Luego de un extenso debate en sede judicial que finalmente habilitó su uso, las pistolas Taser serán puestas en funcionamiento en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, por la Policía de la ciudad, y en 250 puntos, a partir del próximo 17 de julio. Las pistolas, que no disparan un proyectil letal ni funcionan como una tradicional arma de fuego, sin embargo, disparan dos arpones que impactan en el cuerpo del objetivo y provocan un arco voltaico (eléctrico) que inmoviliza neuromuscularmente a la persona que lo recibe. Un fortísimo dolor y paralización que en la práctica deja inerme al atacante, bloqueando cualquier acción agresiva que pretenda desarrollar.
El debate por el uso de las Taser que en Argentina viene desde 2010, cuando la Corte Suprema falló contra su posible uso, pero que luego distintos fallos terminaron por autorizar, viene a cuento de que se trata de un arma “semiletal”, tal cual definió el ministro de Seguridad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Eugenio Burzaco, en una entrevista exclusiva con La Capital, en el Centro de Monitoreo Urbano de CABA, en el barrio de Chacarita. Las Taser serán utilizadas bajo un protocolo preciso, y por una dotación de personal especialmente instruido, 250 en una primera etapa; pero a diferencia de las armas de fuego –que sólo pueden utilizarse para repeler un ataque de similar magnitud- le posibilita a la policía paralizar en la práctica a un agresor, que aun sin portar arma de fuego, ponga en riesgo la seguridad y la vida de otras personas con el uso de otras armas cortantes u objetos que pueden provocar heridas mortales.
Siempre según la explicación de Burzaco, ministro en el gobierno porteño de Horacio Rodríguez Larreta, y candidato cantado a ocupar el ministerio de Seguridad nacional (como ya lo hizo en el período 2015 a 2019) en el caso de que su jefe política acceda a la presidencia, las Taser son utilizadas en un centenar de países, y su cualidad de “semi letalidad”, está más ligada -según la experiencia- a las caídas y golpes que pueden sufrir personas alcanzadas por el arco voltaico, que al efecto paralizante en sí mismo que provoca la descarga eléctrica que se extiende durante 5 segundos, y luego el impactado “vuelve a la normalidad”
El monitoreo bajó el delito
La ciudad de Buenos Aires, que supera por poco a la de Rosario en superficie (200 kilómetros cuadrados contra 178), cuenta un profesionalizado y número sistema de seguridad que incluye 30 mil y hombres y mujeres, de los cuales 8 mil se encuentran de manera permanente en las calles (policías parados en las esquinas, o patrullaje en vehículos). La capital de argentina donde viven tres millones de personas y otros tres millones ingresan y egresan diariamente mayormente por razones laborales, es comparable con toda la provincia de Santa Fe (en habitantes y también en presupuesto y en el número de miembros de la fuerza policial), aunque es infinitamente más chica que la bota santafesina, que tiene una superficie de 133 mil kilómetros cuadrados (equivalente a 665 veces la ciudad de Buenos Aires).
La capital de la Argentina, durante los gobiernos del PRO, desarrolló durante años un robusto sistema de seguridad, con alta tecnología, que incluye 15 mil cámaras (Tipo Domo) activas, que están en línea en tres centros de monitoreo donde unas 70 personas durante las 24 hs hacen observación en “vivo” de toda la ciudad (cubierta en casi un 80 por ciento de su superficie con cámaras). El monitoreo de CABA -con alto nivel y desarrollo muy por encima de cualquier otra ciudad de la Argentina- ha sido un éxito en el control y prevención del delito en la ciudad. La gran mayoría de los delitos se detectan por visualización, dando aviso a la red de calle, que luego actúa sobre el agresor, y siempre bajo orden judicial.
El principal delito, el homicidio, en la Ciudad de Buenos Aires en particular, aunque en toda la Argentina en general, se encuentra en niveles por debajo del 5 cada 100 mil habitantes, niveles de ciudades europeas de países desarrollados. Fuera de esa estadística, desde ya, se encuentra la ciudad de Rosario, que quintuplica esos guarismos.
Otro delito que cayó en picada (se redujo el 80 por ciento en una década) es el robo de automotores. Se atribuye ese resultado a los anillos de seguridad en los ingresos de la ciudad que leen patentes. Un auto robado y denunciado o con pedido de captura no tiene muchas chances hoy de entrar o salir de Caba sin ser detectado.
Con todo, Eugenio Burzaco explicó a La Capital, que el delito estrella de la época “es el robo de celulares, un dispositivo que tiene un precio promedio cercano a los 200 dólares, y es bastante fácil de robar”. La propuesta del ministro de Seguridad porteño -para toda la Argentina- es conseguir un mecanismo legal que bloquee (tras el robo) el mail original del teléfono, con lo cual los dispositivos robados “no tendrían ninguna posibilidad de ser usados”.
Esa determinación impactaría, entre otros aspectos, en el negocio de reventa de chips. Otro delito de la época, y muy en boga, es el ciberdelito. Las estafas por vía electrónica.
El ministro de Seguridad porteño (que sucedió a Marcelo D’Alenssandro, su antecesor renunciante luego de la revelación de chats que lo involucran con jueces, periodistas y el empresario Joe Lewis en un viaje a Lago Escondido, Chubut) sostiene que el sistema exitoso de seguridad que logró desarrollar la Ciudad de Buenos Aires, no es sólo porque la Capital tiene una pequeña dimensión (en comparación con las provincias argentinas). “Los presupuestos de seguridad de las provincias no son chicos, la pregunta es cómo usa ese dinero, y qué grado de profesionalización tienen las policías locales”.
Burzaco también propone que las provincias están en condiciones de organizar centros de monitoreos eficientes, tal cual lo organizó CABA. Porque es desde la visualización de las imágenes (hoy homologadas por la justicia, en la gran mayoría de los casos) es el modo más eficiente de prevenir y desarticular el delito.