Por supuesto que también se incluye un dossier de bandas locales de la época hermoso y necesario, que estimula un detalle no menor. “Los trenes ya no vuelven más” (junto a otra obra de Giordano, su primer libro titulado “Inédito, rock subterráneo en Rosario”), aportan algo muy valioso: la historia de la música ligada al rock de Rosario no se reduce solamente a la historia oficial, conformada por obras, apellidos o proyectos destacados que lograron mayor exposición o trascendencia.
“Creo firmemente que detrás de la historia del origen de cada grupo hay un relato muy chiquito. Porque salvo las bandas que se forman siendo sus integrantes mega estrellas _por ejemplo, Velvet Revolver_, el resto es un relato de mundos muy chiquitos, que van de la casa de uno al colegio o el club del otro. Y en el caso de Cañada de Gómez en los 80, que no era una ciudad sino un pueblito, era más pequeño aún el relato, casi familiar, de vecinos. Y nadie iba a contar mejor eso que ellos mismos”, explicó el autor en diálogo con La Capital.
_¿Por qué quisiste contar la historia de Punto G?
_La idea fue de Roque Di Pietro, el editor del libro y titular de Vademécum, la editorial. Cuando empezó la pandemia, después de hacer lo que hicimos todas las personas que nos quedamos adentro, no sabía qué hacer cuando se terminaba mi trabajo de manera remota. Lo llamé a Roque porque yo tenía ganas de hacer un libro sobre la historia de Aquelarre, pero no le interesaba mucho. Y me dijo que por qué no hacía algo con el primer disco de Punto G ("Todo lo que acaba se vuelve insoportable"). No terminó de decir G que yo ya estaba diciendo sí, porque me parecía fantástico. Porque no me dijo que haga un libro sobre Calamaro, que iba a vender un millón, era un libro sobre Punto G, y me encantó la idea.
_¿Qué te atrajo?
_Me atraía mucho la historia de esa noche rosarina de finales de los ochenta, que yo no la viví, porque soy media generación posterior. Empecé a salir y a tocar entre 1991 y 1992. Todo eso había pasado y me lo perdí, era chico, aunque vi a Punto G en vivo en 1987, pero en un festival de la primavera en el Parque Urquiza, no iba a los boliches a verlo. Y después en los 90 vi uno de los últimos shows, que incluso me acuerdo la fecha, porque ese día lo conocí a Coki Debernardi. Yo ya tocaba la batería en Mortadela Rancia, estábamos en frente del Patio de la Madera, donde tocábamos nosotros y cerraba Punto G. Viene Coki teñido de rubio, porque se había suicidado Kurt Cobain, por eso me acuerdo de la fecha. Ahí se sentó con nosotros y empezamos a hablar de Nirvana porque nos gustaba a los dos.
_Hay una parte del libro que tiene que ver con la policía y esa resaca de la dictadura militar reciente, ¿te fuiste encontrando con esos relatos o tenías una idea de que había sido así?
_Tenía la idea de que había sido así, porque cuando yo empecé a salir a bailar a discotecas para menores, una de dos veces que salía, terminaba en cana. No porque hubiera hecho nada, pero si vos tenías la mala suerte de que todavía no habías entrado al boliche a las doce de la noche, a lo mejor paraba un camión celular y empezaba a meter gente adentro y la llevaba a la comisaría. Si eso pervivía hasta el año 91/92, si mataron a Walter Bulacio en 1991 en la puerta de un recital de los Redonditos... no es extraño.
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La tapa de "Los trenes ya no vuelven más", el libro recién editado.
_Incluiste testimonios de personas que no pertenecían al círculo cercano de Punto G, ni puntualmente a la escena musical, pero sí eran público de rock o formaban parte de la convulsión de la época. ¿Por qué?
_A mí me interesaba contar también lo que pasaba adentro de las facultades. Por ejemplo, entreviste a Raúl Damelio, Aurelio García, Silvina Buffone, que eran compañeros de Coki en Bellas Artes. Y a Pablo Bilsky, que estudiaba Letras, y es un periodista y escritor que valoro muchísimo, que no pertenecía al grupo cercano de Punto G. El cuenta que en las facultades siempre buscaban al infiltrado de los servicios, a ver quién era ese año, que aparecían siempre de jardinero y morral, completamente estereotipados. Me interesaba ese testimonio.
_Tanto en tu libro anterior, “Inédito”, como en este, relatás historias por fuera de “la historia oficial del rock de Rosario”, que podría ser la de Nebbia, o el universo de la Trova Rosarina, llegando hasta Fito Páez. ¿Por qué te interesa contar esa otra parte de la historia?
_No es por un encarnizamiento con La Trova, porque creo que fueron muy exitosos en su momento y de hecho siguen trabajando sobre ese éxito. Pero me parece que medir sólo por el éxito los procesos culturales es un error. Porque hay grupos o artistas que no tuvieron éxito en ese mismo período y que para mí son tan o más importantes. Me parece que el éxito comercial no es lo que da la vara o la medida de la importancia o trascendencia, el concepto artístico de una obra. La historia oficial de Rosario es la de La Trova y todos los años la vuelven a escribir. Entonces, a mí me interesa contar otra historia. Todos los años se reescribe esa historia. Y la música de Rosario es infinitamente mucho más grande, variada y rica, que todos los años cantar lo mismo. Me interesa contar eso, lo que cuento en “Inédito” y en este libro.
_Teniendo en cuenta el axioma que dice “a esta banda la iban a ver personas que luego formaron una banda”. ¿Pensaste cuál es el legado de Punto G?
_Más que el legado, creo que lo más importante de Punto G fue su poder anticipatorio. No digo que no haya tenido una descendencia, o una influencia en las bandas que vinieron, pero me parece que fue más fuerte lo que provocó cuando apareció, porque dejó atónitos a todos los que estaban en la escena del rock rosarino. Es como dice Ricardo Vilaseca en uno de sus testimonios, que con Identikit estaban maquillándose y peinándose, y de golpe ven al bajista de Punto G que sale a tocar en cueros. Dice: “En el momento que aparecieron ellos, nos convirtieron en retro a todos los demás”. Entonces creo que es más fuerte eso, el poder anticipatorio, en un momento en el cual el sonido y todas las propuestas de Rosario sonaban con el mismo molde.
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El periodista rosarino Diego Giordano.
_¿Quién pensás que va a leer el libro?
_Quisiera que todo aquél o aquella que ama al rock. Como periodista, y como periodista rosarino, creo que tenemos una responsabilidad. Si no se registran ciertos fenómenos, pasan de largo. Esta es una ciudad muy complicada en ese sentido. Si un artista de acá triunfa en Buenos Aires le hacen notas en los medios. Y eso está muy mal, porque pasan un montón de artistas muy talentosos que no encuentran rebote, y a lo mejor por no encontrar eso, la gente no termina de enterarse y eso no termina de armar un público y una escena, y a lo mejor ese pibe que era retalentoso, en dos años se frustra y empieza a dejar de lado la música. Creo que los periodistas tenemos cierta responsabilidad sobre eso, en que no pase de largo.
_No en detrimento de la arqueología, pero pasaron casi 40 años para que quede registrado en libros y que no pase de largo eso que sucedió en los ochenta y principios de los 90, y los dos libros los hiciste vos. Mucho más no hay de esa parte de la escena. Si hay de la historia reciente, con el libro de “Rapto”, y otra más sobre los 70 y algo de los 80, con el libro “Generación subterránea”.
_Claro, y a mí me quedó un libro pendiente, que nadie me lo quiso editar, con crónicas del rock de Rosario entre el 2001 y 2016. No es solamente que hago arqueología. Pero también veo que el periodismo cultural en los medios de la ciudad ha desaparecido, incluso el mismo periodismo de espectáculos. Todo es qué dijo Wanda Nara en Twitter. Me da mucha tristeza y bronca que pase eso, porque mientras tanto hay un montón de artistas de la ciudad a los cuales no se les da espacio. ¿No te interesa lo que está pasando en tu ciudad? ¿Hablar con un dramaturgo o con un músico? Es un bochorno.
PUNTO G - Cae lenta "Vinilo"
Coki Debernardi: “Me gustaría que Punto G ocupe un lugar de libertad dentro de la música”
_¿Qué sentiste cuando te dijeron que iban a hacer un libro sobre el primer disco de Punto G?
_Primero pensé que estaban locos, que no había nada ahí para rescatar. Pero por una cuestión mía, que no creo tan importante lo que hago. Y también creo que tuve y tengo mucha suerte. Pero después cuando lo leí me di cuenta que había una historia interesante para contar, pero puede ser porque también yo lo viví a eso con mis amigos, y siempre pensé que era interesante, trágico y hermoso para nosotros. Después, también sé que hay mucha gente que fue feliz con ese disco. Pero agradezco que a alguien se le haya ocurrido la idea, y que no haya salido de mí la idea de contar algo que hice yo porque me daría mucha vergüenza hacer eso.
_¿Cuánto tuviste que remover el pasado y ejercitar la memoria para aportar lo que necesitaba el libro?
_La verdad que no tuve que remover demasiado el pasado, porque nosotros desde un año antes que empiece la pandemia, tenemos un chat con la banda, donde hablamos casi tres horas por día. Y muchas de esas charlas son de cosas que nos pasaron, pero nos reímos de nosotros mismos. No es que estamos hablando bien de nosotros, de cosas nuestras. Y si alguien no se acuerda de algo, el otro se lo hace acordar. Igual no todos tenemos la misma visión, ni nos acordamos de las mismas cosas. Está buenísimo que así sea, porque sería muy aburrido que todos digamos lo mismo y todos nos acordemos de las mismas cosas.
_¿Qué lugar creés que ocupa y ocupó Punto G en la escena del rock rosarino?
_A mí me gustaría que Punto G ocupe un lugar de libertad dentro de la música de todos lados, no solo de Rosario. Me gustaría que ocupe la idea de una pandilla contra todos los pronósticos logrando grabar un disco, no solo uno, sino tres, pero el hacerlo, el comienzo de buscar hacer un disco y de hacerlo con ese nivel de caradurez y de libertad, es el lugar que me gustaría que ocupe. Por suerte ahora hay montones de bandas y de pibas y pibes que están haciendo eso mismo sin importarle nada.
_Hay un patrón en todo el libro a través de los testimonios que habla de vos. Habla de tu imagen, de tu aura, de tu presencia, y hasta de tu convicción, implícita, sobre el lineamiento de la banda. A la vez, Diego describe el carácter anticipatorio de Punto G. Los testimonios y el autor ya hablan de vos. Pero, ¿qué querías vos hacer con Punto G? ¿Qué opinabas del rock y de la escena de la época?
_Todo lo que se dice de la convicción, la presencia y todo eso, estuvo muy premeditada en mí y en toda la banda. Nosotros nos sacábamos fotos antes de haber compuesto una canción. Sabíamos muy bien que la imagen era recontra importante, y aparte nos gustaba también ser así. Yo no sé si quería hacer algo con Punto G. Yo quería ser feliz, y ser feliz para mí era ser libre tocando y haciendo algo que no sea trabajar. Respecto al rock de la época, no sé si opinaba mucho, no me importaba mucho todo lo que pasaba alrededor. Sí admiraba muchísimo a Fito y me gustaba la música de afuera también, y Charly García por supuesto.