Elecciones 2019

La historia del dirigente estudiantil que se convirtió en intendente

Su militancia se inició en las aulas del Superior de Comercio y continuó en la UNR, el Congreso y el Concejo. Su amistad con Raúl Alfonsín.

Martes 18 de Junio de 2019

"Acá empezó todo", dice por primera vez Pablo Javkin mientras sube las escaleras del Superior de Comercio. Salta los escalones seguro, como quien pisa un territorio conocido, y despierta sonrisas entre los estudiantes que van en dirección opuesta, buscando el patio del recreo. Sonríe, saluda y posa para las selfies que le piden un par de pibes. El concejal de 47 años, abogado y militante de Creo, hincha de Newell's y papá de dos niños pequeños, eligió la escuela donde cursó el secundario como lugar para hacer esta nota porque, dice, en esos salones empezó la carrera que el domingo le abrió la puerta del Palacio Municipal.

Pero eso aún no había pasado el jueves pasado al mediodía, cuando sobre el filo de la campaña electoral subía las escaleras del Superior para repasar su historia. Horas antes había estado en la Terminal de Omnibus, en el cruce de las peatonales y recorriendo los estudios de cuatro radios.

Sus colaboradores dicen que cuesta seguirle el ritmo. El sonríe. "Empecé a hacer política a los 13 años en el patio de la escuela. Tener la posibilidad de que la gente de tu ciudad te elija, de ser intendente de una ciudad como Rosario, es movilizante, es muy emocionante. Es una campaña que disfruto mucho, me siento en el momento justo para transitarla y para aceptar el desafío, para nada fácil, que es gobernar esta ciudad en este momento tan difícil del país".

Javkin es el primer hijo de una "típica" familia de clase media. Su papá Eduardo es médico clínico; su mama Mirta Guelman, era pediatra; su hermana Natalia es maestra jardinera en la escuela Vigil. No era un hogar de militantes políticos, pero sí de largas charlas sobre los problemas sociales, la niñez, la salud y la educación. "Lo público en mi casa siempre estuvo presente", señala.

Consecuentes con eso, los dos hermanos cursaron la primaria en la escuela del barrio, la Nº 103 Roque Sáenz Peña. Y, ya mayores, también eligieron la escuela pública para sus hijos.

Primavera democrática

Las paredes del aula Nº 15 del Superior están pintadas de blanco. Sobre ellas, afiches con letras adolescentes ilustran sobre el ciclo menstrual, teoría de género y métodos de anticoncepción.

En ese mismo aula, en 1985, a Javkin lo eligieron delegado de curso. Era otra escuela, la universidad aún no había completado su proceso de normalización democrática y sobrevivían algunas prácticas de la dictadura. Todavía había uniforme y los preceptores se encargaban de medir que sus rulos permanecieran dos dedos por arriba del cuello de la camisa.

Esas fueron las primeras peleas. Según recuerda, junto a sus compañeros de curso, algunos ahora también compañeros de ruta, "fuimos testigos de un cambio generacional en la escuela. El Superior tiene muchos estudiantes desaparecidos, escribíamos sobre este tema en la revista de la escuela, invitábamos a Pablo Díaz (uno de los sobrevivientes de la Noche de los Lápices) a dar charlas". Eran los 80 y había muchas cosas por hacer.

El bar El Ancla era el escenario de las primeras reuniones políticas, allí se armaban las listas para las elecciones de los centros de estudiantes.

Cuando llegó a quinto año, Javkin fue presidente del CeSup (Centro de Estudiantes del Superior), el primer escalón de una carrera que continuó en la facultad de Derecho, en la Federación Universitaria Argentina y, mucho más acá en el tiempo, en el Concejo Municipal, la Cámara de Diputados de la provincia y la Nación y la Secretaría General del municipio en la administración Fein.

De toda esa carrera elige tres momentos: el discurso que dio en el 99 en la plaza de Mayo contra el recorte presupuestario del entonces presidente Carlos Menem; su participación en los juicios por delitos de lesa humanidad desarrollados en España por el juez Baltasar Garzón, frente a quien expusieron un informe sobre estudiantes universitarios desaparecidos realizado por la socióloga Inés Izaguirre, y finalmente su relación con el ex presidente Raúl Alfonsín.

La primera vez que Javkin escuchó un discurso del líder radical fue en el 82, en plena interna de la UCR. "Era un día de lluvia en la plaza Montenegro. No había más de cien personas, yo tenía once o doce años, pero lo escuché y me volví loco", recuerda.

Varios años después, en el 96, cuando el ex presidente fue declarado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario, Javkin ofició de padrino. "A partir de ahí se generó un vínculo casi familiar con el", cuenta. Desde entonces, Alfonsín lo presentaba como "mi padrino".

La relación subsistió aún cuando el rosarino dejó el radicalismo para militar en el ARI, el partido de Elisa Carrió. Javkin confiesa que "al viejo no le gustó nada, pero pudimos hablarlo cuando nos encontramos en Rosario durante el Congreso de la Lengua".

Alfonsín también está ligado "al momento más triste" de su vida política. "Los saqueos de mayo del 89 fueron una gran frustración, el derrumbe de toda una idea, el final menos esperado". Por entonces, tenía 18 años y esperaba el sorteo de la colimba. Le tocó el 483, zafó por número bajo.

La crisis del 2001 y el fin del gobierno de Fernando de la Rúa lo encontró como concejal de la ciudad. "Fue también un momento de mucha tristeza. Pero de algún modo tenía sus diferencias, en el 89 había mucha ilusión, lo otro ya se venía viendo".

A partir del 10 de diciembre, Javkin asumirá la Intendencia de Rosario. Por delante asegura que tiene el desafío de "unir". Por lo pronto, la unión deberá llegar en el seno del Frente Progresista para que el poder que ese sector político erigió en esta ciudad, no se diluya.

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