No hay nada que haga reír más a los chicos que una caída o un tropezón. Está comprobado y certificado. Así sean las de un títere de trazos simples, como sus propios dibujos, con un muchacho que lo manipula detrás. Estallan, con la sinceridad que siempre emanar sus agudas carcajadas. También se divierten con una mamadera que se convierte en un cohete o en un tren. Y se asombran cuando de una única caja sobre el escenario del teatro La Nave se despliega toda una compleja y colorida escenografía que le sirve al grupo de títeres La Hormiga para presentar el estreno "El viaje de Lino", la última de sus ocho obras propias en repertorio tras 23 años de trabajo, con el debut como directora de Cecilia Piazza.
























