El plan era disputar un torneo de fútbol de potreros en la ciudad de Derqui, provincia de Buenos Aires. Para eso “Los pibes de Ludueña”, como se llama el grupo de amigos, necesitaban reunir unos 180 mil pesos para la combi. A uno de ellos se le ocurrió vender empanadas el sábado a la noche y todos se juntaron en una casa de calle Vélez Sársfield y Magallanes, frente a una placita. Entre ellos estaba Esteban Cuenca, “Chucho” para todos. A las 19.30 ocho personas estaban friendo las empanadas y cuatro que preparaban el reparto en la puerta vieron a un muchacho correr por Vélez Sársfield seguido por tres motos. A la altura de la casa los motociclistas sacaron armas y comenzaron los tiros. Chucho recibió un tiro en la ingle y otro en el pecho y murió allí. De los otros muchachos y niños que estaban reunidos cinco resultaron heridos, varios de ellos en las piernas y los pies.
Todo fue una serie de gritos, impotencia, bronca, desesperación y dolor. La hipótesis es que frente a la placita hay una casa donde transeros de la zona acopian drogas y a esa hora del sábado dos o tres soldaditos estaban vendiendo. Los que iban en la moto eran de un bando contrario y su objetivo era, al parecer, matar a quien perseguían. Pero mataron a Chucho, un jugador e hincha incondicional del club Defensores Unidos, e hirieron a sus amigos que sólo querían viajar a un torneo de fútbol. Un beneficio organizado por gente trabajadora que terminó envuelta en una fatalidad.
Los vecinos de la zona contaron que la policía llegó “unos veinte minutos después”. Al arribar, los móviles fueron increpados por no perseguir al búnker de la zona. Las discusiones y los gritos, sumados a la muerte de Chucho, derivaron en una secuencia de tiros de escopeta por parte de la policía, que arrojó perdigones y balazos intimidatorios. Esto fue respondido con piedras, corridas y más insultos por los vecinos que se agolparon alrededor de la casa. Así la tarde cerró con un muerto, dos menores heridos y cuatro heridos mayores de edad. Desde Fiscalía aclararon que todos fueron baleados en la secuencia previa a la llegada de los uniformados.
La tarde siguiente las víctimas estaban reunidas en la misma casa, con ventanas y portones perforados a balazos y hasta motos con marcas de tiros en los chasis. Los allegados a Chucho podían ocultar la bronca: “Le pedíamos protección a la policía y nos dispararon. No vimos mucho cómo sucedió todo, escuchamos los tiros y nuestro amigo quedó tirado y boqueando en la calle. La ambulancia tardó como veinte minutos. Parece mentira, teníamos que juntar 180 mil pesos para ir al torneo y hoy esa plata va a servir para pagar el sepelio de Chucho. No se puede vivir así”, comentaron varios de los que estaban en la casa, indignados y asustados todavía.
Otros vecinos contaron que “eran tres motos” las que entraron en escena a los tiros: una Rouser, una Twister y una Yamaha Fz. “Venían siguiendo a un pibe que corría como desesperado, parece que ya le habían gatillado. El pibe pasó corriendo frente a la casa donde estaban estos chicos, que repartían las empanadas que todos compramos para ayudarles a viajar, y los de la moto empezaron a los tiros. Fue terrible, los chicos gritaban, lloraban. Había una pibita y un nenito y varios hermanos y primos, son pibes a los que conocemos de chicos. Todos laburan y no tienen nada que ver con los narcos de la placita”, aseguró una vecina.
“Una vez que llegó la policía, varios milicos se metieron en la casa de los chicos y buscaban armas. ¿Qué armas iban a tener? Los cucharones para sacar las empanadas nomás. Después la policía se metió en el barrio y tiraban tiros y escopetazos, no fue una masacre de milagro”, sentenció otra vecina.
Los baleados sufrieron heridas de distinta gravedad en las piernas. Fabián Ezequiel D. un nene de 9 años, fue alcanzado por una bala que rozó su rodilla izquierda y quedó en observación. Angel Mario C., de 30, recibió un impacto de arma de fuego en el pie izquierdo con orificio de entrada y salida, sin riesgos y ya con alta médica. Marcos Julián A., también de 30, sufrió un balazo en el pie izquierdo con orificio de entrada y salida. A una nena de 12 años identificada como D. A. un tiro le atravesó el empeine izquierdo. Sergio Valentino A, de 27 años, quedó internado en el Hospital Alberdi con una herida de bala en la pierna izquierda con orificio de entrada sin salida.
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Al caso lo tomó el fiscal de la Unidad de Homicidios Adrián Spelta, quien ordenó que se relevaran cámaras en el lugar y las inmediaciones. El fiscal comisionó al Gabinete Criminalístico de la Agencia de Investigación para relevar la escena, tomar testimonios a vecinos del lugar, levantar de rastros, tomar fotografías, confeccionar el croquis y la planimetría. Se secuestraron vainas servidas en el lugar que fueron enviadas a peritar. Desde Fiscalía aseguraron que “con los datos recabados en la escena se descartó la primera hipótesis de un enfrentamiento entre bandas”.
Chucho vivía a pocas cuadras del lugar donde lo mataron, en una casa de pasillo de Gorriti al 5300, pleno Ludueña. Alejandra, su madre, esperaba su cuerpo en la tarde del domingo. “Se acercó mucha gente a darme su apoyo. El presidente de Defensores me acompañó y me llevó a hacer los papeles del sepelio, me escribieron muchas cosas lindas en redes. Mi hijo era un sol. La noche del sábado estaba esperando terminar de dar una mano para irme a buscar a mi trabajo, no quería que volviera sola”, contó entre sollozos.
Chucho sabía muchos oficios y los últimos meses había trabajado como carpintero. “Estaba en pareja y tengo una nieta de 4 años, él quería que me ocupara de la nena y no trabajara más, pero si en la casa no trabajamos todos no se come”, dijo Alejandra, quien compartía la vivienda con Chucho y su pareja. “Así no se puede vivir, te matan por todo. Los otros días le pasó a un chico de 13 años que jugaba al fútbol y ahora a mi hijo, él amaba el club Defensores, era su casa”, añadió.
Los amigos de Chucho dijeron que lo van a extrañar: “Era nuestro amigo de siempre, estaba trabajando sin cobrar un peso, como todos. No puede ser que te maten así. La policía no nos defiende, nadie lo hace. Hoy daban vueltas tres gendarmes en el barrio, ahora que no pasa nada vienen”.