáfora del poder enquistado, eso de tener todo a cualquier costo.
—De todos modos, ese rol de victimario y víctima que tenías en “El hombre de al lado” te dejó una marca indeleble como actor, al menos para la gente.
—Es que Víctor Chubelo, ese personaje que yo quiero mucho, no es un villano, viene a representar la lucha de clases. Es un personaje heroico y termina siendo víctima de todo. Cuando trabajamos la película queríamos mostrar que el personaje de Leonardo Cachanosky, que interpretaba Rafael Spregelburd, era el verdadero villano. Para que no lo moleste, no tiene ningún problema en dejarlo morir, y se sienta a su lado para asegurarse de que ese muchacho pase para el otro lado. Ahí hay una metáfora de la lucha de clases, del poder desde otro ángulo y plantea reflexiones con respecto a otro tipo de poder. No tengo muchas cosas para agregar poque esa película se pasa en museos, sigue dando vuelta por el mundo, ha poblado los cines de arte y los cines comerciales, ha tenido análisis de psicoanalistas, de arquitectos y sociólogos. Es una metáfora muy contemporánea.
—¿Cómo hacés para adaptarte a registros tan distintos como “La odisea de los giles”, que es un cine más convencional como el de Sebastián Borensztein; “El hombre de al lado”, con el vuelo de directores como Gastón Duprat y Mariano Cohn; y ahora “Las furias”, de una realizadora joven como Tamae Garateguy que se especializa en cine de género. ¿Te pudiste adaptar fácilmente a los cambios generacionales en la mirada del cine?
—Esto es parte del oficio que heredé de mi madre, Elba María Trossero de Aráoz, y bueno, digamos, que un actor tiene que tener ese trabajo detrás. A mí me da mucha satisfacción y especialmente alivio, que es una sensación muy hermosa que tiene que ver con soltar. A mí me da alivio poder haber hecho reír, como lo hago en el teatro, es algo que amo profundamente y me da mucho alivio poder construir estos personajes tan difíciles, que en el caso del personaje de “Las furias” está en el tono de la tragedia. Pero a mí me gusta que esta película está dentro del género de western. Yo le dije a Tamae “te recibiste de directora de western”, que es muy difícil de dirigir porque tiene sus particularidades. La historia va y viene y la hace atrapante, pero tiene un color de western, que la ves en los sombreros, en las caminatas. Yo como actor voy construyendo el personaje y me gusta mucho el western porque era algo que mi padre me llevaba al cine de chico, así que es un homenaje al género. A mí se me vienen a la cabeza los personajes de Montgomery Clift, esos villanos de western, pero se acerca a la metáfora del hecho de cómo el poder puede matar un alma y a la misma vez, esa persona que se queda sin alma, comienza a destruir todo alrededor.
—¿Es más complicado de lo que parece interpretar a un personaje tan deshumanizado?
—No es tan fácil, pero es un gran desafío para el oficio trabajar sobre la monstruosidad del ser humano, y sobre todo del hombre y del patriarcado, porque este es un personaje patriarcal, que hasta siente que su hija, que es su propia sangre, le pertenece. Hay una bestialidad fachista que es muy fuerte y representa a un montón de monstruos que vemos. El hecho de colonizar la tierra o matar para adueñarse de la propiedad privada es monstruoso. Este personaje forma parte de una experimentación mía dentro del oficio que también tiene que ver con otra película que posiblemente se estrene el año que viene, por las circunstancias que estamos viviendo, y es “La noche más larga”.
—Contame un poco de qué se trata esa película.
—Bueno, al igual que esta se trata de películas monstruosas, pero ahí, en “La noche más larga”, de Moroco Colman, compongo a un violador serial, Marcelo Sajen, es una historia real terrible, terrible, terrible. Y son trabajos que deben ser hechos porque si no ¿quién representa la maldad? Muchas veces uno dice que es más querible hacer un personaje que tiene todas las condiciones para ser amado y querido, bueno, esto es un riesgo, pero tiene un sentido para el actor y la actriz.
—Siempre trabajaste sobre textos de Fontanarrosa.¿Te gustaría volver a actuar sobre las historias del Negro?
—Claro que sí, cómo olvidarme de mi querido amigo el Negro Fontanarrosa, mirá, justamente estoy trabajando en un proyecto sobre el último libro que hizo el Negro, que es “Negar todo”, para lo que tengo el aval de Gabriela, su mujer, y Franco, su hijo. Estoy viendo el formato todavía, no te lo podría definir porque estoy en pleno proceso creativo, pero me gustaría hacerle un tributo al Negro más que en teatro en televisión, quiero hacer cinco capítulos sobre los textos de su último libro, para lo cual estoy trabajando fuertemente con mi hijo Pedro Aráoz en la adaptación, con la la idea es que yo lo dirija.
—¿Además de dirigir también interpretarías a algunas de las criaturas de Fontanarrosa?
—Posiblemente haría algún personaje en los diferentes cuentos, pero quiero dirigirlo porque no quisiera dejar librado nada al azar, lo quiero dirigir específicamente por el amor por el Negro. Lo dirigieron otros, como Pablo Fisherman o Leonardo Di Cesare, que estuvieron al frente de los cuentos anteriores, o incluso los directores de tu ciudad en “Fontanarrosa , lo que se dice un ídolo”, que fue un hermoso homenaje del cine rosarino. Todos hicieron un buen trabajo dentro de las posibilidades que tenían, pero hoy me conformaría dirigirlo yo, no se lo daría a que lo dirija nadie.
—¿Cómo ves el futuro del trabajo de los actores en el marco de la pandemia o pospandemia?
—Mirá, yo considero que hay que trabajar para que la ficción pueda volver, veo que la televisión esta activa con un formato con seis o siete personas en un estudio y que perfectamente se podría adaptar para realizar una ficción. Con respecto a eso, por supuesto que en este tiempo que viene habrá que cambiar varias cosas, porque no puede haber proximidad, en términos de abrazos y besos, que es lo que tiene que ver con las historias de amor, pero sí creo que va a nacer una nueva posibilidad de ficción y tenemos que volver a trabajar en eso. El cine o un programa de televisión o serie auna toda la industria, en un mismo equipo está la literatura del autor, la adaptación del guionista y luego se combina el actor, el director, el director de fotografía, el director de arte, el director de sonido, el gripp, el gaffer, los técnicos, es decir, el armado cinematográfico incluye al séptimo arte y a la conjunción de otros artes. Entonces creo que tenemos que ponernos a pensar que, no mañana, pero prontamente podamos volver a estar dándole al público una visión diferente de la que ofrece hoy la televisión. Nosotros queremos mucho a la ficción nacional y tenemos una ficción muy prestigiosa. A mí me da un enorme placer ser un pequeñito embajador de esta ficción en otras partes del mundo y viajar con una película, por eso creo que debemos fortalecernos en una nueva construcción dramática y trabajar en un proceso ficcional sobre la realidad.