En la última sesión de la semana pasada, a las 3 de la madrugada, los concejales aprobaron excepciones para que un desarrollador pueda construir 164 viviendas en un Fisherton, en un terreno donde hay una vieja casona de valor patrimonial. Los vecinos temen que no den abasto los servicios y que cambie totalmente la fisonomía del barrio, donde siempre se preservaron los espacios verdes y la tranquilidad.
Con las excepciones aprobadas por los concejales del Frente Progresista y de Cambiemos, en un sector de Fisherton se permitirá construir más metros cuadrados sobre el terreno de lo autorizado y también se podrán levantar edificios en altura donde hasta el momento no se toleraba.
Se trata del proyecto inmobiliario que se desarrollará en Villa Ana, una casona inglesa ubicada en Azcuénaga 8391. Para que se pueda realizar, los ediles aprobaron un cambio en el Factor de Ocupación del Suelo (FOS), es decir en la cantidad de metros cuadrados que se pueden construir.
A partir de ahora en Villa Ana se podrá ocupar un 40 por ciento del total del terreno con la construcción, y no el 33 como se exigía antes.
Otro punto conflictivo es la construcción en altura. Los ediles dieron el okey para que se puedan levantar edificios, sobre Eva Perón de 17 metros (cuando lo permitido hasta el momento era de 10).
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A su vez, se admite la demolición de las construcciones adosadas a la casona, que fueron posteriores al edificio original y la construcción de cocheras subterráneas, lo que podría perjudicar la superficie de suelo absorbente.
La concejala Fernanda Gigliani, presidenta de la comisión de Planeamiento del Concejo votó en contra de la aprobación de las excepciones y explicó que “el punto de discusión fue la desprolijidad de no votar una norma general (que ya está planteada) y sacar un emprendimiento en particular”.
Por su parte, una de las vecinas que se oponen a la construcción de los condominios en Fisherton, Ana Prado, manifestó que la discusión de los concejales se centró en el monto de la compensación “sin tener en cuenta los perjuicios a los vecinos” .
Por su parte, los ediles, para disminuir el malestar de los vecinos, votaron un decreto que suspende por 180 días los permisos de edificación en algunas áreas del ejido urbano de Fisherton y en el área de protección histórica. Ante lo cual Prado, en nombre de los linderos, expresó que “no es suficiente”.
Proyecto
El desarrollador Luis Lamelas planea construir en Villa Ana 164 unidades habitacionales, que van desde lofts hasta departamentos de tres dormitorios, con espacios semicubiertos, amplios balcones con parrilleros, terrazas y jardines.
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A su vez, se prevé la construcción de un edificio de oficinas, que será flexible en cuanto a la cantidad máxima de unidades funcionales que se necesiten. También están proyectadas cocheras subterráneas.
En cuanto a la añeja arboleda que posee la casa, los desarrolladores realizaron un relevamiento de los distintos ejemplares de árboles y el estado de conservación de cada uno. La idea es preservar la mayoría, aunque luego habrá que ver cómo se concreta.
Además de los árboles, también se debe preservar la gran casona de estilo inglés, catalogada de Valor Patrimonial en grado “2B”. Esto se aplica a “edificios sujetos a preservación de las envolventes, previéndose la revalorización de las fachadas por medio de intervenciones mixtas, restauración de elementos ornamentales o compositivos, transformación de carpinterías y ampliación de vanos e incorporación de nuevos elementos. Se permite la reestructuración interior”, según indica la ordenanza Nº 8.245/2008.
Por este motivo, el proyecto preservará la casa para alojar los amenities como gimnasio, salas de lectura, salones de usos múltiples, sectores de parrilleros en las galerías, baños y vestuarios acompañando el sector de piscina y juegos para menores.
Por último el Concejo otorgó un plazo de 36 meses para que el urbanizador presente el proyecto urbanístico definitivo para obtener la Aptitud Urbanística y luego 24 meses para el comienzo de la obra.
Una de las primeras casonas del barrio
Villa Ana se encuentra en el corazón de Fisherton, un barrio que comenzó a construirse en 1888, en el extremo noroeste de la ciudad. La idea original era que esta zona suburbana fuera habitada por el personal jerárquico británico de la empresa del ferrocarril. Esto explica el estilo inglés presente en gran parte de las casas que se desarrollaron.
La traza del barrio fue realizada en predios del Ferrocarril Central Argentino por uno de los directivos de la empresa, Henry Fisher (que dio el nombre al barrio), y en ellos se levantarían, a partir de 1890, las viviendas típicamente británicas de los altos funcionarios y empleados jerárquicos.
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Esas primeras residencias, entre las que se cuenta Villa Ana, con sus cuidados parques contribuyeron a enmarcar un ámbito especial en esa zona en la que por entonces sólo podían contabilizarse aisladas quintas.
En 2012 y hasta la fecha, la casa fue adaptada para funcionar como salón de eventos. Ahora, con la aprobación de los ediles se permite demoler una torre que tiene la casa mientras que se solicita garantizar la preservación de todas las habitaciones.