Para llegar hasta este paraje en el centro de los Valles Calchaquíes tucumanos hay que transitar la sinuosa ruta provincial 307 que trepa desde San Miguel de Tucumán y surca las yungas o selva de altura, un camino de vegetación densa entre curvas y contracurvas. En el trayecto, de unos cien kilómetros, “la senda del Tafí”, es recomendable andar con precaución, y de paso prestar atención para no saltearse los puntos panorámicos.
La parada obligada es en el sitio donde está ubicado El Chasqui o Monumento al Indio, un escultura de seis metros emplazada en un punto panorámico desde donde se pueden hacer buenas fotos de esta ruta que serpentea entre la selva. La renovación del camino favoreció el crecimiento de este rincón ubicado a dos mil metros de altura, que marca el final de las yungas y determina el inicio de la vegetación menos densa de los valles.
El relax que sugieren los imponentes paisajes se combinará con la interminable sucesión de actividades que tendrán a su disposición quienes elijan sacudirse de una vez la agobiante rutina de ciudad, cambiándola por caminatas, cabalgatas, paseos en bicicleta o simples paseos de contemplación de la naturaleza o de la rica historia que encierran los cerros tucumanos, cuna de una de las civilizaciones precolombinas que florecieron en esta parte de América, autores de legados como los enigmáticos menhires, que cubren una buena parte del valle.
Paseos. Las propuestas de trekking y senderismo para enlazar los miradores componen una de las opciones más elegidas.
Paseos. Las propuestas de trekking y senderismo para enlazar los miradores componen una de las opciones más elegidas.
En bici. Las MTB son una excelente herramienta para combinar ejercicio y buenos paisajes por las laderas tafinistas.
En bici. Las MTB son una excelente herramienta para combinar ejercicio y buenos paisajes por las laderas tafinistas.
Asimismo, la ciudad emplazada a la vera del manso lago del dique La Angostura, puede ser utilizada como base por quienes quieran conocer, con viajes cortos, otros destinos que componen el menú turístico de esa paradisíaca porción del territorio argentino.
La ruta 307, espina dorsal del recorrido, conducirá a los viajeros inquietos hacia Ampimpa, destino obligado de los aficionados a la astronomía, que por su aire libre de contaminación y diáfano cielo, fue elegido para emplazar el observatorio más famoso del Noroeste.
El Infiernillo
Luego de pasar por El Infiernillo, el punto más alto de la red caminera de Tucumán, el domo del telescopio abrirá el camino hacia Amaicha, localidad mundialmente famosa por las bondadosas condiciones de su microclima.
La villa, con una fuerte raigambre indígena, es el hogar de la Pachamama, cuya fiesta, en carnaval, se remonta a épocas ancestrales. Además, está rodeada por algunos atractivos adicionales para quienes gustan de descubrir tesoros ocultos de la naturaleza. A poco andar, luego de conocer el pueblo de Los Sazos y sus laberínticas y curiosas calles de una mano, quienes se atrevan a remontar el canal que alimenta el pequeño dique de esa localidad se encontrarán con La Cascada, un inhóspito oasis en medio del pedregal, donde una serie de saltos de agua que parece brotar de la roca misma, seduce con su encanto y frescura a los siempre admirados exploradores.
Siguiendo el derrotero que se adentra en los misterios del valle Calchaquí, aparece Colalao del Valle. Enmarcada por el imponente paisaje y encerrada entre dos pintorescos ríos de montaña, la pequeña ciudad es un oasis de paz que promete relajamiento a toda prueba para quienes busquen compenetrarse con el parsimonioso estilo de vida vallista. Embebida de historia, la comuna invita a los visitantes a conocer su cotidiana historia, lo que equivale poco menos que a retroceder en el tiempo a cada paso, desandando el camino hacia El Antigal, el último resabio aborigen que da nombre a uno de los festivales más característicos del valle.
Mil excusas para volver. Claro que no hace falta alejarse de Tafí para encontrar esas mil cosas que hacen que los visitantes regresen una y otra vez a Tucumán. Desde la comodidad que ofrece el variado menú de alojamientos, hasta la seductora gastronomía de nivel internacional, pero con irresistibles toques comarcanos.
Alojamiento y gastronomía
Cabañas, estancias, campings, hospedajes, hostales, hoteles, hosterías y posadas componen un abanico abierto a todos los gustos y a disposición de todos los bolsillos. Y cuando las excursiones, cabalgatas o paseos en bicicleta hayan abierto el apetito, la nómina de comodidades se ampliará con bares y restaurantes para todos los gustos, aunque recomendando siempre el exquisito locro, el huaschalocro, el tamal, la humita, la chanfaina, el charqui, el charquicillo, el puchero criollo, el estofado agridulce con pelones, los huevos quimbos, la cuajada, los biscochos criollos, el dulce de leche, el arroz con leche y los gaznates, confitura propia y única de los valles Calchaquíes.