Policiales

Una mujer con una historia de violencia detrás de la guerra entre los Funes y los Camino

La novia de Alan Funes, el delincuente que se hizo famoso al viralizarse un video en el que disparaba una ametralladora, fue acusada hoy de los mismos crímenes que su pareja. Sin culpa, enfrentó a la prensa y les hizo burla.

Jueves 25 de Enero de 2018

Los dos imputados hoy por el juez Héctor Núñez Cartele tuvieron reacciones diametralmente opuestas al enfrentarse con la prensa en los pasillos de tribunales. Mientras Alan Funes, el más renombrado de los acusados por el video disparando una ametralladora para Año Nuevo que se viralizó en las redes sociales, entró con la cabeza tapada con una campera y salió mirando al piso, su pareja, Jorgelina Serlepe, se mostró desafiante y le sacó la lengua a los fotógrafos.
Su actitud provocadora no es más que un reflejo de lo que ha sido su vida, siempre en los límites, al margen de la ley. La "Chipi", como la llaman sus conocidos, se codea con el hampa desde su más tierna edad. Su abuelo, Domingo "Mingo" Serlepe, se ganó la reputación de "pesado" en La Tablada, un barrio donde impera la ley del más fuerte y él lo era hasta que en 2010, después de una sangrienta disputa con Guillermo Pérez, alias "Torombolo", fue asesinado.

La Chipi tiene cinco años más que su novio y ambos fueron detenidos el jueves pasado cuando, en un operativo conjunto de la policía provincial y las fuerzas federales, los sorprendieron durmiendo en el Fonavi de barrio Itatí. No podían salir de su sorpresa cuando vieron entrar a los efectivos al departamento donde se escondían desde que Alan decidió olvidarse del arresto domiciliario que le habían impuesto por la causa que se le sigue por la muerte de Ariel "Tubi" Segovia.
En el baño, oculto detrás de un bidet, escondían una pistola 9 milímetros que las pericias de la policía determinaron que fue el arma que se usó para quitarle la vida a Marcela Díaz, de 34 años, la hermana de Tubi Segovia, quien fue ejecutada el pasado domingo 14 de enero en cercanías de Lejarza al 5600, en la zona sur de la ciudad. Estaba acompañada por su pareja, Nahuel González, de 25 años, quien pese a la ferocidad del ataque solo resultó herido.
Al día siguiente del asesinato fue el fiscal de Homicidios Dolosos, Ademar Bianchini, quien deslizó que el móvil del crimen podía ser una venganza. Les tiraron desde una Volkswagen Suran y, según el único testigo del incidente, los autores de los disparos fueron dos jóvenes. En ese momento nadie dijo sus nombres, pero la Justicia los sabía y así fue como comenzó la cacería de Alan Funes y la Chipi Serlepe. Ellos, reveló el único sobrevimiente del ataque, fueron los asesinos.
Los Funes están enfrentados con los herederos del Pimpi Camino, quien fuera el líder de la barra de Newell's en tiempos de la presidencia del club del parque de Eduardo López, desde hacía largo tiempo. Su disputa era por dominar un territorio, el barrio al que en otros tiempos llamaban "Pimpilandia", y monopolizar el delito. No tenían escrúpulos en matar a sangre fría para lograr su cometido. Ni de un lado ni del otro. Así fue como un baño de sangre cubrió a la zona sur.
Alan Funes fue acusado de integrar una asociación ilícita liderada por René Ungaro, quien cumple condena por el asesinato de Pimpi Camino, quien fue ejecutado de cinco balazos en un bar de Servando Bayo al 1400. La fiscal de la Unidad de Investigación y Juicio, Gisela Paolicelli, considera que la banda está integrada también por Carlos Jesús Fernández, alias "Pelo Duro", y el hermano mayor de Alan, Lautaro Funes. Los tres están presos y a disposición de la Justicia.
Esa organización criminal, que controla kioscos de venta de droga en la zona sur y se dedica al narcomenudeo, tiene una integrante más: la Chipi, quien hoy fue imputada por los mismos delitos que su novio: homicidio agravado por el uso de arma de fuego, tenencia ilegal de arma de fuego y asociación ilícita, todos delitos graves por los que el juez Núñez Cartele le dictó la prisión preventiva.
No le importó. Cuando salió de la audiencia que se celebró en la sala 2 de los tribunales provinciales, caminó con la frente bien alta y cuando enfrentó a los fotógrafos les hizo burla. Se mostró segura, confiada, sin un atisbo de temor. Acaso por tiene confianza de que prospere la apelación de la prisión preventiva que presentará su abogado defensor, Juan Pablo Audicio, porque tiene un bebé a su cargo.
Hasta que el pedido se resuelva dormirá en la cárcel de mujeres.


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