El dueño de una casa de fotografía de barrio Saladillo fue indagado ayer por el
homicidio de un chico de 17 años que con un cómplice entró el jueves a la tarde a robar a su
comercio de a Avenida Del Rosario 527 bis, y que murió al recibir un escopetazo en la espalda en
medio de un tiroteo. El comerciante se despegó de la secuencia de disparos: dijo que durante el
robo recibió un golpe en la cabeza por el que se desmayó, para despertar recién unos diez minutos
más tarde cuando había culminado la balacera con los asaltantes, que tampoco adjudicó a otra
persona.
A partir de los dichos de Carlos Caruso, de 63 años, el juez de Instrucción
Jorge Baclini dispuso que un médico forense de Tribunales constatara la existencia de la lesión
referida por el comerciante. El informe médico deberá responder si se trató de un golpe con entidad
suficiente como para producir un desmayo.
Qué lo incrimina. Caruso fue acusado en base a indicios firmes que lo colocan
como sospechoso de haber ejecutado el escopetazo letal. Uno es que en su negocio se encontraron
perdigones esparcidos. Si bien no fue hallada la escopeta y el comerciante negó tener armas,
también se encontraron casi sobre la puerta del negocio algunas manchas de sangre.
Otro elemento en su contra es que, de acuerdo a mediciones balísticas, el
disparo que hirió por la espalda al adolescente Pablo Acuña, de 17 años, habría partido del
negocio. Un tercer elemento es que la rápida retirada de los asaltantes del comercio sería un
indicador de que, durante el robo, les fue exhibida un arma que anticipó su huida.
El comerciante fue acusado de homicidio y permanece en libertad porque esa
figura podría derivar en un sobreseimiento por haber actuado en legítima defensa, en caso de que
tal supuesto se compruebe. De lo contrario podría ser procesado por homicidio simple.
Pese a la negativa del fotógrafo de haber efectuado el disparo, fuentes
judiciales indicaron que hasta el momento el caso reúne los requisitos de la legítima defensa: hubo
una agresión ilegítima, se acreditaron disparos de los asaltantes y la reacción sería proporcional.
No obstante, no se determinó aún quién disparó primero.
Otro descargo.En tanto, la tarde del viernes también fue indagado el remisero
Luciano Ronchi, quien conducía el Peugeot 504 celeste en el que huyeron los asaltantes. Está
detenido y acusado como partícipe primario de robo calificado, agravado por la participación de un
menor. Las sospechas de su complicidad se deben a que, antes de ir al hospital, paró en la casa de
un familiar de Acuña para avisar lo que había pasado y vive a escasos metros de la casa del
muchacho. En su indagatoria, negó una vez más la acusación: dijo que fue intimidado por los
muchachos para que los trasladara al hospital.
El relato de un testigo.En ese orden, según fuentes del caso, un vecino que
atiende un local de la esquina de los hechos relató en Tribunales que salió a la calle tras
escuchar los disparos y entonces observó a dos jóvenes armados que se iban corriendo de la casa de
fotos y efectuando disparos.
Según la presunción del testigo, uno de esos tiros de pistola o revólver es el
que hirió en un pie a David Weis, un vecino de 83 años que entraba a una rotisería de la cuadra. El
testigo dijo que luego vio subir a los jóvenes a un auto estacionado a la vuelta, por calle
Lituania, sin advertir una resistencia del chofer o una amenaza por parte de los asaltantes.
El suceso ocurrió poco después de las 18.30 del jueves cuando dos muchachos (uno
de ellos prófugo) llegaron al local de Caruso y le preguntaron si podía bajar fotos de un celular,
lo empujaron, le pegaron un culatazo en la cabeza y se apoderaron de dos cámaras digitales que
estaban exhibición y algo de dinero. Luego se desencadenó el tiroteo en el que resultó herido el
adolescente, quien murió antes de llegar al hospital.