Spinetteano hasta la médula, fanático de central y amante de la vida en el río, una parte de la vida de Roberto Caferra se resume en el pequeño estudio que armó en su casa, en la zona centro sur de Rosario. Este espacio no solo auspicia como caja de recuerdos de las múltiples vivencias que acompañaron al periodista a lo largo de los años, sino también como lugar de trabajo donde ejerce su pasión, la de contar historias con la ciudad como protagonista.
Esa pasión por adentrarse a lo desconocido e ir más allá a la hora de relatar un hecho le dio, desde muy joven, la convicción de formarse en el oficio periodístico, el cual lo llevó a recorrer una multiplicidad de medios y formatos. Pasó por la redacción de una gran cantidad de diarios y por la producción y dirección de programas televisivos y radiales hasta quedar al frente de la primera mañana de Radio 2 con su programa Radiópolis, que conduce hace varios años.
“Mi recorrido laboral es muy grande, hice de todo, pero me hubiera gustado tener veinte con la tecnología que hay ahora”, confiesa Caferra a Revista Sociedad, en un repaso por su vida y su trabajo en los medios de comunicación. También escribe para el portal de noticias Rosario3 y se desempeña en Radio Mitre, donde acompañó durante varias temporadas a la periodista Magdalena Ruiz Guiñazu hasta su muerte en septiembre del 2022 e integra desde hace dos años el staff periodístico del programa radial Le Doy mi Palabra, con Alfredo Leuco, Marcela Giorgi y Juan Bindi.
Primeros pasos
Nacido en Rosario, su infancia Roberto la pasó en diferentes pueblos de Santa Fe, llegando a vivir incluso en la zona de Pergamino en Buenos Aires. “Siempre era el nuevo en la escuela porque todos los años me cambiaba", recuerda sobre esa etapa que también estuvo signada por la tranquilidad de las ciudades chicas. Ya desde ese entonces, la imaginación se le iba en pensar nuevas historias y en el deseo de salir a recorrer las calles, muchas de tierra, en la búsqueda de aventuras.
Volvió a Rosario, donde terminó de cursar la primaria y la secundaria y Comunicación Social fue la carrera que eligió para iniciar sus estudios formales con el objetivo de ejercer el periodismo. Las oportunidades de hacerlo se le fueron presentando a lo largo de este tiempo y ya con veinti pocos logró ingresar formalmente al mundo de los medios. Para Caferra, la labor periodística se lograba en el ejercicio del día a día y no tanto entre apuntes y fotocopias y con esa premisa fue que decidió priorizar trabajo por sobre el estudio.
“Mientras intentaba ganar experiencia, sabía que necesitaba una herramienta académica que me permitiera entrar en el oficio, por eso ingresé a la facultad. Terminé de cursar en el año 92 y ya en esa época estaba en Canal 5 muchas horas, así que me enfoqué en esa tarea. Sobre todo, me generaba antipatía la soberbia de algunos profesores universitarios que te decían que no necesitabas el título para trabajar y la confrontación con otros que sin experiencia con los medios me señalaban cómo se tenían que hacer las cosas”, sostuvo el periodista.
Antes de formar sus primeras armas en el canal y en la radio LT8, realizó una revista universitaria que se llamaba “Puentes Amarillos” en honor a Spinetta. “Hicimos una investigación sobre los motivos por los que en Rosario había en ese momento un solo diario y con esa nota conseguí trabajo”, recuerda. Por esos años, también fue protagonista del avance de las radios FM en la ciudad, participando de “la lucha entre las FM libres y las comerciales”, según sus palabras. Fueron hechos que reflejaron su interés por darle lugar a otro modo de hacer periodismo, alejándose de la mirada de negocio y de las noticias de impacto para centrar su atención en una nueva forma de construir relatos.
“Me gustaba esto de salir a buscar historias a la calle e hicimos un programa que se llamaba Elemental Watson con el que gané mi primer premio y que duró varios años. Nosotros queríamos contar lo que pasaba desde la marginalidad, seguíamos un poco el legado del periodista Fabián Polosecki que decía que detrás de una historia había otra para contar. Yo hablé con él un día y le dije que admiraba sus silencios durante las entrevistas y me contestó ‘yo no sé que hacen los otros, yo a veces me quedo callado porque no se me ocurre qué preguntar’ y me pareció un tremendo gesto de humildad”, reflexiona.
Caferra reconoce que si algo disfrutaba de su trabajo era guionar y editar las entrevistas que realizaba. De hecho, la inquietud por aprender a manejar técnicamente los equipos la mantiene al día de hoy y cuenta que el mismo guarda en su celular distintos programas de edición de video que utiliza para intervenir contenidos. “Mi sueño era hacer documentales de por vida”, asegura el periodista.
Un presente lleno de desafíos
El avance de la Inteligencia Artificial en la vida cotidiana de las personas y en el mundo laboral no le es indiferente y hasta le preocupa su injerencia en la labor periodística actual. Bajo este escenario, advierte que quienes encarnen el oficio deben contraponer verdad ante la falsedad detrás de las aplicaciones que logran escribir una crónica asemejando la labor humana o transmitir la voz de un relator de noticias al igual que lo haría una persona real. “El periodismo va a tener que hacer el filtro de todo eso en pos de dejar en evidencia lo que es verdadero”, agrega.
El conductor de Radiópolis remarca que la radio es su trabajo y que la conducción es una de las tantas herramientas de las que hoy se sirve para poder vivir. Con una franja de programa que va de seis a nueve de la mañana, es el encargado de brindarle a muchas personas las primeras informaciones relevantes y acompañarlos en el arranque de su día, tarea que se toma con mucha responsabilidad pero no si una sonrisa.
“Cuando el mundo nos deje solos, la vieja radio, la del siglo XX, la que va a pilas, nos va a conectar con una voz que en algún lugar del mundo nos va a estar contando una historia, sobre eso monto mis respetos hacia el medio. No lo tiene la gráfica hoy porque tenés que acceder a un material, la televisión menos, quizás lo tiene el libro y la radio que perdura en su nobleza. Para una persona que está sola tenerla cerca es como un antídoto”, considera el conductor, quien decoró su estudio con un montón de radios viejas de diferentes épocas y características, algunas compradas, otras regaladas por colegas y amigos.
Justamente, el interés por guardar objetos artísticos y recuerdos ligados a sus experiencias pasadas es algo que Caferra disfruta y que exhibe con cuidado en las largas estanterías que decoran su estudio. Así, se deja ver una credencial de Serú Girán con la palabra “staff” debajo, de cuando el periodista acompañó a la banda en sus giras por el país. Además guarda un casete con una entrevista que le hizo al “Flaco” Spinetta, en su afán por conocerlo personalmente, un poco por admiración, otro poco por oficio.
De cualquier forma, el amor por la música es quizás su cable a tierra junto con su familia, su mujer Cintia, sus hijos Tomás y Lucas y su perro Bitto. Los días fuera del trabajo los disfruta en su casa o en la isla, siempre acompañado de ellos y con un mate cerca para pasar los buenos y también los malos tragos. Fuera de cualquier exceso de romanticismo por su profesión, al periodista le gusta afirmar que el amor verdadero está allí, en el cariño de sus seres queridos, más que en el ejercicio de escribir una noticia o narrar una crónica. “Dejé cosas por mi familia en un momento donde tenía que elegir entre las cornisas de la bohemia y el afecto real”, destaca Caferra.