Pérez.— Axel, el hijo de Liliana, no aparece. Se perdió. Se le esfumó a la madre de entre las
sábanas en la madrugada del domingo. La mujer dormía con su hijo y al despertar no lo encontró.
Horas antes Roberto, el padre del niño, le había dejado a Liliana, de 25 años, un billete de 20
pesos para que comprara alimentos. No discutieron, Roberto se fue y cuatro horas después Axel no
estaba.
Al cierre de esta edición vecinos, bomberos y policías buscaban al nene
de 18 meses en un pozo a 50 metros de donde vive. Se encontraron pelos, pero no eran humanos. Hoy
seguirán en la búsqueda y se ahondará en la investigación.
Los vecinos no quieren a Liliana. Ayer en la tarde Roberto estaba en un
costado del pozo llorando desconsolado y Liliana en la casa de su madre, en el barrio Cabín 9, al
oeste de Rosario, también destruida y con miedo, con mucho miedo.
Testimonios. “Nosotros desconfiamos de ella. El padre se desvive por los
chicos. Pero ella tiene amigas malas. Nunca trabajó y esto no es raro. Con la criatura hizo algo.
Al nene más grande, si no hubiera sido por el tío o los vecinos, ese chico no cuenta el cuento;
ella es de pegarles mucho a los pibes, es feo”, lo dijo Coqui, una chica del barrio, del
caserío mísero. Lo expresó con bronca.
Para los vecinos, el padre de los chicos es “bueno” y los
domingos se los llevaba para pasar el fin de semana. Roberto trabaja en una cerealera acarreando
bolsas. “Quiere a sus hijos”, dicen. A él no lo cuestionan. Mientras estaba al costado
del pozo tenía las manos sobre el rostro y no se dejaba ver. No hablaba: lloraba.
Los investigadores tienen varias versiones: la más fuerte es que al
chico lo vendió alguien del entorno familiar para que cambie su destino de casas de chapas. La
madre lo niega. Con desesperación lo niega.
Descargo. “Yo no sé por qué dicen esto. mi bebé no está. No lo vendí y lo
único que quiero es tenerlo, que me lo devuelvan. A las 3 de la mañana escuché ruidos. Me dormí y
al rato me desperté, me di vuelta y mi bebé no estaba más”, llora, y no para de llorar.
“No sé por qué dicen que lo vendí, señor, no le pegué en la cabeza
ni nada. Alguien que lo conoce se lo llevó. A mí me encanta ser mamá. Cómo voy a matar a mi hijo y
mucho menos venderlo. Nadie me vio que yo maté a mi hijo, que yo lo enterré, no sé por qué hablan
si no saben”. Para la mujer el caso está cerrado; ella no sabe quién se lo llevó, no dice que
esté muerto, ni lo piensa. “Yo me siento mal, siempre trabajé, vendí ropa y así mantuve a mis
hijos”.
Liliana tiene otros hijos, Milagros, Daniel y Florencia. Los tres llevan
su apellido, no el de Roberto. “Es la primera vez que me desaparece un hijo. Mi marido me
dijo muchas veces que yo me fuera. Para mí es obra de ella, de una que conoce a mi bebé”. No
aventura nombres, pero habla en femenino.
Después contará que su ex marido vive con otra mujer, que ella lo echó
por eso. Dirá que diez horas después de que Axel desapareciera Roberto le pidió la partida de
nacimiento del niño y el documento; ella le dio una fotocopia del DNI. “Roberto me decía que
yo no sabía tener a mis hijos, siempre me lo dijo”.
Indicios. Liliana no acusa directamente a nadie, deja indicios. “Había
huellas de bicicleta. Axel tenía un sueño liviano, lo llevó uno que sabía abrir la puerta. No se
iba con nadie. En la casa de la abuela no está. Esa persona conoce a mi hijo y Axel la conoce. Acá
en el barrio muchos jugaban con él, Mabel, la flaca, mi única amiga es Paola”, dice una y
otra vez. Y se quiebra.
Una vez se separaron. Roberto la echó de su casa y ella no vio por 20
días a sus hijos. “Allá va la loca de tu madre”, les decía Roberto a sus pequeños
cuando Liliana pasaba por la puerta.
Crianza. “Mis hijos van a la escuela y llevan mi apellido. El nunca estuvo
cuando tuve familia. El fuma cigarrillos pero no toma, y trabaja mucho. Entra a las 6 de la mañana
y sale a las 11 de la noche”, dice sin pasión la mujer.
Liliana ahora no trabaja. Vendió ropa y juntó cereal del costado de las
vías para vender a las chancherías. “Ahora me ocupaba de Axel, que es epiléptico”.
El caso es raro, es una suma de miserias, malos entendidos, dimes y
diretes. Alguien tiene a Axel o en algún lado está. No lo dan por muerto. Lo lloran.



























