La Capital en Tailandia

Una mañana agitada en Bangkok

Se cuida de decirlo, pero el gobernador Miguel Lifschitz está convencido de que hay "un cerebro" detrás de los tiros en el frente de los domicilios donde vivió uno de los jueces que condenó a Los Monos.

Jueves 31 de Mayo de 2018

Se cuida de decirlo, pero el gobernador Miguel Lifschitz está convencido de que hay "un cerebro" detrás de los tiros en el frente de los domicilios donde vivió uno de los jueces que condenó a Los Monos. Alguien que programa esa estrategia para que se lleven a cabo este tipo de acciones, con alguna finalidad precisa. No cree del todo que sean decisiones que tomen y se les ocurran a esos miembros de una banda desarticulada, que fueron condenados recientemente y que ahora están a punto de enfrentar un nuevo juicio, esta vez por narcotráfico y de la Justicia Federal.

El razonamiento sería así: para intimidar a quienes tendrán que ponerse a cargo del nuevo proceso, puede ser efectivo atacar al presidente del tribunal que los condenó en el juicio anterior, el que se impulsó en la provincia y que terminó a principios de este año. Para que vean qué les puede pasar.

Como demostración de que si la idea fue amedrentar, no se consiguió ese efecto, el gobernador exhibe el traslado concretado a las 3 de la mañana de ayer de Guille Cantero a Resistencia, y el de Ema Chamorro a Rawson, horas más tarde.

Insiste en que no hay impunidad y que son los estertores de una banda que se está desmembrando a gritos de muerte.

También parece convencido el gobernador que quien disparó estos tiros no se equivocó de domicilio. Piensa, aunque no lo dice, que se quiso dar una señal y para eso basta con lo producido. Que nunca pretendieron tomar una acción más grave. Que esto no fue un error de calles. Quisieron hacerlo así. Por las dudas, ordenó custodiar a otros funcionarios judiciales y extremar las medidas de control.

A la hora del desayuno

Por la diferencia de diez horas con Argentina, el gobernador recibió la noticia de la balacera apenas levantado en la mañana de Bangkok, donde se encuentra encabezando una misión comercial. Fue el ministro de Seguridad el que le dio detalles del hecho al teléfono.

El gobernador se disponía a desayunar cuando leyó la comunicación, antes que las redes sociales expandieran el episodio horas antes de la medianoche argentina. Poco después lo esperaba una reunión institucional junto a los gobernadores de Córdoba y de Entre Ríos con el ministro de Comercio Exterior de Tailandia.

Pero la jornada ya se había alterado. Recién varias horas después decidió hablar con los periodistas que cubren la gira, cuando en la mañana rosarina el tema opacaba al resto de las noticias.

Rompió así un clásico de otros mandatarios que cuando salen del territorio nacional no quieren opinar sobre los temas de la coyuntura en la provincia. Aducen que están desconectados con esa realidad. Fue lo que hicieron otros dos gobernadores que experimentaron la misma sensación que ayer invadió a Lifschitz. Estar demasiado lejos cuando ocurre un episodio de tanta gravedad.

Jorge Obeid estaba en China cuando se produjo la matanza de presos en la cárcel de Coronda, y Antonio Bonfatti en Nueva Zelanda cuando fue muerto el comisario Morgans, en un crimen que tuvo una versión oficial que dejó varias dudas. Ninguno habló entonces desde tan lejos.

Como un sutil presentimiento, Lifschitz ya había programado no quedarse todo el tiempo que dura la misión comercial al sudeste asiático, que se extenderá hasta el próximo martes. Mañana viaja a Hanoi, donde acompañará a los empresarios que inician sus rondas de negocios, pero no irá al último tramo del periplo, en la ciudad de Ho Chi Minh.

Desde ayer está más conectado con Santa Fe y cuenta las horas para volver a la provincia.

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