Salud

El fin del manicomio: “Hay que ayudar al que ayuda y acompañar al que acompaña”

Los expertos Itzhak Levav y Hugo Cohen dicen que se debe acabar con los estigmas que cargan los enfermos, a tres años de promulgada y uno de reglamentada la nueva ley de salud mental.

Miércoles 14 de Mayo de 2014

La nueva ley de salud mental de la Argentina ya lleva tres años desde su promulgación y un año desde su reglamentación. Aunque en forma más lenta de la esperado —sobre todo en cuanto a las expectativas de los pacientes y familiares— va camino a ser un hecho.

Por eso, la Facultad de Psicología, la Facultad de Ciencias Médicas, la Escuela de Trabajo Social, la secretaría de Relaciones Institucionales de la Universidad Nacional de Rosario y la Asociación Trabajadores del Estado, se unieron para dictar un ciclo de conferencias, destinado a alumnos y profesionales, con el objetivo de colaborar con el entrenamiento necesario del personal vinculado a esta temática para que la implementación de la ley, que propone diversos cambios en relación al tratamiento de las enfermedades mentales, sea efectiva y beneficiosa.

Así pasó por Rosario Itzhak Levav, ex director de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud y miembro del panel de expertos de esa entidad (vive en Israel), quien dio una charla junto a Hugo Cohen, asesor subregional de Salud Mental para Sudamérica por la Organización Panamericana de la Salud y un referente en materia de reforma psiquiátrica. La Capital los entrevistó antes de la conferencia que brindaron en la Facultad de Psicología sobre los alcances de la ley, los fundamentos de este “nuevo modo” de pensar a las patologías mentales (que tiene implicancias médicas, psicológicas y sociales) y la necesidad de un cambio de mentalidad que debe incluir a los profesionales y a todos los ciudadanos.

Entre los puntos sobresalientes, la nueva ley dispone un cambio drástico de la atención psquiátrica en la Argentina, va por el fin del criterio de manicomialización y apunta a cubrir las necesidades de los pacientes desamparados y que ahora están fuera del sistema de atención, además de respetar plenamente los derechos de las personas con problemas de salud mental, brindarles una atención mucho más personalizada y terminar con los estigmas.

— Es una ley ambiciosa que tiene muchos defensores ¿en qué instancia está su puesta en marcha?
Cohen: La ley tuvo sucesivos pasos formales que son importantes para que tenga vida concreta; esos pasos, además de formales fueron muy necesarios. Uno fue la promulgación por parte de la Presidenta; otro, la reglamentación a cargo del Poder Ejecutivo y la creación de diversos dispositivos que la ley plantea en el campo de la Justicia, en particular en el Ministerio Público de la Defensa donde se creó una comisión para el seguimiento de las personas internadas (que no han dado el consentimiento informado). Lo más novedoso es que a fines de 2013 se creó un órgano de revisión que tiene a su cargo el cumplimiento de la ley en general. Por ejemplo, interviene ante la denuncia de un familiar que considera que no se están respetando los derechos del paciente. Entonces actúa un equipo técnico legal que se presenta, audita y establece si es pertinente el tratamiento, si debe continuarse, modificarse o la persona tiene que tener el alta.

—¿Qué sucede con el incremento del presupuesto que establece la nueva ley y que es clave para avanzar en otros aspectos concretos?
Cohen: Eso se está desarrollando más lentamente, lo mismo que el desarrollo de dispositivos sustitutivos de los hospitales psiquiátricos.

—Los recursos monetarios son imprescindibles para una mejor atención, más personalizada ...
Levav: Es cierto. Está dispuesto que se otorgue el 10% del presupuesto de Salud que ahora no llega al 2%. Según las recomendaciones internacionales, debería estar alrededor del 14% y hasta es posible que alcance el 34%. Así como está en este momento no es compatible con lo que se pretende implementar. Hay que adaptarlo a las necesidades reales lo antes posible.
Cohen: Lo presupuestario es necesario y hay que activarlo, pero también, por experiencia internacional, sabemos que no basta para modificar lo que la ley establece. Para aportar a ese cambio es que estamos hoy en una universidad, con los estudiantes, con profesionales. Vemos que médicos, psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales no reciben una actualización ni en pregrado ni en posgrado, que no tienen un enfoque de salud pública en sus formaciones y eso es imprescindible a la hora de imponer un cambio en el sistema, como el que promueve la ley.

— ¿Y este cambio, se acepta?
Levav: A veces el concepto no está del todo comprendido. En general se sabe que es absolutamente necesario porque la gente no está bien atendida y que los manicomios no son la respuesta. Pero aunque lo entiendan los profesionales, si esto no se logra con el consenso de la población no va a dar resultado.

— ¿Qué sucede con la gente y su mirada hacia la salud mental, es hoy más flexible?
Cohen: Queda muchísimo por trabajar. La comunidad debe aceptar que se trate de un modo distinto, y mejor, al enfermo mental. Es imprescindible que los vecinos entiendan que si se abre un centro de salud mental en su barrio, una casa para atender a estas personas, no va a representar ni un peligro ni un problema de desvalorización de sus propiedades, cuestiones que siempre surgen como dudas. Por eso consideramos que los profesionales de salud mental deben actuar junto al enfermo y las familias pero también en el barrio, brindando información y contención. Los cuestionamientos o recelos son lógicos porque nadie les mostró otra cosa. Lo bueno es que otras experiencias muestran que la gente se apropia del lugar, que en uno o dos años no sólo lo aceptan sino que defienden esos espacios.

—¿Cómo funciona hoy el entorno familiar de una persona con trastornos psíquicos, más allá de cada caso particular?
Levav: es imprescindible que se asista también a las familias; ese es un aspecto clave a tener en cuenta. En Israel, donde yo vivo y trabajo, las organizaciones de familiares de pacientes tienen apoyo gubernamental y forman parte del consejo consultivo de Salud Mental. Cohen: son la fuerza impulsora, las partes más interesadas en los cambios y en que la atención funcione mejor. Son los que nos recuerdan que hay una persona que tiene el problema mental pero muchos los que lo padecen en el entorno. Pero para que haya más aceptación y comprensión, incluso en el seno familiar, el rol de los comunicadores es fundamental. Hay que terminar con algunos estigmas y conseguir que haya familiares más activos. Hay una máxima que reza: “Hay que educar al que educa, ayudar al que ayuda y acompañar al que acompaña”, ahí está la clave.
 

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