Turismo

El sol brilla más en las playas de Cancún, la paradisíaca ciudad balnearia del Caribe

Cancún, la ciudad balnearia que cumplió 42 años, es el destino preferido de los latinoamericanos, en especial de los argentinos. Precios accesibles, clima perfecto y una excelente infraestructura hotelera.

Domingo 01 de Julio de 2012

Ubicada en la costa noreste del estado de Quintana Roo en el este de México, a más de 1.700 kilómetros del DF, Cancún es el destino preferido de los latinoamericanos, en especial los argentinos que adoran la ciudad, porque se llega fácilmente, los precios son accesibles y el clima es perfecto para el que sueña con unas vacaciones en el mar.

Cancún está en permanente cambio. La ciudad siempre ofrece novedades, sorpresas, que cautivan al visitante, como el flamante RIU Palace Península, la nueva perla de la costa mexicana, que acaba de abrir sus puertas. Con la playa como principal atracción, la estrecha y larga península que se conecta con tierra firme hacia el sur y al norte por dos puentes invita a quienes ya han pasado por la costa este de México a volver y también a los nuevos viajeros que se animan por primera vez a los placeres de los lujosos all inclusive (ver aparte).

En esta ciudad emblemática por su esplendor natural y turístico se vuelven palpables todas las situaciones que una persona se imagina y desea de sus vacaciones durante el tiempo de trabajo. La playa blanca, el sonido de las olas, el clima cálido sin vientos furiosos, aunque sí con brisas agradables, el mozo que se acerca con el trago o el refresco deseado, la musiquita suave y un abanico de posibilidades amplio al alcance de la mano.

Una de las ventajas de Cancún es que, además de entregar paisajes celestiales, es un exitoso centro turístico con una gama insuperable de propuestas para realizar tanto de día como de noche. La frase “es muy lindo el hotel pero salís de ahí y no hay nada”, queda derribada en esta ciudad fantástica. Es un paraíso, con lugares plenos de encanto que valen la pena descubrir, como isla Contoy y la ya famosa isla Mujeres, dos de los destinos a los que se puede rumbear si se tiene la intención de adentrarse en el mar y animarse al encuentro con la naturaleza.

El recorrido en barco hasta cualquiera de las dos islas se estira entre media hora o dos horas de acuerdo a como resulte el oleaje y el tipo de embarcación, por más que en este lado del mundo las aguas suelen ser tranquilas. Antes
de arribar al puerto deseado, la travesía incluye la maravillosa experiencia del buceo o snorkeling.

Vida marina. Aunque no se tenga licencia para bucear, si sabe nadar es posible lanzarse al mar a espiar las especies que habitan en los esplendorosos arrecifes de corales. El área marina es de baja profundidad lo que permite llenarse de colores y descubrir la abundante vida acuática, los cardúmenes de inéditas tonalidades se trasladan sin temores delante de la mirada, la vegetación es tornasolada y los pececitos, aunque un poco desconfiados, merodean a centímetros de los buceadores que, detrás de las máscaras, abren bien grandes los ojos para llenarlos de tanta belleza. Incluso en el fondo del océano se descubren los tonos que caracterizan a las artesanías regionales y a las decoraciones vanguardistas de la costa mexicana.

No hace falta internarse en el mar para bucear, también se lo puede hacer frente a la ciudad, a metros de la línea de hoteles. Ahí los servicios pasan a buscar a los atrevidos que quieran meter las narices entre los peces y las tortugas enormes que se pasean orgullosamente por el lugar, también rayas y hasta tiburones, sólo saber que andan por ahí hiela la sangre. No obstante, el avistaje de tiburones está regulado, para que quienes se atrevan a la proeza no corran riesgos innecesarios.

Mucho más armonioso es el encuentro con los delfines que, según el tiempo, las ganas y el dinero que se disponga, se puede concretar tanto en piletones como en áreas marítimas especialmente preparadas para esta actividad. Los delfines son animales que despliegan inmensa ternura, que parecen estar siempre sonrientes y permiten vivir una experiencia única en el mundo que deja florecientes a todos los sentidos.

Selva tropical.
Siguiendo con la naturaleza, una elección poco divulgada pero muy atractiva es la incursión en la Selva del Yucatán que lleva un poco también al paisaje original de esta isla pacífica que habitaban los pescadores y antes sólo se encontraba rodeada de jungla virgen.

En la selva se puede disfrutar un menú de actividades con altas dosis de adrenalina. Selvática es una de estas opciones que despliega un circuito de tirolesas por árboles de hasta ocho metros de alto, con doce estaciones en las que se aprende a volar por la espesa arboleda. Para los más osados está el jumping al vacío que resulta angustiante antes de lanzarse pero, después de comprobar que es totalmente seguro, todos quieren volver a tirarse.

Lo mejor de adentrarse en la selva es experimentar la existencia de los cenotes, formaciones únicas de la península de Yucatán que integran un sistema de escurrimiento de ríos subterráneos. Algunos de estos cenotes son abiertos y se transforman en cilíndricas profundidades repletas de aguas también transparentes que son alcanzadas por el sol en algunas horas del día y eso las vuelve posibles como refugio para los humanos. En uno de estos cenotes se instala una roldana para arrojarse como lo hubiera hecho Tarzán y caer en el centro de la profunda piscina natural. La mística de los Mayas también está ahí.

Ruinas mayas. Justamente la curiosidad por conocer más sobre la cultura de los Mayas aflora en México, más cuando 2012 es un año apuntado como el supuesto “fin del mundo” pero nada de eso se habla en tierras aztecas donde aclaran que es un simple cambio de época; prefieren referirse a la posibilidad que aparece con este movimiento en el calendario y aprovechar para repensar las acciones y redescubrirse íntegramente.

Tomarse al menos un día y trasladarse hasta Chichén Itzá resulta inevitable si es que se ha llegado a este majestuoso lugar del mundo. Es la capital del antiguo imperio Maya que data de los años 435 y 455 y emerge, por supuesto, en medio de un espectacular entorno natural. Es una de las Siete Maravillas del Mundo, con lo cual la recomendación se convierte casi en obligación de visitar magníficos templos como la Pirámide de Kukulcán, que es el más impresionante y se caracteriza por la gran cantidad de tumbas y sus interminables 91 escalones.

Noche inolvidable. Cancún es famosa en el mundo por su vida nocturna. Pequeña y estirada metrópoli que atesora lo que se busca cuando se saca la nariz del resort: restaurantes de alta gama de renombre mundial, shoppings , paseos de artesanos y hasta terrazas al mar con senderos para caminar apreciando el horizonte, en el que además se cruzan confiterías, discotecas y bares.

La denominada “party zone” tiene guardado algo para quien se atreva a encontrarlo, especialmente cuando llega la noche. La puesta en escena es admirable con sofisticados espectáculos nocturnos que nada tienen que envidiar a los de Broadway como los que entrega CocoBongo, en donde la gratitud de la noche puede regalar más de una sorpresa.

Dady O, Bulldog Café, Señor Frog y The City son igual de espectaculares, aunque si se quiere pasar una noche más tranquila, hay bares más íntimos donde tomar un trago refrescante y disfrutar de la brisa nocturna. Claro, siempre y cuando uno quiera salir del hotel, que seguramente ofrecerá shows de música en vivo y entretenimientos vibrantes.

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