A una semana de asumir como gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro alista a la tropa y elige a sus adversarios, que esperan agazapados fuera de los ámbitos de representación política partidaria.

Por Mariano D'Arrigo
A una semana de asumir como gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro alista a la tropa y elige a sus adversarios, que esperan agazapados fuera de los ámbitos de representación política partidaria.
Las elecciones del 10 de septiembre alumbraron una potencial hegemonía. Que ese dominio se consolide y se prolongue en el tiempo dependerá de la marcha de la gestión, la muñeca del gobernador electo y sus socios para mantener unida a la coalición de gobierno y de la capacidad del peronismo para reinventarse y abandonar el papel de sparring electoral.
En una distribución de poder inédita desde el retorno de la democracia, el no peronismo controla el Poder Ejecutivo, la Legislatura y las ciudades donde vive el 90% de la población provincial.
Como contracara, el justicialismo quedó reducido a una oposición casi testimonial. Perdió el bastión del Senado, cuenta con diez representantes en Diputados (sobre un total de 50) que se repartirán entre un número todavía no definido de bloques y gobierna sólo una ciudad importante (Reconquista). Demasiado poco para una fuerza que pese a sufrir cuatro años de mala suerte nivel Antiguo Testamento contó con los fierros de la Nación y la provincia.
En este marco, la acusación al peronismo como causante de todos los males podrá tener validez retroactiva pero estará muy alejada de las relaciones de fuerza reales.
Más allá de que no quieren subestimar la capacidad del peronismo de recuperarse, en la cocina del pullarismo son conscientes de que la asimetría de condiciones entre el futuro oficialismo y la oposición abre una ventana de oportunidad reformista. Está en manos del futuro inquilino de la Casa Gris y sus alfiles cuántos cambios estructurales logran pasar por ese portal, que no estará abierto para siempre.
Como su admirado Raúl Alfonsín en la primavera democrática, Pullaro planteará que se enfrenta a un abanico de actores corporativos que frenan el progreso de la provincia. También, a tono con el clima de época, será tentador señalarlos como parte de una casta que se aferra a sus privilegios.
“Cuando estás muy empoderado y te plantéas una agenda de transformaciones se tocan intereses”, resaltan desde la mesa chica del primer gobernador radical desde Aldo Tessio, elegido en 1963.
La estrategia será decisiva para definir prioridades, establecer una secuencia de cambios y delinear aliados y rivales. Abrir demasiados frentes en simultáneo puede resultar riesgoso.
Al igual que el Néstor Kirchner que asumió en 2003 con una oposición en ruinas, Pullaro tiene en la mira a la Corte Suprema, donde conviven ministros con perfil político más alto y cortesanos que recorrieron puertas adentro de los tribunales todos los peldaños del escalafón judicial.
En ese terreno sumamente delicado para la institucionalidad de la provincia, una ofensiva sobre la Corte para forzar la renovación parcial o total de sus integrantes -ya sea con una invitación a retirarse por cuestiones de edad, como a través del juicio político- podría abrir la caja de Pandora del conflicto de poderes, de ramificaciones imprevisibles.
Un error de cálculo podría empantanar la gestión entrante en un conflicto con el poder del Estado del que necesita cooperación en el terreno donde se juega buena parte del futuro del gobierno: la lucha contra la inseguridad.
En este campo, los cabecillas y sus secuaces del balcanizado mundo del delito se presentan como los villanos perfectos. Dados los abundantes casos de connivencia policial con el narco, el interrogante es si se puede pelear contra el crimen organizado sin hacer cirugía mayor en la fuerza de seguridad santafesina. Una burocracia armada de más de 17 mil personas, que Pullaro y sus subalternos conocen a la perfección, y que condujeron entre 2015 y 2019 en base a un férreo pero aceitado mecanismo de premios y castigos.
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En educación, otro terreno donde el sucesor de Omar Perotti pretende un cambio de raíz, apunta por ahora a una estrategia no confrontativa con los gremios docentes. Son actores con probada capacidad de organización y movilización y que están en modo alerta por la inflación vertiginosa que deja Sergio Massa y que se acelerará si Javier Milei cumple con su promesa de liberalizar prácticamente todos los precios de la economía.
En su arenga en la reunión del gabinete ampliado, Pullaro bajó línea a los futuros integrantes de su administración. “Trabajar sin privilegios, con austeridad y honestidad” es el mensaje, que ya había sido anticipado puertas adentro de la coalición. “Nada de venir a la política a hacer negocios”, advirtieron los emisarios del mandatario entrante en las conversaciones por el armado del gabinete. Pepemujiquismo hasta que duela.
Sin opositores fuertes a la vista, el jefe de Unidos cuida la cohesión de su espacio político. Allí coexisten socialistas, radicales, javkinistas y otras expresiones que abarcan todo el espectro político y donde la futura vicegobernadora Gisela Scaglia aparece empoderada, tanto en el gobierno como hacia adentro del PRO, atravesado a nivel nacional por el divorcio entre Patricia Bullrich y Mauricio Macri.
En un gesto que no pasó inadvertido a quienes tienen el ojo entrenado para ver los detalles del ejercicio del poder, cuando le tocó su turno en la entrega de diplomas Pullaro hizo subir a Felipe Michlig. Es otra señal de unidad después de la decisión de Michlig de no sumarse al ministerio de Gobierno, que generó zozobra al interior del dispositivo oficialista. No es cualquier jugador: se trata del presidente del partido que encabeza la alianza, el arquitecto principal de Unidos y líder histórico de la corriente interna a la que pertenece Pullaro. Exponente de la guardia histórica del Senado, donde Unidos tendrá el número mágico de los dos tercios, Michlig será el verdadero hombre fuerte de una Cámara que tiene tiempos y lógicas diferentes a los del Ejecutivo y Diputados.
En tanto, a la hora de enfrentar la batalla más difícil Pullaro tendrá como aliada a Bullrich, otra vieja conocida. De vuelta en el ministerio que le permitió volver a jugar en las primeras ligas de la política, la presidenta saliente del PRO y Milei querrán mostrar en seguridad los resultados que no podrán exhibir en materia económica. Al menos en un primer semestre que será sangre, sudor y lágrimas. En ese marco, Rosario es estratégica.
El ingreso de Bullrich al gabinete también le aporta a Milei experiencia en un área más que sensible en una etapa donde la conflictividad callejera pegará un salto pero por ahora no le garantiza mayor volumen legislativo, el talón de Aquiles del nuevo gobierno.
El reclutamiento por individualidades en lugar de tejer acuerdos con otros partidos le dará a Milei mayor control sobre el staff gubernamental pero tornará más lento y engorroso el proceso de negociación con el resto de los bloques, que será ley por ley. Una situación que abre un gran signo de interrogación sobre el ambicioso paquete desregulador que quiere aprobar Milei. La ley ómnibus podría quedar estacionada por un tiempo en el Congreso.
Con Milei apoyado en un esquema que amalgama neomenemistas, exfuncionarios del PRO emancipados de Macri —como la propia Bullrich o Luis Toto Caputo en Economía— y cuadros del peronismo no kirchnerista que llegarían como cuentapropistas, lo que parecía un copamiento de Macri del gabinete devino en un desaire al exjefe de gobierno porteño, obsesionado con recuperar el control de la provincia 25 en el calendario electoral: Boca Juniors.
Después de confirmarse el fichaje de Bullrich y Caputo, el ingeniero descendiente de calabreses envió un tuit envenenado, en el que no sólo remarcó que ambos asumen a título individual, sino que también deslizó que se trata del “primer equipo” de Milei.
Una forma de despegarse de la primera fase del experimento libertario y de advertir que cuando la realidad vaya ganando le irán a golpear la puerta para formar un cogobierno con el PRO.
Si bien comparten prácticamente todo el electorado con Milei, si hay un grupo que no quiere saber nada con sumarse a la aventura de La Libertad Avanza son los gobernadores no peronistas. Las medidas de shock que tiene en carpeta el presidente electo impactarán no sólo en el electorado sino también en las arcas públicas provinciales y podría forzar a que los líderes territoriales adopten rápidamente una postura confrontativa con quien ya avisó que hará base en la Quinta de Olivos, lejos de la Plaza de Mayo que suele funcionar como el termómetro de la tensión social y política en la Argentina.
Por Martín Stoianovich
