Hipotiroidismo y tiroiditis de Hashimoto: la importancia de medir el zinc
Estudios muestran zinc más bajo en algunos pacientes. Antes de indicar suplementos es muy importante realizar precisas evaluaciones médicas
16 de noviembre 2025·09:16hs
El hipotiroidismo y la tiroiditis de Hashimoto son patologías frecuentes en la práctica endocrinológica. En ambas, la glándula tiroides presenta una disminución en la producción de hormonas tiroideas o una alteración de su función; en el caso de Hashimoto, esta alteración está vinculada a mecanismos autoinmunes.
“En los últimos años, diversos estudios han explorado el papel de micronutrientes como el zinc y el selenio en la fisiología tiroidea y su impacto potencial en la evolución de estos cuadros”, señala la Dra. Virginia Gorosito, Staff del Servicio de Endocrinología de Grupo Gamma y explica la relación de cada uno de ellos con la tiroide.
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El rol del zinc en la función tiroidea
El zinc es un oligoelemento esencial que participa en más de 300 reacciones enzimáticas del organismo. Según información aportada por la Dra. Gorosito, a nivel tiroideo, interviene en varios puntos críticos:
Síntesis y metabolismo de las hormonas tiroideas: el zinc participa en la conversión periférica de tiroxina (T4) a triyodotironina (T3), la forma metabólicamente activa de la hormona.
Regulación del eje hipotálamo-hipófiso-tiroideo: una deficiencia de zinc puede alterar la secreción en hipotálamo de la hormona liberadora de tirotropina (TRH) y en hipófisis de TSH, afectando la regulación del sistema.
Efectos inmunomoduladores: el zinc modula la respuesta inmune y contribuye al equilibrio entre linfocitos (células que intervienen en la inmunidad y defensa), lo cual puede tener relevancia en las enfermedades autoinmunes, como la tiroiditis de Hashimoto.
Diversos trabajos han mostrado que los pacientes con hipotiroidismo o Hashimoto pueden presentar niveles séricos de zinc más bajos que la población general. Esta deficiencia puede manifestarse con síntomas como caída del cabello, piel seca, uñas frágiles o mayor fatiga, que pueden confundirse con los del hipotiroidismo.
“La suplementación con zinc, cuando está indicada, puede contribuir a mejorar la conversión de T4 a T3, optimizar la respuesta al tratamiento con levotiroxina y favorecer el bienestar general del paciente. No obstante, siempre debe ser supervisada médicamente, ya que un exceso de zinc puede interferir con la absorción de cobre y hierro”, advierte la Dra. Gorosito.
El selenio y su impacto en la autoinmunidad tiroidea
“El selenio es otro micronutriente fundamental para la salud tiroidea”, dice la especialista y explica que el tejido tiroideo posee la mayor concentración de selenio por gramo de tejido en el cuerpo humano, debido a su papel en la actividad de las enzimas desyodasas, responsables de la activación y desactivación de las hormonas tiroideas.
Además, el selenio forma parte de las selenoproteínas con función antioxidante, que protegen a la glándula del daño oxidativo generado por el proceso inflamatorio autoinmune.
Numerosos estudios han demostrado que la suplementación con selenio puede reducir los títulos de anticuerpos antitiroideos (anti-TPO y anti-Tg) en pacientes con tiroiditis de Hashimoto, y mejorar el perfil ecográfico de la glándula. También se ha observado una mejoría subjetiva de los síntomas y del bienestar en algunos pacientes.
Suplementación: cuándo y cómo
Antes de iniciar cualquier suplementación, es recomendable evaluar los niveles séricos de zinc y selenio con un análisis de sangre, además del contexto dietario del paciente. “La indicación debe ser individualizada, considerando la presencia de síntomas persistentes, alteraciones inmunológicas o evidencia de deficiencia. Todo ello, bajo supervisión médica”, aclara la especialista.
En pacientes con tiroiditis de Hashimoto, la corrección de las deficiencias de estos micronutrientes puede:
Mejorar la eficacia del tratamiento con levotiroxina.
Reducir el estrés oxidativo y la progresión del daño tiroideo.
Atenuar la respuesta autoinmune, especialmente en estadios tempranos.
“La evidencia científica actual respalda su utilidad como coadyuvante del tratamiento convencional, siempre dentro de un enfoque integral y personalizado”, afirma la Dra. Gorosito. La evaluación médica y nutricional resulta clave para garantizar la seguridad y eficacia de la intervención.
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