Policiales

Violento asalto a una familia en su vivienda de Funes

Tras envenenar a dos perros, siete hombres armados ingresaron ayer a la madrugada a una casa ubicada en la zona norte de Funes y durante tres horas mantuvieron cautivos a una mujer y sus...

Jueves 20 de Junio de 2013

Tras envenenar a dos perros, siete hombres armados ingresaron ayer a la madrugada a una casa ubicada en la zona norte de Funes y durante tres horas mantuvieron cautivos a una mujer y sus dos hijos. "A vos te tenemos remarcada. Hace cinco años te robamos cuando llevabas plata al banco", le dijo uno de los delincuentes a Graciela Z., quien es dueña de la estación de servicios ubicada en Mitre y ruta 9, también en Funes. Como la mujer no tenía dinero en su casa, dos de los maleantes la trasladaron hasta su negocio mientras el resto de la gavilla se quedó con los hijos. "Me dijeron: «Tenés un minuto para traer la plata o te matamos el pibe»", recordó la mujer que les entregó 50 mil pesos y 4.800 dólares para poner fin al golpe.

Para esa altura el resto de la gavilla había revuelto la casa, se había hecho de varios bienes de la familia y los había cargado en un Volkswagen Gol Trend que Graciela había comprado hace pocos meses en cuotas. Así, las víctimas perdieron desde sus camperas más preciadas, pasando por sus celulares y terminando en los electrodomésticos más caros. Al cierre de esta edición el auto no había aparecido y poco era lo que se podía saber de los delincuentes, "quienes tenían una tonada norteña aunque no eran cordobeses o porteños", explicó Javier, uno de los hijos de Graciela. "Eran hombres jóvenes. Tres eran tipos preparados y los otros cuatro eran más rústicos. Cuando me llevaron a la estación de servicios se comunicaban todo el tiempo por celular", recordó Graciela.

Seguimiento. El relato de lo que les tocó vivir a Graciela y sus hijos Javier, de 24 años, y Nicolás, de 16, expone que los delincuentes habían hecho un seguimiento a la familia.

Javier fue el último en ingresar a la casa familiar de Mosconi y Grandoli, una zona de residencias señoriales en medio de un escenario rural en el que Graciela vive hace 22 años. Una hora más tarde irrumpieron los ladrones. Para lograrlo envenenaron a dos perros rottweilers con salchichas contaminadas. "Se ve que el veneno que les dieron era fuertísimo porque los perros murieron enseguida. Y al limpiar el jardín encontré varios pájaros muertos que se ve que también comieron las salchichas envenenadas", explicó ayer una empleada de la vivienda.

A simple vista la casa no tiene mayores medidas de seguridad que los rotweillers. De hecho, los ladrones ingresaron por un amplio ventanal de aluminio de la parte trasera que da al comedor. Portaban armas de puño y largas, incluso dijeron que llevaban una ametralladora que nadie pudo ver. Aunque Nicolás admitió: "La traían en un estuche y yo escuché cuando la cargaban. No era una escopeta".

"Yo estaba durmiendo. Se me subieron encima y me agarraron de los pelos. Inmediatamente me dieron una trompada en la nariz y me preguntaron quién más estaba en la casa. Les dije que estaban mis dos hijos", rememoró Graciela. Entonces, un par de ladrones fueron a los dormitorios de los pibes y los llevaron al cuarto de su mamá.

"En todo momento me hicieron sentir que sabían todo de nosotros. Nos dijeron que nos estuvieron siguiendo, que teníamos una estación de servicios y pensaron que yo tenía el dinero de la recaudación en mi casa", indicó la mujer. Mientras los líderes se concentraban en qué Graciela les dijera dónde tenía la plata, el resto de los maleantes robaban los bienes de la familia. Y mientras los minutos se iban consumiendo, Graciela se dio cuenta de que los ladrones jamás se irían sin dinero.

A la estación. "Le dije a uno de los tipos que hablara con el que mandaba y que le dijera que yo le podía conseguir plata, pero que no apretara a mis hijos", recordó Graciela. Entonces la mujer dijo que si la dejaban ir a la estación de servicios ella traería dinero para pagar la libertad de los tres. "Vos queres ir a la cana y mandarnos al frente", le respondió el jefe de la banda antes de aflojar y comenzar una escena cinematográfica.

Primero uno de los ladrones fue hasta la estación de servicios y se estacionó enfrente. "Está todo bien. No hay patrulleros ni nada", dijo por celular. Entonces al lugar llegó otro auto en el que iban Graciela y dos de sus captores, que se estacionó detrás de un camión para no ser captado por las cámaras de video vigilancia. "Tenés un minuto. Si no traés la guita o te hacés la lista, doy la orden para que te maten el pibe", le dijeron.

Graciela entró a su comercio y sacó el dinero que tenía para pagar la boleta del gas. Luego la subieron al auto y todos regresaron a la casa de Mosconi y Grandoli. Juntaron a la familia sobre la cama y los ataron con cables. Se subieron al Gol de la mujer y a un Renault Kangoo y se fueron. Poco antes trataron de llaverse una camioneta Toyota 4x4 pero no pudieron darle arranque.

"¿Cómo nos soltamos? Mi hijo Nicolás se aflojó las ataduras, fue a la cocina y agarró un cuchillo con la boca que se lo dio a su hermano. Entonces Javier cortó los cables y nos liberamos", recordó Graciela. "El que comandaba, cuando yo le pregunté cómo podía confiar en que se iban a ir si les daba la plata, me dijo: «Señora, somos gente de palabras». Y cuando les di la plata, se fueron", relató la víctima del hecho denunciado en la comisaría 23ª.

Dos golpes en el recuerdo

Graciela y su familia fueron víctimas de otros dos robos. Uno fue hace 5 años y el ladrón que la atacó ayer se lo recordó. Fue cuando estaba por depositar 18 mil pesos en un banco de Funes. El otro fue el martes 3 de julio del año pasado cuando dos asaltantes armados con una escopeta y un cuchillo entraron a la estación de GNC y sorprendieron a Javier y a dos empleados. "Todavía tengo el chichón en la cabeza del culatazo que me dieron", indicó el muchacho.

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