El actual modelo económico exhibe una paradoja cada vez más marcada: los sectores que lideran la expansión explican una porción muy reducida del empleo registrado privado. Las actividades consideradas “ganadoras” como agro, minería e intermediación financiera concentran apenas el 9,2 % de los puestos de trabajo formales en el sector privado, resaltó el último informe del Centro de Economía Política Argentina (Cepa).
En contraste, los sectores que muestran caídas en su nivel de actividad —industria, comercio y construcción— reúnen el 44,7 % del empleo registrado. Esta asimetría expone una de las principales debilidades del modelo: el crecimiento se apoya en actividades de baja capacidad de generación de empleo, mientras se retraen aquellas que históricamente funcionaron como motor de absorción laboral.
La evolución reciente confirma esta tendencia. Entre 2025 y comienzos de 2026, el agro mostró una fuerte expansión, al igual que la intermediación financiera y la minería. Sin embargo, este dinamismo no se tradujo en una mejora del mercado laboral. Incluso dentro de este grupo, sólo el sector agropecuario presenta una leve creación de empleo, mientras que la minería y las finanzas registran caídas netas de puestos de trabajo.
El fenómeno responde a factores estructurales. En minería, el crecimiento de actividades vinculadas al litio o metales preciosos no logra compensar la pérdida de empleo en ramas tradicionales. En el sistema financiero, la digitalización reduce la necesidad de personal. Así, el patrón de crecimiento se desacopla de la generación de trabajo.
El informe del Cepa sintetiza un rasgo central del momento económico: el crecimiento se concentra en sectores que no generan empleo en escala. La consecuencia es un desacople entre actividad y trabajo, con efectos visibles en la destrucción de puestos laborales, el cierre de empresas y la caída del salario real.
En provincias industriales como Santa Fe, esta dinámica se traduce en un deterioro más profundo, dado que los sectores en retroceso son precisamente los que sostienen el empleo, indicó el informe.
Destrucción de empleo y cierre de empresas
El impacto agregado sobre el mercado laboral es significativo. Desde noviembre de 2023 hasta enero de 2026 se perdieron más de 304 mil puestos de trabajo registrados en todo el país, de los cuales más de 206 mil corresponden al sector privado, resalta el informe sobre la "Situación de la economía y el empleo".
En paralelo, se registra un proceso extendido de cierre de empresas. En el mismo período desaparecieron 24.180 unidades productivas, con un dato clave: casi la totalidad corresponde a pequeñas y medianas empresas. La pérdida del entramado pyme agrava la situación, ya que se trata del segmento más intensivo en empleo.
El deterioro también alcanza a la industria, uno de los sectores más afectados. Desde el inicio de la actual gestión se perdieron 2.894 empresas industriales y más de 79 mil puestos de trabajo en ese rubro. A nivel global, Argentina muestra uno de los peores desempeños industriales entre las principales economías, lo que refuerza el diagnóstico de un proceso de desindustrialización en curso.
Salarios en baja y consumo debilitado
El retroceso del empleo se combina con una caída del poder adquisitivo. Los salarios registrados acumulan una pérdida real cercana al 9% desde noviembre de 2023, que se amplía a más del 18 % si se considera una canasta de consumo actualizada.
Este deterioro impacta directamente en la demanda interna, especialmente en sectores como comercio e industria, que dependen del consumo masivo. A su vez, el incremento de las importaciones de bienes de consumo —que alcanzaron niveles récord en el último año— agrega presión sobre la producción local.
El resultado es un círculo complejo: caída del salario, menor consumo, retracción de sectores intensivos en empleo y mayor dificultad para recomponer el mercado laboral.
Santa Fe: impacto en una economía industrial
El escenario nacional tiene una expresión particularmente intensa en Santa Fe, una provincia con fuerte perfil industrial. El informe aborda la situación federal de la problemática y arrojó que desde la asunción de las actuales administraciones nacional y provincial se perdieron 13.676 puestos de trabajo registrados, lo que representa una caída del 2,2 %.
La industria concentra el mayor impacto: más de 8.000 de esos empleos perdidos corresponden al sector manufacturero. Esto no es menor en una provincia donde la actividad industrial es el principal generador de empleo formal.
Los datos sectoriales reflejan una contracción generalizada. Rubros clave como la industria automotriz, la siderurgia, la maquinaria agrícola y las autopartes registran fuertes caídas interanuales, algunas superiores al 30 % y hasta el 70 % en casos puntuales.
El deterioro también se evidencia en el tejido empresarial. Santa Fe perdió 2.533 empleadores desde fines de 2023, lo que equivale a una baja del 5 % del total. Al igual que a nivel nacional, la gran mayoría de los cierres corresponde a pequeñas empresas.
En este contexto, la provincia enfrenta una doble presión: por un lado, la caída de la actividad industrial; por otro, la falta de sectores dinámicos con capacidad de absorber mano de obra. A diferencia de regiones vinculadas a recursos naturales específicos, Santa Fe depende en gran medida de la industria y el mercado interno, dos de los segmentos más afectados por la actual coyuntura.