Política

Carlos Reutemann, de primer outsider a prototipo del político conservador

La candidatura del Lole en 1991 fue un manotazo de ahogado de Menem ante una derrota que parecía inevitable en Santa Fe. Desde entonces, el ex piloto construyó una carrera de 30 años con cambios de camisetas y eternización en el Senado incluida

Miércoles 07 de Julio de 2021

Carlos Reutemann fue el primer outsider, junto con Palito Ortega. Dos hombres exitosos, uno deportista y el otro músico y empresario, que volvían a su país con millones en los bolsillos, popularidad y sin el desprestigio que ponían a peronistas de Santa Fe y Tucumán a las puertas de derrotas electorales importantes a dos años del primer mandato de Carlos Menem, que en el resto del país llevaba las de ganar y ya soñaba con la reelección pero aún no lo decía.

Desde ese lugar comenzó en 1991 la carrera política del Lole, que duró tres décadas: murió siendo senador nacional, cargo en el que llevaba 18 años y al que en su momento apostó como refugio, por los fueros, ante eventuales problemas judiciales por los crímenes por la represión de diciembre de 2001 en la provincia y las muertes por las inundaciones de 2003 en la ciudad de Santa Fe.

Es que más allá de llegar como outsider, Reutemann adquirió, con el correr de los años, todo un expertise como dirigente político. Con el plus de su popularidad, que lo ayudó a sostener un capital que no cualquiera tiene: votos. Así, cuando el menemismo que le abrió las puertas de su nueva profesión estaba en plena debacle, en 1999, él logró ser electo por segunda vez gobernador con una cifra que rondó el millón de sufragios. Todo un récord.

Para entonces el Lole ya se había convertido en amo y señor del peronismo santafesino, había colonizado la Justicia con amigos y familiares e incluso se proyectaba a nivel nacional como eventual candidato presidencial de un peronismo que volvía al lugar de oposición tras la década menemista y la derrota de Eduardo Duhalde frente a Fernando de la Rúa.

Pero no. La historia es conocida: vio algo que no le gustó, planificó su desembarco en un lugar cómodo como el Senado, acomodó el cuerpo para a pesar de sus diferencias ideológicas tener buena relación con el kirchnerismo primero y hacerse macrista después, y allí se quedó hasta su muerte: silencioso, sin intervención importante en debate alguno, sin ningún proyecto que llamara mínimamente la atención o favoreciera particularmente a la provincia que representaba. Ni más ni menos que una jubilación de privilegio, pero con fueros.

Así, el primer outsider se convirtió en un prototipo del político argentino conservador. Característica principal que tuvieron también sus dos gestiones como gobernador de Santa Fe. Toda una paradoja para observar con atención, ahora que los outsiders vuelven a estar de moda.

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