En un extenso comunicado, el Ministerio Público de la Defensa expresó su total desacuerdo con la suspensión de su titular, Gabriel Ganón. Los principales párrafos del misimo expresan:
En un extenso comunicado, el Ministerio Público de la Defensa expresó su total desacuerdo con la suspensión de su titular, Gabriel Ganón. Los principales párrafos del misimo expresan:
• "Desde la sanción del Reglamento que dispone los mecanismos de destitución para defensores y fiscales en la provincia, el final de hoy se veía cantado, como la crónica de una muerte anunciada. Este reglamento estuvo hecho a medida del Defensor General como su mortaja.
• "De nada sirvieron los apoyos recibidos por organismos de derechos humanos, sindicatos, personalidades del derecho, la cultura, la política y las víctimas de la violencia institucional a las que Ganón supo asistir durante su mandato. Tampoco ayudaron los testimonios ante la Comisión de Acuerdos de las víctimas representadas por el Defensor.
• "En un proceso viciado desde el arranque, a la hora de emitir su voto los legisladores lo hicieron pensando sólo en la necesidad de escarmentar con saña a aquel que se animó a decir las cosas que en Santa Fe, desde hace muchos años, muy pocos o nadie manifestaban.
• "La Comisión de Acuerdos sostuvo que el Defensor «subvirtió el orden establecido» con las denuncias de un funcionario por tres desapariciones forzadas, cientos de torturados por el aparato de seguridad provincial y gran cantidad de pibes ejecutados y asesinados por la policía.
• "Las denuncias realizadas por Ganón pusieron al desnudo la corrupción, las torturas, la administración del delito y la garantía de impunidad de la policía con clara connivencia y tolerancia del poder político y judicial.
• "A los hostigamientos reiterados se sumaron la persecución personal e ideológica de Ganón.
• "El daño que se produjo en la provincia será muy difícil de remontar y será tarea de futuras administraciones intentar devolver un poco de credibilidad al sistema político y judicial que hoy naufraga sin rumbo.



Por Carina Bazzoni