Con todos los premios que ya tiene en su haber (León de Oro en Venecia, cuatro Bafta, tres Critic’s Choice, dos Globos de Oro), “Nomadland” se perfila como una de las grandes favoritas para los Oscars (tiene seis nominaciones) que se entregarán el próximo domingo. Sin dudas la película se merece los trofeos que ha cosechado, que se apoyan en el gran trabajo de su directora y guionista —una rara avis llamada Chloé Zhao—, en la actuación de Frances McDormand y en la potencia indiscutible de su temática. Como viene sucediendo (afortunadamente) en los últimos años en el cine norteamericano (chequear por ejemplo “The Florida Project”), “Nomadland” se enfoca en el lado B del sueño americano, en los márgenes del capitalismo, en los excluidos de un sistema que se muestra como exitoso. La historia se dispara con un dato elocuente: en 2011, después de nueve décadas, la empresa US Gypsum decide cerrar sus puertas. El cierre de esta fábrica de tabiques de durlock se lleva puesto a todo un pueblo de Nevada, Empire, que se ha desarrollado alrededor de esta fuente de trabajo.






























