Los gritos desgarradores de un hombre pidiendo ayuda sobresaltaron en el
amanecer de ayer a una mujer y a su nieto en el barrio Las Flores Este. Quien estaba tendido sobre
el pavimento y clamando por auxilio era un suboficial de la policía rosarina. Con las pocas fuerzas
que le quedaban alcanzó a decir que dos hombres lo habían baleado para robarle la bicicleta, el
teléfono celular y el arma reglamentaria cuando se dirigía a la Jefatura para tomar servicios.El
disparo que le efectuaron los agresores le dañó la médula espinal y anoche, los médicos que lo
asisten en la sala de terapia intensiva del sanatorio Parque, eran pesimistas respecto de que el
uniformado vuelva a caminar.
Miguel Angel Verón es un cabo de 39 años que, desde hace 15, trabaja en la
sección Caballería y Perros de la Unidad Regional II. Está casado y tiene dos hijas, de 15 y 17
años. Cerca de las 6.40 de ayer salió de su casa de Ceibo al 1300, en el barrio Las Flores Este.
Iba en bicicleta y sin su uniforme en dirección a la Jefatura. Recorrió una cuadra por el pasaje
Centro y cuando llegó al cruce con Kantuta (San Martín al 6200) fue emboscado por dos desconocidos
que estaban escondidos en un jardín de infantes situado en ese cruce. "El habitualmente dejaba la
bicicleta en un depósito de la calle San Martín y se subía a la chata de un amigo para ir a
trabajar", comentó un vecino.
El pedido. "Me robaron la pistola y me pegaron un tiro en la espalda. Por favor,
avísele a mi mujer", balbuceó Verón cuando una vecina que vive en el pasaje Centro al 6400 se
acercó para asistirlo. El esposo de esa mujer, Carlos Rivas, le contó a LaCapital que "faltaban
veinte minutos para las 7" cuando su mujer y su nieto de 10 años dormían en una habitación que da
al jardín delantero de la propiedad. "Me dijó que escuchó como una explosión y que los gatos que
estaban en el techo aullaron por la estampida", referenció el hombre.
Enseguida, el nene escuchó un grito tenue. "Ayúdenme por favor". También la
mujer oyó un clamor insistente. Entonces, decidió salir a la calle, pero no distinguió a nadie a
raíz de que un camión estacionado le obstaculizaba la visión. La mujer regresó a la casa y se
acostó nuevamente. Pero a los pocos segundos, un hombre le tocó el timbre y la vecina volvió a la
vereda. "Señora, acá hay un vecino suyo que está herido. Me pidió que le avisara a su familia",
rogó el recién llegado.
La mujer se acercó hacia donde yacía el policía. Estaba boca arriba y le brotaba
sangre del cuello. De un vistazo, la dueña de casa se percató de quien se trataba. "Por favor,
avísele a mi mujer", musitó el uniformado. La mujer recorrió los 100 metros que la separaban de la
casa del suboficial y contó lo que había ocurrido.
Poco después, la vecina regresó a la escena del suceso, pero ya un patrullero
del Comando Radioeléctrico había llevado a Verón al Hospital de Emergencias. Desde allí, fue
trasladado al Centro de Emergencia y Trauma del Sanatorio Parque, donde los médicos lo operaron
para extraerle el proyectil. Anoche estaba internado en la sala de terapia intensiva y en estado
reservado.
Respetado. Verón vive en un departamento de pasillo de Ceibo al 1300. El
mediodía de ayer, frente a la vivienda se había reunido un nutrido grupo de hinchas de Newell's.
Eran jóvenes leprosos que se disponían a partir hacia el Coloso del Parque para presenciar el
clásico de la ciudad. "¿Ustedes son de Canal 5?", inquirió un muchacho enfundado con la camiseta
rojinegra, mientras otros dos pibes pedían al reportero gráfico de este diario que los
retratara.
En ese momento, del fondo del pasillo asomó la silueta de un hombre. Era un
vecino del cabo Verón que enseguida le dijo al cronista: "Es un buen hombre y todos lo respetan en
el barrio. Si es necesario estoy dispuesto a colaborar para se investigue quiénes lo hirieron",
comentó.
Hasta anoche, los pesquisas no habían determinado si el suboficial se había
resistido al atraco. "No sabemos cómo se desencadenó el hecho porque los médicos recomendaron que
no hablara y no pudimos tomarle testimonio", comentó un vocero policial. Lo que sí se estableció es
que los agresores le robaron el arma reglamentaria —una pistola 9 milímetros—, la
bicicleta y el teléfono celular.
Ayer, el padre del policía, Juan Carlos Verón, aguardaba en el hall del
sanatorio Parque mientras su hijo era operado. Junto a él estaban otros tres policías, entre ellos
el subjefe de la sección Caballería, oficial principal Maximiliano Maldonado. El hombre brindó un
cuadro sombrío acerca del estado de salud de Verón. "Los médicos me dijeron que sólo puede mover
los hombros, pero tiene paralizados los brazos y las piernas", comentó. Es que la bala le ingresó
por el lado izquierdo del cuello, le atravesó la médula espinal y finalmente quedó alojado entre la
sexta y séptima vértebra provocándole una cuadro de paraplejia.