Tres en la mira por el crimen en el boliche
La conducta del muchacho que la madrugada del domingo vació el cargador de una pistola 9
milímetros contra la fachada del canto-bar El Rey, en Urquiza al 1100, fue un acto temerario. La
acción causó la muerte de Matías Fernández Vaudagna, de 18 años, hijo de la dueña del local. El
tirador deberá responder por ese resultado aunque no haya buscado deliberadamente la muerte de ese
chico.
14 de octubre 2009 · 01:00hs
La conducta del muchacho que la madrugada del domingo vació el cargador de una
pistola 9 milímetros contra la fachada del canto-bar El Rey, en Urquiza al 1100, fue un acto
temerario. La acción causó la muerte de Matías Fernández Vaudagna, de 18 años, hijo de la dueña del
local. El tirador deberá responder por ese resultado aunque no haya buscado deliberadamente la
muerte de ese chico.
En esta teoría coinciden los investigadores policiales y los allegados al joven
fallecido. "Esto no tiene nada que ver con el boliche ni con el mundo de la noche. Fue una actitud
irracional de alguien que podría haber hecho lo mismo en otro lugar", dijo a LaCapital Fernando
Censi, abogado de los dueños del local.
En la mira. Con relación a la pesquisa, fuentes policiales señalaron que están
identificados tres jóvenes vinculados al suceso: el autor de la fatal balacera, el conductor de la
moto con la que escapó el muchacho que abrió fuego y la persona que le proveyó el arma.
A su vez, el abogado indicó que El Rey abrió sus puertas hace cinco años y que
en este tiempo no se registraron incidentes. "Los dueños del boliche cumplen con todas la normas
municipales para la habilitación de locales nocturnos", comentó.
El hecho. Censi contó que todo se inició cerca de las 4 del domingo. A esa hora,
tres o cuatro muchachos que habían concurrido por primera vez al canto-bar fueron expulsados por
una conducta inadecuada. "Los custodios los invitaron a retirarse en buenos términos y en ningún
momento los golpearon", comentó.
Antes de que traspusiera la puerta, uno de los pibes —estaba vestido con
campera y vaquero— le respondió al vigilador. "Voy a volver, ya van a ver", exclamó mientras
levantaba una de sus manos y realizaba un ademán que simulaba gatillar un arma.
El muchacho cumplió con su promesa media hora después. Apareció por Sarmiento y,
cuando estaba a unos diez metros de la puerta de El Rey, desenfundó una pistola 9 milímetros. Sin
decir una palabra, gatilló el arma contra el frente del local. Los diez jóvenes que estaban en la
vereda sólo atinaron a "tirarse" al suelo para protegerse de la descomunal balacera.
Algunos de los proyectiles perforaron la puerta del negocio y otros impactaron
en un Fiat Regatta y un Fiat Uno, que estaban estacionados a pocos metros de allí.
Matías estaba en la puerta acompañando a una chica que aguardaba el arribo de un
taxi. El muchacho giró el cuerpo e intentó entrar al bar, pero no pudo hacerlo. Un balazo le
atravesó la espalda y lo derrumbó. Casi al mismo tiempo, un suboficial que presenció la escena sacó
su arma reglamentaria y abrió fuego contra el agresor. Le disparó dos balazos cuando corría hacia
calle Sarmiento, pero ninguno de los proyectiles hizo blanco en el cuerpo del atacante. El muchacho
trepó a una moto blanca guiada por otro hombre y se esfumó en dirección al sur.
Un rato después, a Matías lo llevaron en una camioneta al Heca. Murió cerca de
las 16.30 del lunes.