Por Rodolfo Montes
Foto: Archivo / La Capital
El acto dejó una marca positiva en el Frente de Todos.
En el segundo capítulo —dos movilizaciones en 24 horas— de la serie “17 de octubre 2021”, por el 76º aniversario del Día de la Lealtad Peronista, la CGT mostró ayer su enorme poderío, incluso y a pesar de las vacilaciones de la cúpula gremial de la calle Azopardo. La central gremial convocó a una movilización que superó largamente los dedos de una mano para contabilizar en decenas de miles a los concurrentes, pero curiosamente no hubo escenario, oradores, un discurso político detallado ni referencias políticas que capitalizaran la expresión de trabajadores organizados y encuadrados en sus sindicatos.
El acto se realizó a modo desfile frente al Monumento Canto al Trabajo y la consigna oficial más extendida fue: “Por el Desarrollo, producción y trabajo y la defensa del aparato productivo nacional y la generación de empleo genuino”.
Luego de la noche profunda de la pandemia, el pueblo trabajador y con afinidad peronista dio otra vez una prueba de carácter callejera, masividad y clima festivo. Y apoyó al gobierno de Alberto Fernández y al ABC de la doctrina: defensa de los derechos conquistados y puja distributiva ascendente, junto a la exigencia de no retroceder en el plexo jurídico laboral que distinguió a la Argentina en el mundo entero, desde mediados del siglo pasado a la actualidad.
La columna del sindicato Smata —por mencionar una—, de los trabajadores que fabrican los vehículos de la siempre virtuosa industria automotriz, fue una de las primeras grandes que circularon por la avenida Independencia y Paseo Colón. Es el momento donde estallan decenas de fuegos artificiales que luego dejan caer desde el cielo una lluvia de partículas, la pólvora quemada, donde una banda interminable de bombistas muestran fiereza, destreza y fiesta bajo el sol de octubre de la primeras horas de la tarde de un 17 de octubre que se desdobló en dos y llegó al lunes 18. Así es el mundo sindical peronista argentino puesto en las calles, exuberante, solidario, ruidoso.
Detrás de los mecánicos, circularon decenas de organizaciones sindicales: colores distintivos, banderas, cantos, consignas, bombos, la marcha peronista, sombrillas, bebidas espirituosas debidamente acondicionadas y gestionadas. Todos con un rasgo en común como la vocación de pasarla bien, de volver a compartir la calle, de expresarse.
Si no fuera que la derrota electoral que sufrió el peronismo el 12 de septiembre pasado resulta un hecho inocultable para observar la realidad nacional, la movilización de la CGT pareció expresar el clima de una fuerza política que va ganando el partido y no que está efectivamente acechada por la oposición que le disputa, al menos por ahora, la base de sustentación en el Congreso de la Nación.
El acto que la cúpula de la CGT supo convocar y acompañó con un documento político que fue distribuido con antelación, pero no supo o no quiso representar desde un escenario, ni dotarlo de contenido explícito, ni conducir, ni tampoco articularlo con el gobierno nacional y sus urgencias.
Con todo, dejó una marca positiva en el conglomerado del Frente de Todos (FdT), donde no es un tiempo en el que las buenas noticias abunden. Masividad, clima y composición juvenil de nuevas generaciones de trabajadores registrados pospandemia resultaron un dato relevante.
Sobre las 14, cuando las columnas de trabajadores ya copaban la avenida Independencia, desde el bajo hacia el oeste por varias cuadras, una delegación pequeña de la CGT, con Héctor Daer, Carlos Acuña y el retornado Hugo Moyano, entre otros, se desplazó por Paseo Colón unas cuadras hasta la avenida Belgrano, portando un cartel de evocación del día de la Lealtad.
“No tenemos una posición crítica del gobierno”, advirtió de entrada Daer. Y agregó, tal cual lo viene expresando el propio presidente: “El acuerdo que propiciamos con el Fondo Monetario (FMI) es el que los argentinos puedan afrontar, sin sobretasas y con sustentabilidad social”.
Moyano, quien prácticamente tiene acordado su regreso al seno de la CGT (seguramente el nuevo triunvirato será integrado por su hijo Pablo), se expresó por “la unidad de todas las organizaciones sindicales, sin personalismos”.
Daer, por lo demás, descartó que la CGT acepte cualquier forma de “degradación de los derechos laborales”, como impulsa Juntos por el Cambio (JxC), en el sentido de eliminar la indemnización por despido. Y advirtió: “Los trabajadores no pueden votar contra de sus propios intereses”.
La CGT, entonces, que tramita una reunificación amplia y sin exclusiones —que incluye al moyanismo— para las próximas semanas, escribió en el documento con que convocó al acto: “La Argentina y el gobierno afrontan una instancia decisiva para superar la crisis económica y social heredada y agravada de forma dramática por los efectos de la pandemia”. La CGT se siente “la reserva desde donde el Movimiento Nacional puede reconstruir el tejido social y fortalecer la política”.
Al encuentro de la dirección de la CGT, luego del contacto fugaz y callejero con la prensa, fue Andrés Cuervo Larroque, titular de La Cámpora y uno de los impulsores de la movilización que se concretó el domingo en Plaza de Mayo.
Larroque, funcionario de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, llevó su saludo a Daer y a Moyano, compartió fotos y luego habló con La Capital : “Las dos movilizaciones no se contraponen y aportan el fortalecimiento del Movimiento Nacional, tanto para noviembre como para el futuro. Fueron dos expresiones con distinto tono, pero no antagónicas, se suman”.
De ese modo, analizó las consignas muy críticas expresadas el domingo, en contraposición con el discurso productivista de la CGT.



