Policiales

Un testimonio clave en la causa por droga de Los Monos

El jefe de Antinarcóticos de la Federal, comisario Raúl Hirsch, se erigió en testigo estrella en la causa.

Jueves 04 de Octubre de 2018

Haber tenido de principio a fin el control de la pesquisa que llevó a los líderes de Los Monos a su primer juicio por narcotráfico en Rosario convirtió al comisario Raúl Hirsch en una figura central para la estrategia acusatoria.

Así fue que el fiscal Federal Federico Reynares Solari tuvo a este oficial como carta fuerte de sus testigos, para apuntalar con su testimonio tres columnas de su planteo: el modo en que desde la cárcel de Piñero se organizó una red dedicada a vender marihuana y cocaína; los roles de la trama comercial (tareas de abastecedores, de venta, de acopio y de distribución) y el modo en que la investigación le fue poniendo nombre y apellido a cada papel desempeñado.

Entre los pormenores de una pesquisa que insumió un año para llegar a allanamientos y detenciones hubo uno en el que los investigadores fueron atacados a tiros. Fue cuando una brigada se apostó en la calle 6 de Ibarlucea para seguir los movimientos de una persona apodada "el muchacho", luego identificado como Luis Pedro Peñalba, hoy juzgado como proveedor de marihuana de la red.

Hirsch es jefe de la Delegación Antinarcóticos de la Policía Federal en Rosario desde 2014 y declaró por segunda vez en este trámite celebrado en Oroño al 900

El auto estacionado de los policías de civil cerca de la casa fue rociado a balazos. El hecho fue reportado y originó una denuncia a la Fiscalía de Flagrancia delegada a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que no individualizó a los agresores. La Policía Federal está convencida de que ese fue el modo de los observados de hacer saber que no eran bienvenidos.

Hirsch es jefe de la Delegación Antinarcóticos de la Policía Federal en Rosario desde 2014 y declaró por segunda vez en este trámite celebrado en Oroño al 900. Por haber cumplido ese rol pareció tener muy fresca en su cabeza el modo en que se estructuró la organización de 39 personas que son juzgadas desde hace 15 días en el Tribunal Federal Oral 3 integrado por los jueces Ricardo Vázquez, Eugenio Martínez y Osvaldo Facciano.

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En el arranque se aplicó a dejar notar cómo la organización tenía una composición marcadamente parental. Adujo que por seguimientos telefónicos identificaron a los líderes como personas privadas de libertad: Ariel Máximo "Guille" Cantero y Jorge Emanuel "Ema" Chamorro, junto a sus parejas, Vanesa Barrios y Jesica Lloan, respectivamente.

Guiado al principio por las preguntas del fiscal, Hirsch estableció roles en la banda. Dijo por ejemplo de Gladys Barrios, tía de Vanesa, que "su función era medular, con las personas que preparaban estupefacientes, con el control, con la venta, con la rendición"

. Sostuvo que Gladys fue determinante para llegar al "Viejo", luego identificado como Horacio Castagno, sindicado en la acusación como cocinero de cocaína a través de Daniel Monserrat, que era distribuidor de la sustancia ya preparada.

"Gladys era la encargada de solicitarle el estupefaciente a Castagno que en realidad era un empleado. Ella era encargada de requerirle las cantidades y exigirle el cumplimiento frente al tiempo, darle órdenes o quejarse por alguna calidad de la sustancia", dijo el oficial.

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El mapa de nombres, contó Hirsch, fue trazado a partir de escuchas, que habilitaban seguimientos, tomas fotográficas y filmaciones. Tras iniciar la pesquisa en dos búnkeres de zona sur (Laprida al 6300 y Platón al 1400) supieron que estos locales tenían como responsables a dos mujeres apodadas "la Tía" y "la Rubia", luego identificadas como Norma Bullón y Patricia Reyna, ambas con conexiones de parentesco con Celestina Contreras, madre de Guille Cantero y también juzgada.

Las escuchas permitieron saber que una mujer nombrada como Jesi era Jesica Lloan y que su pareja era Ema Chamorro. "La intervención sirvió para identificar a la nombrada Jesi, entender que su marido Ema estaba en Piñero y definir cómo hacían una entrega". Le preguntaron cómo llegó a esa conclusión.

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"Como comenté, las comunicaciones entre ambas parejas privadas de la libertad mezclaban cuestiones de la vida personas con las de la actividad ilícita investigada. Jesica Lloan estaba embarazada, ella decía dónde iba a tener familia, también mencionó el nombre del hijo. Eso nos permitió completar la identificación entre un montón de otras diligencias como trabajo de inteligencia sobre domicilios", sostuvo.

Los proveedores

Con las interceptaciones de líneas se definieron a las tres grandes vías de abastecimiento del grupo. La cocaína esa provista, dijo Hirsch, por Diego Cuello y Horacio Castagno, este último, "en realidad un empleado, trabajaba a solicitud de las directivas que recibía". En la provisión de marihuana el comisario adujo que se supo que cumplían un papel importante tres personas de apellido Peñalba radicadas en Ibarlucea. Asimismo se mencionó como abastecedor a Alejandro Flores.

A los Peñalba pudieron llegar a partir de una llamada con un encargo de parte de Jesica Lloan. Hirsch declaró que Jesica se comunicó con una persona apodada "muchacho" que luego determinaron era Luis Pedro Peñalba, con domicilio en Ibarlucea. Tanto el pago del material encargado, que era marihuana, como la entrega, "era en la calle 4 en Ibarlucea, a tres cuadras de la ruta 34".

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Lo que derivó de las escuchas fueron los pedidos de sustancia y el hecho de que Jesica concurría a retirar lo encargado en un Peugeot 207. "Surgen las cantidades, los valores, el dinero a pagar. Es bastante elocuente para considerarlo proveedor de estupefaciente, en este caso, marihuana. Se mencionaban permanentemente valores. Incluso había conversaciones de Jesica con Chamorro sobre cuánto cobrar. Ella consideraba que había diferencia entre lo que se estaba cobrando en ese momento", dijo el policía.

"Había un doble control de parte de Chamorro y Jesica en cuanto a las cantidades que se movían, para tener Chamorro bien detallado cuanto se movia y a qué precio", añadió.

Con preguntas de fiscalía y defensa pareció quedar en claro que la investigación policial se basó en una hilación de datos iniciados en hipótesis de trabajo y corroborados en material probatorio. Hirsch dijo que cuando de una escucha obtenían un domicilio luego buscaban a nombre de quién llegaban a esa dirección facturas de servicios como telefonía o empresa de cable. También averiguaban identidades por pertenencias dominiales de automóviles o motos.

Tambíen quedó claro con el seguimiento del camión atribuido a Luis Pedro Peñalba, llamado el Garrafón, que fue seguido y filmado desde su salida de un galpón de Corrientes, hasta ser interceptado el 25 de noviembre de 2015 con 399 kilos de marihuana en un doble fondo en la localidad de Santa Sylvina, en Chaco. Ese camión había sido visto un mes antes en un campo en Ibarlucea atribuido a Los Peñalba.

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