Mañana, Guillermo Adrián Pérez iba a cumplir 24 años. Pero no podrá ser. Murió el
lunes, poco después de las 15 y en una cama del hospital Provincial, al que había sido trasladado
la semana pasada desde la cárcel de Piñero. El muchacho, que trascendió a las crónicas policiales
como Torombolo, falleció en la pulcritud de un centro asistencial y no —como muchos
pensaban— entre las balas que se cruzan las bandas que asuelan los callejones y pasillos del
barrio Tablada. El informe médico sostiene que fue víctima de una infección originada en "una
patología de base". Para la policía, jamás pudo reponerse de las heridas provocadas por los
perdigones que le dispararon el 29 de diciembre de 2005. Si bien tuvo innumerables acusaciones
penales y fue procesado varias veces, nunca fue condenado.
En las charlas de Tablada Torombolo siempre estuvo presente. El
paso del tiempo hizo que vecinos y policías lo demonizaran y sindicaran como el líder de una de las
gavillas que en el último lustro dirimió con tiros el control territorial del barrio y el manejo de
la droga.
Si bien Torombolo se hizo un lugar en las crónicas policiales a
partir del homicidio de Sergio Romero, el 23 de junio de 2004, su prontuario arrancó el 25 de marzo
de 2000, cuando tenía 15 años. Lo acusaron por homicidio y lesiones graves y quedó detenido por
primera vez a disposición del juzgado de Menores 2ª, que lo declaró no punible. Después, antes de
la mayoría de edad, tuvo otros tres antecedentes: resistencia a la autoridad en febrero de 2001,
lesiones y amenazas en marzo de 2001, y abuso de armas en enero de 2002.
El chico de tapa.
Hijo de un policía en actividad,
Héctor Guillermo Mortadela Pérez, el pibe fue haciéndose fuerte en la calle y su más importante
carta de presentación en el mundo del hampa fue el 24 de mayo de 2004. Aquel día, Sergio Romero, de
39 años, recibió una feroz paliza a manos de una patota. "Esto fue un ajuste de cuentas por
cuestiones de drogas y los que lo cagaron a palos son los de la banda de Torombolo" narró un vecino
de Tablada a La Capital.
Ahí, en esa investigación, surgió en
boca de los vecinos el apodo de Guillermo Pérez. Romero se recuperó y salió del hospital. Pero a
los pocos días volvió a ingresar herido con un disparo en la cadera y la cabeza hundida a golpes y
murió el 22 de junio de 2004.
Otra vez, los vecinos de Tablada
acusaron por el hecho a la banda de Torombolo. Y agregaron que sus lugartenientes eran los hermanos
Maximiliano y Andrés Rodríguez, conocidos como Dientes de Lata, hijos de la mujer de un oficial que
trabajaba en la seccional 16ª, con jurisdicción en el barrio donde actuaba la patota. Lo que motivó
una purga en esa comisaría.
Desde aquel momento paso sin escalas de ser "un pibe con antecedentes" a estar
mencionado en cuanto hecho de violencia se registrara en Tablada. Ya siendo mayor, su primer
antecedente data del 8 de enero de 2003. Fue una denuncia por lesiones dolosas. En marzo de 2004 le
imputaron portación de arma de guerra.
Zafando.
Pero la noche de Reyes de 2005 su nombre y
el de sus secuaces volvió a ser noticia. Alberto Acuña, de 19 años, fue asesinado mientras que un
pibe de 18 y su abuela recibieron heridas de bala disparadas por dos muchachos que iban en
bicicletas por Santa Rosa de Lima al 100. La policía sostuvo que se trató de una venganza por el
crimen de un amigo de Pérez, ocurrido en noviembre de 2004, en Corrientes y Rioja.
Por ese homicidio fueron apresadas 9
personas, entre ellas Torombolo, quien hacía menos de una semana que estaba en libertad. La
Justicia lo procesó junto a sus compinches, Matías Moneda Núñez y Héctor Sapo Sosa, por ser quienes
proveyeron a dos pibes las armas utilizadas para perpetrar el ataque. Los tres fueron a parar a la
cárcel de Coronda, de donde salieron a mediados de octubre pasado, cuando la Cámara de Apelaciones
revocó el procesamiento que les habían dictado al entender que las testimoniales que los
involucraban en el hecho no eran lo suficientemente fuertes para enviarlos a juicio.
Hasta ese momento Torombolo había
pasado en prisión 16 de sus últimos 24 meses. Así volvió al barrio, y la noche del 29 de diciembre
de 2005 lo balearon en las piernas. En los pasillos de Tablada todos apuntaron hacia su histórica
disputa con el Negro Domingo, un reconocido pasador de drogas de la zona con el que tuvo varias
denuncias cruzadas por agresiones. Las heridas fueron gravísimas: tuvo una fractura expuesta de
fémur que lo obligó a sumarle muletas a su vida.
Pero eso no lo detuvo, aunque su
estado de salud fue decayendo. Sumó denuncias por portación de armas —en abril de
2006—; lo acusaron de haber baleado a Marcelo Ayala el 11 de septiembre de 2006; le imputaron
haber atacado a balazos a su propio padre en julio de 2007 y el 1 de diciembre del año pasado se
registró la última denuncia contra él. No fue ningún vecino preso de la inseguridad el que la hizo,
sino su propia pareja. Una chica de 17 años, embarazada, quien dijo en la seccional que Torombolo
la sometía a malos tratos y entregó a la Justicia una pistola calibre 9 milímetros propiedad del
muchacho. Por eso fue detenido y el 12 de diciembre trasladado a la cárcel de Piñero, desde donde
la semana pasada lo llevaron al hospital Provincial.
El último día de junio de 2004, los hermanos Dientes de Lata, Torombolo y su padre
fueron detenidos por el crimen de Romero. Sólo los dos primeros fueron procesados. Para la
Justicia, fue "un encarnizado tiroteo entre bandas". Los Pérez recibieron falta de mérito y
Guillermo recuperó la libertad seis meses después.
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