Ante el incremento de causas que investigan extorsiones en Rosario, sobre todo a partir de 2021, los investigadores especializados en esta modalidad llegaron a decir que hoy "cualquier paracaidista del delito se larga a hacer extorsiones". Conseguir datos de una posible víctima para comunicarse y exigirle dinero a cambio de garantizarle seguridad, o bajo amenaza de un ataque en caso de negarse, pareciera estar a mano de cualquiera que se autodenomine "la mafia". Pero hace apenas unos años esta forma ilegal de recaudación de dinero no era una problemática masiva. Así lo plantearon los fiscales que acusaron a una estructura de Los Monos por una serie de hechos de este tipo de 2019 que comenzaron a juzgarse el jueves pasado junto al homicidio de un gerente bancario en el casino City Center, crimen que forma parte de la misma saga.
"Esto es así ya te dije, soy de Los Monos. Te hablé bien, lo que quiero son 100.000 dólares para hoy a última hora así que ya sabes, ya te mostré las fotos, estás caminado. Tenés flota de Mercedes, 400 propiedades. Tu abuelo le cagó una casa al mío. Tu abuelo no hizo plata vendiendo limones". Ese mensaje le llegó por WhatsApp en agosto de 2019 a una de las víctimas de una serie de extorsiones concretadas entre abril de ese año y mediados de 2020. Son cinco hechos por los que personas ligadas a Los Monos comenzaron a ser juzgadas como responsables de tentativas o extorsiones consumadas.
"Se trataba de un grupo consolidado con roles claramente identificados. La operatoria de las extorsiones es similar en todas las causas. Un grupo de personas realizaba el primer contacto con la víctima y le manifestaba que venían de parte de "Guille" Cantero para luego exigirle dinero bajo amenazas de balear su domicilio o su familia", consideraron en la acusación los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, de la Agencia de Criminalidad Organizada y Delitos Complejos.
Entre los acusados por las extorsiones en el juicio que comenzó el jueves están Maximiliano "Cachete" Díaz, Carlos "Toro" Escobar y Rodrigo Ortigala. Todos hombres vinculados a Los Monos, sobre todo a Máximo Ariel "Guille" Cantero, quien también fue enjuiciado pero como instigador del homicidio de Enrique Encino, el gerente bancario asesinado el 11 de enero de 2020 cuando salió a fumar un cigarrillo a un balcón del casino City Center. Para los acusadores ese crimen estuvo enmarcado en un atentado para amedrentar al casino por las extorsiones que el grupo llevaba a cabo. Por ese hecho también son juzgados Escobar, Díaz y Otniel "Dominicano" De León Almonte.
Por la suma de acusaciones, que para Díaz y De León Almonte incluye el delito de organizador y miembro de una asociación ilícita, las penas solicitadas para los principales protagonistas de esta trama van de 20 a 34 años de prisión. Mientras que para Ortigala, quien llegó al debate en libertad, los acusadores pidieron 1 año y medio de prisión. En tanto, por las extorsiones y por pertenecer a la asociación ilícita ya fueron condenadas en procedimientos abreviados otras cinco personas. Son el ex policía Alejandro Alberto Torrisi; la pareja de "Cachete", Flavia Broin; José Perlo, Brian Díaz, Hernán Quintero y el empresario del juego Leonardo Peiti.
La saga
La primera de las extorsiones que se abordan en el juicio comenzó en abril de 2019. El dueño de un histórico bar de San Martín y Montevideo denunció que se había presentado allí un hombre que decía ir de parte de Los Monos y le dijo que si quería seguir funcionando tenía que pagar. Que ya habían tiroteado otro bar de la zona y que algo peor pasaría si no llegaban a abonar.
En ese contexto las víctimas —el dueño del bar y su hijo— se reunieron con los extorsionadores en un bar de avenida Pellegrini que es propiedad de un hombre ligado históricamente a las finanzas de Los Monos. Allí pactaron los montos a cobrar que partían de 15 mil pesos por mes, cifra que en ese entonces comprendía poco más que el salario mínimo en el país. "El mes que viene sube a 20 la cuota, ya te avisamos amigo. Se fue todo a la mierda. El muchacho mandó a decir eso", fue uno de los mensajes recibidos por la víctima en ese período de extorsiones que se extendió hasta mediados de 2020.
El siguiente hecho es una tentativa de extorsión que comenzó a gestarse en agosto de 2019. La víctima fue interceptada cuando subía a su auto en Valparaíso y Rioja. "Tu abuelo le cagó una casa a mi abuelo. Es sencillo. Yo quiero lo mío. Aparte soy de Los Monos", le dijeron. "Te estuvimos siguiendo, conocemos todos tus pasos, conocemos la flota de Mercedes, la cantidad de propiedades que tenés", le advirtieron, y le pidieron 100 mil dólares en una extorsión que no llegó a concretarse.
A comienzos de 2020 llegaron en nombre de "Guille" Cantero y Leonardo Peiti a una casa de cambio de Entre Ríos y Córdoba. Allí abordaron al propietario para solicitarle la entrega de 5 mil dólares. En este caso también se llevaron a cabo reuniones en el bar de Mariano Ruiz. Pero a pesar de las amenazas, que se extendían a la familia de la víctima, no hubo entrega del dinero.
También en enero de 2020 el grupo comenzó a enviarle mensajes a un hombre que había puesto a la venta su vehículo en una publicación por redes sociales. A partir de ahí se comunicaron para pedirle dinero, extorsionándolo con un supuesto robo. "Venimos de parte de Guille Cantero, vos te quedaste con un vuelto que había en la casa del Diente, la que estaba enterrada. Sabemos que tenés una casa en la costa, mujer e hija, tenías el forraje y le cortabas el pasto al Diente", le advirtieron y le pidieron 20 mil dólares para una entrega que no se concretó.
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Finalmente, a mediados de 2020, se llevó a cabo la última tentativa de extorsión que se juzga en este debate. El 22 de mayo de ese año fueron hasta una distribuidora de Avellaneda al 3200, le dieron al propietario un papel con un número telefónico y le dijeron que se comunicara para hablar "con el narcotraficante más conocido de la ciudad". Un día después personas no identificadas prendieron fuego el portón del local.
Una pata en prisión
"Hoy las extorsiones son moneda corriente en la dinámica delictiva, pero en 2019 no había un auge o no era tan público", explicó en su alegato de apertura el fiscal Matías Edery. En ese marco indicó que el grupo funcionaba como una organización consolidada con roles "claramente identificados". Y que, además, hubo más extorsiones que no se pudieron esclarecer. Por un lado porque no había denuncias y por otro porque las víctimas que se detectaron durante la investigación, por ejemplo en un cuaderno donde estaban anotadas, eran mencionadas por sus apodos.
Con el paso del tiempo las extorsiones se convirtieron en una herramienta de recaudación de dinero de parte de las organizaciones criminales más consolidadas. Pero también proliferaron casos que son impulsados, organizados y ejecutados por personas sin vinculación a una banda en particular pero que dicen actuar en nombre de "la mafia", muchas veces de parte de Los Monos o la familia Cantero.
Los investigadores consultados por La Capital coinciden en que hay un gran punto en común: sean o no parte de una estructura criminal de relevancia, la mayoría de extorsiones que lograron esclarecerse tienen una pata en la cárcel. Desde allí, mediante el uso de celulares, parten directivas hacia cómplices en la calle o directamente se envían los mensajes extorsivos. "Vamos a ver cómo evoluciona el tema de los inhibidores y si siguen extorsionando desde Piñero", indicó un investigador.
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No hay cifras precisas sobre la cantidad de investigaciones en curso, pero según indicó una fuente judicial en lo que va de 2023 se pusieron en marcha aproximadamente 600 investigaciones por extorsiones o amenazas para que las víctimas abandonen sus domicilios. Un número similar al que se había registrado para esta altura de 2022, cuando a mitad de año se habían iniciado 796 causas judiciales a partir de denuncias por extorsiones.
En ese entonces el fiscal Pablo Socca, de la Fiscalía que investiga extorsiones y balaceras, analizó que el incremento de esta modalidad se había dado por la escasez de recursos que se requieren para llevarlas a cabo. "Necesitan un celular, alguien que reparta un cartelito y alguien que tire un par de tiros", indicó. Lo cierto es que en otras ocasiones ni siquiera es necesario llegar a concretar un ataque. Alcanza con la advertencia y el miedo que genera, que también influye en que las víctimas no se animen a denunciar.