Política

"El macrismo y el kirchnerismo tienen complicidades involuntarias"

Ignacio Ramírez | Bio | Sociólogo. Experto en comunicación, cultura y política por la Universidad de Madrid. Fue director de la consultora Ibarómetro y dirige el posgrado de Opinión Pública y comunicación política de Flacso.

Lunes 19 de Noviembre de 2018

"La pata más débil de Cambiemos es Mauricio Macri. Ahí se le abrió una pequeña ventanita a la oposición. En 2015 no hubo un votante enamorado de Macri o seducido por su carisma. Es un presidente con visibles dificultades para articular vínculos afectivos con la sociedad", sostiene el politólogo Ignacio Ramírez, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

En una entrevista con La Capital, el profesional genera interesantísimas líneas de debate sobre la comunicación de Cambiemos y el meneado "cambio cultural" que el presidente propuso. Un "cambio cultural" sin buenas noticias económicas.

—¿Cuál es el dato saliente de 2018 en materia política?

—El dato salientes es que entró en crisis la promesa Cambiemos.

—Ya no tiene el nylon de lo nuevo.

—Lo que sostenía a la marca, ya fue. Hay crisis en las construcciones discursivas que envolvieron a Cambiemos. La apuesta cultural está en crisis y se abre una incógnita. Hay que ver cómo metaboliza la clase media esta crisis. ¿Es el fracaso de un presidente, de una coalición o de un discurso? La pregunta es abierta y la respuesta también. La pata más débil de Cambiemos es Macri. Ahí se le abrió una pequeña ventanita a la oposición. En 2015 no hubo un votante enamorado de Macri o seducido por su carisma. Es un presidente con visibles dificultades para articular vínculos afectivos con la sociedad. Y es la pata más castigada, porque se fortaleció su sesgo marcado de clase, que era su estigma. Hay una distancia hasta fonoaudiológica con la mayoría de los argentinos, es un presidente distante.

—Salvo con Boca Juniors.

—Macri era un empresario exitoso que tuvo que disimular esa condición y hacerse dirigente. A diferencia de Estados Unidos, que consagró a Donald Trump porque es empresario. Acá tuvo que sustituir "empresario" por "ingeniero" y ser dirigente de Boca para acercarse a lo popular, a lo plebeyo o a lo clasemediero. En Boca eliminó su apellido, el bigote. Todo destinado a suavizar su techo de clase.

—Pero para llegar a la Presidencia de la Nación, Macri se vistió de personaje del "cambio" frente a los doce años kirchneristas. ¿Eso se terminó?

—El PRO fetichizó la comunicación política, repitió la campaña de Estados Unidos. Pero tomó decisiones políticas audaces: lo mandó a Horacio Rodríguez Larreta a la ciudad de Buenos Aires, no acordó con Sergio Massa. Esa terquedad estratégica le dio los réditos. Macri se disfrazó de clase media en la campaña de 2015, descubrió el mate, las milanesas. Me causaba gracia que los peronistas tratasen de imitar eso. Eso era para la clase alta yendo a la competencia electoral, que hizo una serie de esfuerzos, como ir al fonoaudiólogo. La otra ventaja fue ocupar el significante "cambio", que se tradujo en una cuestión motivacional fuerte. Parecía que el cambio de gobierno podría haber sido un cambio cultural, ideológico, algo de eso se ve. Pero para legitimar esos cambios necesitás que te vaya bien, tener resultados. Sin desempeño económico se hace difícil legitimar una constelación nueva de valores. Lo único que hizo bien Cambiemos fue gestionar el pasado. El gobierno se dedica a cultivar, a regar el anti kirchnerismo. Es un gobierno productor de opinión pública, interviene sobre ella.

—Ahora, hay una alarmante pobreza en la oposición, y en el peronismo no kirchnerista carecen de votos propios. No mueven el amperímetro.

—Entre el macrismo y el kirchnerismo hay complicidades involuntarias en centrifugar el centro. Se necesitan y bloquearon cualquier avenida del medio. Además, están fortalecidos porque ningún escenario contemporáneo premia a los débiles. El centro no tiene buenos desempeños electorales en ningún lado, la grieta no es originalmente argentina. La ruta de Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey no lleva a ningún lado. El macrismo y el kirchnerismo con una moneda al aire. Como dice Andrés Calamaro, salieron a volar con un solo paracaídas. Va a quedar uno de esos dos. El comportamiento del Movimiento Evita, de Felipe Solá, es acorde a los resultados de 2017. Hubo una interna a cielo abierto en el mundo opositor y ganó Cristina Kirchner. Los sentimientos hacia Cristina son los de antes, pero ella les ganó a todos los opositores.

—¿Y considera posible que pueda aparecer una figura o constelación de centroizquierda que rompa este escenario cansador?

—No. El medio se convirtió en un lugar de mucha oferta y poca demanda. Hay buenas intenciones, pero el escenario político argentino está dominado por dos pasiones negativas: el antimacrismo y el antikirchnerismo.

—Eso le da grandes chances a Macri para ser reelecto.

—Sí. Hay cierto voluntarismo de creer en que si Cristina no fuera candidata, el votante de Macri votaría a Juan Grabois. Hay un contraste ideológico visible en la sociedad argentina. En 2017, el primer título fue: "Perdió Cristina". Pero cuatro meses después estaba ella con todos, incluido Hugo Moyano. En 2027 ganó el gobierno y ganó Cristina. Ahí sí había dos paracaídas. Ahora no. El peronismo tiene que dejar de convalidar al macrismo.

—¿Puede haber un candidato a presidente de Cambiemos que no sea Macri?

—Macri aspirando a ser presidente de nuevo es una rareza, teniendo resultados tan mediocres. Un presidente no aspira a la reelección con estos índices económicos. Pero, una rareza de nuestro sistema, es que los presidentes que van por la reelección son reelectos. Macri reinventó varias leyes de gravedad política y, por eso, hay que tenerle respeto. El destino de Macri está en la clase media, que hoy está transitando una disonancia cognitiva muy fuerte entre su ideología, su identidad imaginaria y su experiencia directa. Toda la clave está ahí. La clase media está muy tensionada, porque tenía expectativas en este gobierno. Puede pasar cualquier cosa. Si repasamos el guión, es como si en estos diez años nos hubiéramos estado preparando para una pelea final entre Cristina y Macri.

—Mientras siga esta pelea, no hay tampoco un Jair Bolsonaro conjetural en la Argentina.

—Macri se quedó sin promesas aspiracionales, sin "iPhone para todos". No puede satisfacer demandas materiales y, entonces, quiere satisfacer demandas ideológicas de una clase media muy golpeada por la incertidumbre. El gobierno supo defender su piso ideológico, lo fidelizó. Sin iPhone, pero con mucho orden. La demanda de orden es por discurso, es la paradoja de eso. El gobierno representa el voto de derecha, el voto de derecha está contenido en Cambiemos. No veo espacio, entonces, para una derecha telúrica, tipo Bolsonaro. Ahora funciona hacer más rudo el lenguaje político, genera contagio la lectura de Brasil. Pero la cultura política argentina no sólo no es parecida a la Brasil, sino que es la menos parecida. La nuestra es más democrática, más igualitaria, que hace difícil la aparición de un Bolsonaro. Por eso, nos resultaba difícil imaginar un Macri presidente. Macri hizo un esfuerzo de compatibilización. Pero cuando entra en crisis un gobierno, entra en crisis el discurso que lo sostiene. Eso está ocurriendo con Cambiemos.


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