Cuatro candelabros y una bandera argentina. Y más atrás, las flores. No hay más
objetos que rodeen a Mercedes Sosa, que yace inmensa en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio
del Congreso de la Nación. El rostro ancho de la Negra se ofrece sereno en medio de un salón
colmado, que apenas puede albergar a la multitud en permanente circulación.
La emoción explícita, el llanto, anduvo rondando en la mayoría de los miles
que ayer hicieron varias horas de cola para entrar al Congreso y decirle adiós a Mercedes. ¿Tiene
la Argentina algún artista vivo absolutamente único, original y distinto como la Negra Sosa? No hay
nada ni parecido. El Congreso reventó ayer en un tributo a la artista popular símbolo de las luchas
políticas antidictatoriales y de las tradiciones populares y de izquierda.
Dedos en V, puños en alto, besos enviados por el aire, manos en el corazón,
rezos, sollozos, así usaron ayer los poquísimos segundos que dispusieron los visitantes anónimos
cuando quedaron cara a cara con ella.
La ya largamente demostrada falsa teoría de "Argentina crisol de razas",
tuvo ayer otra prueba contundente en contrario, en el Congreso de la Nación. Fueron de las clases
populares y medias bajas −en promedio−, quienes sintieron el impulso de llegarse hasta
el Congreso. La Negra tiene, sin duda, su mejor hinchada entre los morochos argentinos, los
conectados en algún punto con los pueblos originarios. Esos que representan cerca del 60 % de la
población nacional y que no bajaron de ningún barco. María del Luján Yacante se enteró de la muerte
de la Negra mientras preparaba el mate del domingo a la mañana. Sintió mucha angustia y decidió ir
a verla para decirle gracias. Fue con su hijo adolescente, que aseguró a La Capital: "Vine por
ella, para acompañarla y también por mí". Para la Bruja Salguero: "Mercedes fue como una madre. Yo
canto folklore, sentí la obligación de venir a despedirla", comentó a este diario cuando ya
emprendía la salida del Palacio.
La despedida a Mercedes en el Congreso congregó a músicos, actores, amigos,
parientes y también políticos. Casi todos del oficialismo. Incluida la presidenta, que llegó a las
20.30 acompañada por su marido y ex presidente Néstor Kirchner, y gran parte de su gabinete
nacional. Cristina Fernández se plantó junto a Mercedes y permaneció, compungida, unos diez
minutos, rindiendo su tributo.
Mientras tanto, Peteco Carabajal y su banda de músicos cantaban "Lunita
Tucumana". Las voces a capela en Pasos Perdidos no pudieron con la dificultad de las gargantas
tensionadas por el dolor de la despedida.
La metáfora de la Negra Sosa como la patria no es novedosa, aunque de
inapelable certeza. La Negra es tal vez una de las más acabadas síntesis de la argentinidad, aunque
no de la "argentinidad al palo", como cantó e hizo de eso un hit la banda de rock Bersuit
Vergarabat. "Quedamos con una inmensa orfandad" decía un cartel escrito a mano por alguno de los
miles y miles que ayer dieron su adiós. Mercedes Sosa, la de la voz inigualable, la de la
coherencia artística y política, recibió ayer un premio largamente merecido, el amor del pueblo. Se
lo ganó.
La Negra tuvo una línea política ideológica y nunca cambió, aunque para los géneros musicales
fue intérprete virtuosa de una gran variedad, aun cuando su sustento siempre fue el folklore. A
ambos lados del féretro ayer compartían la emoción y el tributo personajes tan disímiles como
Teresa Parodi y Gustavo Ceratti.