Pompeyo Audivert transforma su cuerpo en un escenario para encarnar “Habitación Macbeth”, esta “versión para un actor” de la clásica tragedia de William Shakespeare. En la obra, el actor deviene ese espacio habitado por las Brujas Fatídicas, y el territorio para la catarsis metafísica de Hécate. Este 19 y 20 de abril, a las 20, se presentará en el Teatro Astengo.
El intérprete es el dramaturgo y director de la obra, además de su protagonista. Partiendo de una inquietud histórica sobre la posibilidad de interpretar “toda una obra en un cuerpo”, aprovechó la reclusión de la pandemia para darle forma al proyecto tomando “como superficie de inscripción” el texto que el autor inglés publicó a mediados del siglo XVII.
La puesta en escena está acompañada por la música original y la interpretación en vivo del cellista Claudio Peña, quien “fue fundamental para aportar a la obra la indispensable atmósfera de ensoñación y misterio, que sólo un artista de su nivel puede darle”.
Desde su estreno en 2022, “Habitación Macbeth” se convirtió en un fenómeno a nivel internacional. Tuvo más de 350 funciones en distintos puntos del país y del exterior, a las cuales asistieron un total de más de cien mil espectadores. Además, se convirtió en una de las más premiadas con más de diez galardones entre los reconocimientos del Estrella de Mar, ACE y Trinidad Guevara, entre otros.
El mismo viernes en que se subirá a las tablas del Astengo, Audivert será reconocido como “Visitante Distinguido” de la ciudad por el Concejo Municipal. La distinción será otorgada a las 11.30, en el recinto de sesiones, por la presidenta de los ediles María Eugenia Schmuck y la concejala Verónica Irízar.
¿Cómo fue la gesta y el proceso de creación de esta obra?
Lo primero fue la idea de llevar adelante de mi cuerpo toda una obra de teatro. La certeza de que eso era posible apareció en mí muy tempranamente, en mi época de estudiante de teatro. La experiencia de la actuación siempre me resultó fenomenológica, en el sentido de que me conectaba con mi identidad, con aquello que soy más allá del nombre propio. Siempre sentí que esa zona, esa estructura identitaria era muy vibrante, y que había lugar para muchos ahí. Siempre tuve esa fantasía de hacer dentro de mi cuerpo una obra, donde ocurrieran todos las vicisitudes, las circunstancias y los personajes. Y con el tiempo comencé a intuir que eso no sólo era posible sino que era quizás una de las experiencias más altas de la actuación. Esa fantasía siempre la fui postergando por considerarla muy arriesgada, incluso sospeché de ella como una desmesura. Cuando vino la pandemia y me tuve que recluir en mi casa del Mar del Sur y me encontré de buenas a primeras sin el teatro, en esa angustia del encierro reapareció con mucha fuerza esa fantasía. Me di cuenta que era el momento de pasar a la acción. Es ahí que me puse a pensar que obra podría ser la ideal para semejante propósito.
¿Qué viste en un clásico como “Macbeth” que te convocó a retomarlo como eje de esta propuesta?
Muy rápidamente me parece “Macbeth” por dos cuestiones centrales. Por un lado, estábamos en medio de la pandemia, en un momento universal, entonces debía ser una obra de carácter universal. Eso de inmediato me condujo a Shakespeare, como teatralidad del mundo. Y “Macbeth” tiene mucho que ver con esa fantasía, dado que es un cuerpo habitado, interceptado por fantasmagorías, por unas brujas que lo transforman en términos de que su personalidad es dada vuelta como un guante. Es una obra llena de signos vinculados a lo sobrenatural, a estar siendo visitado por fuerzas que nos manipulan. Me pareció que eso también se correspondía con mi propósito, sumado a que también la obra tramita asuntos vinculados a lo histórico que tienen una potencia enorme, donde también se habla del devenir histórico como una zona interceptada por fuerzas ominosas que nos detentan y que nos hacen actuar como si el mundo fuera un teatro y nosotros fuéramos sus actores para unos fines inenarrables. Así está el mundo hoy: no es humanidad lo que está en juego, sino algo que corresponde a otro plano. Por eso me decidí a tomar la obra “Macbeth” como superficie de inscripción para este propósito histórico que es el puntapié de toda esta aventura.
Pompeyo Audivert
En la obra "Habitación Macbeth", Pompeyo Audivert propone un doble "piedrazo en el espejo" ficcional a través de Shakespeare
Shakespare y una obra inoxidable
¿Cómo te parece que dialoga esta historia con el contexto actual? ¿Qué potencia de sentidos posibles ves en la propuesta?
Siento que la obra, como toda obra de Shakespeare, es transhistórica y siempre le habla al presente. Él hace una operación que creo que el teatro debe hacer: erige un espejo ficcional y luego le arroja un piedrazo, y revela que toda esa realidad aparente es justamente ficción. Creo que esa es la gran jugada shakesperiana que hace que siempre esté vigente. No solamente por las cuestiones políticas vinculadas al poder, que son también la escena que plantea como espejo, sino por las cuestiones de fondo que permite advertir: su trasfondo oscuro, sobrenatural, que se parece mucho también a lo que plantea el teatro griego de un frente histórico detentado por fuerzas de otro nivel. Igualmente la vicisitud macbethiana dialoga mucho con este momento histórico en el que nos encontramos, incluso hay asuntos ahí que espero que la realidad no alcance porque son horribles.
La obra ya superó los cien mil espectadores en estos dos años. ¿Qué te parece que es lo que convoca masivamente a ir ver una versión de un clásico?
Lo que va produciendo cada vez más con los espectadores, en relación a una identificación o una empatía, tiene que ver no solo con los asuntos que toma la obra de Shakespeare sino con la forma en que está siendo llevada adelante, su forma de producción. Ver la obra de Shakespeare en el cuerpo de un solo actor produce una conmoción muy particular que habilita una asociación visceral en el mismo acto de presenciarla, una empatía de naturaleza poética. El espectador queda impactado por este cuerpo habitado y eso despierta en él una sospecha existencial. Me parece que esa es la función de fondo de cualquier operación teatral: producir en el espectador una vibración de otredad. Y esa sospecha es un hecho político en sí. El teatro como maquinaria sagrada tiene sus propias temáticas de base sobre cuestiones de averiguación de la identidad, un sondeo en escala extracotidiana sobre quiénes somos.Por eso creo que este propósito que tengo desde la juventud se hibridizan, se conjugan en esta experiencia teatral y hace una doble jugada: el piedrazo en el espejo de la dramaturgia, y el piedrazo en el espejo en términos de la forma de producción. En ambos niveles se desata esta sospecha existencial, esta mirada sobre nosotros mismos tan cruda, que interpela tanto.
¿Qué aprendizajes y qué desafíos te dejó y te deja esta experiencia, esta suerte de sometimiento de volver tu cuerpo una habitación para una obra?
La obra es como si fuera un doctorado, como si estuviera aprendiendo cosas que antes no estaban a mi alcance. Es como para quienes practican yoga o taichi, donde en la propia repetición de esa secuencia empieza a haber una intensificación, una averiguación de la actuación como fenómeno. Con el tiempo se ha producido ese afinamiento, ese alcance cada vez más hondo de los efectos de la actuación en mi propio ser. Esa zona identitaria se empieza a revelar cada vez más y más. Me empieza a costar también cada vez menos hacer la obra físicamente. Empiezan a aparecer cosas a nivel formal que voy agregando. La obra está viva, todo el tiempo me preocupo por que eso se mantenga a salvo de cualquier tendencia a la burocratización. Es por ello que también me cuido mucho en mi vida cotidiana, hago una dieta especial, duermo bien, voy muy preparado a la función. Estoy totalmente enfocado porque es una hora cuarenta y cinco de una entrega absoluta física, psíquica, energética. La paso muy bien así que soy muy cuidadoso de que eso cada vez sea mejor, así que la obra está en un momento muy especial porque ya sabe mucho de sí, y me tiene a mí muy abocado a ella.
¿Qué significa para vos recibir este reconocimiento como Visitante Distinguido de la ciudad de Rosario?
Es para mí un orgullo enorme recibir esta distinción. Me llena de alegría. También por el hecho de que Rosario es una capital teatral importantísima. Yo allí llevé todas las obras que más quiero. Doy seminarios de forma constante. Y tengo gran cariño por el teatro rosarino y por sus actores y actrices, así que esta distinción me llena el alma.