Policiales

Tras pasar 7 años escondido, "Lolo" Laferrara quedó preso por matar a un chico de 16

Vivía en Entre Ríos con un nombre falso, donde tenía verdulería y jugaba al fútbol en una liga. Su padre y hermano cargan con homicidios imputados.

Domingo 10 de Noviembre de 2019

Logró esquivar siete años un pedido de captura por homicidio. Se había instalado con un nombre falso en la localidad entrerriana de La Paz, donde dirigía una verdulería, manejaba un camión y jugaba en una liga local de fútbol. En un galpón suyo se encontró en junio la chata VW Amarok que hace un año se usó en el secuestro y asesinato del prestamista Lucio Maldonado en Rosario. A partir de ahí Miguel Angel “Lolo” Laferrara no pudo esconder su verdadera identidad. Hace ocho días lo detuvieron y esta semana fue imputado por el crimen de Gastón Ezequiel Barrera, un chico de 16 años ejecutado con un balazo en la cabeza en el barrio Puente Gallego en 2012.

   “Lolo” Laferrara no declaró pero su defensa brindó una singular versión de ese crimen: arrojó sospechas hacia el propio hermano de la víctima, que es el principal testigo. Los familiares del chico estaban en la sala y reaccionaron. Dijeron que habían esperado demasiado para tener al sospechoso tras las rejas y pidieron que siga preso.

   La jueza Valeria Pedrana dictó la prisión preventiva de Laferrara por dos años. Junto a su padre y su hermano, se trata del tercer integrante del grupo familiar que es detenido en 2019 tras permanecer prófugos por años. Un efecto de la investigación del crimen de Maldonado, por el que fueron detenidos el sindicado narco rosarino Esteban Alvarado y sus socios. A “Lolo” no le imputaron pertenencia a esa organización delictiva.

   Gastón Barrera y su familia trabajaban en hornos de ladrillos y tenían una relación laboral con “Lolo” Laferrara, de quien eran socios. El conflicto se originó por una motosierra que éste le había encomendado al hermano mayor de Barrera pero que, al parecer, el adolescente habría vendido. Según plantearon los fiscales Matías Edery y Gonzalo Fernández Bussy en la audiencia, el 26 de noviembre de aquel año el acusado se presentó en la casa del chico, en Piamonte 2350. Discutió con él chico y lo golpeó varias veces en la cabeza con una pistola 9 milímetros.

   La situación despertó a su hermano mayor, pero fue amenazado cuando intentó interceder. En ese momento el atacante le efectuó al adolescente un disparo que ingresó por la parte posterior del cráneo y le causó la muerte. Luego escapó del lugar en un auto gris. Laferrara fue nombrado desde entonces y estuvo prófugo hasta la semana pasada.

   Los fiscales mencionaron el testimonio fundamental del hermano de la víctima. Fue el único testigo del ataque junto a su hijito de entonces 3 años. Siempre mencionó a Laferrara. Incluso contó que a los pocos meses del crimen cruzó al sospechoso en el cementerio La Piedad. Según contó, fue su pequeño hijo quien le advirtió de su presencia en el lugar: “Papá, quédate quieto que él es el que le hizo pum pum en la cabeza al tío que se fue al cielo”.

Sobresalto en la sala

La defensa de Laferrara, ejercida por Ezequiel Torres y Luciano Zisele, cuestionó la investigación y deslizó sospechas hacia el hermano de la víctima. Los abogados plantearon que pudo haber señalado a un inocente para obtener impunidad: dijeron que no ayudó a Gastón ni persiguió al homicida.

   El muchacho no estaba presente en la sala porque estaba trabajando. Pero su madre y su hermana pidieron la palabra para desmentir enfáticamente ese relato y reclamar justicia tras siete años de espera. En su valoración final, la jueza consideró absurdo que la familia de la víctima se complotara para señalar a alguien que se escondió tanto tiempo en otra ciudad con una identidad falsa.

   A Laferrara lo apresaron el jueves de la semana pasada en La Paz. Cuatro meses antes, la tarde del 27 de junio, efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales habían secuestrado allí en un galpón la Amarok blanca utilizada en el secuestro y posterior asesinato del prestamista Lucio Maldonado, ocurrido el 13 de noviembre del año pasado. Un crimen que llevó tras las rejas al sindicado narco rosarino Alvarado. Las pruebas con reactivos arrojaron que el vehículo estaba plagado de manchas de sangre.

   Tras llegar a ese lugar guiados por mensajes recuperados del celular de Alvarado, los efectivos encontraron el vehículo en manos de un hombre al que conocían como “Diego, el rosarino”, quien llevaba varios en esa localidad junto a su esposa y dos hijos y reconoció que tenía el vehículo para la venta.

   A los policías entrerrianos les llamó la atención que, tras aquel procedimiento, “Diego” desapareció de la ciudad. Hasta que hace ocho días lo cruzaron en la calle, lo pararon para identificarlo y lo llevaron a la delegación, donde finalmente reveló su verdadero nombre.

   Laferrara usaba el nombre de un concuñado. La explicación que dio su defensa del cambio de identidad es que pretendía jugar en una liga de fútbol para mayores de 40 años cuando él tiene actualmente 38. odos sus vecinos y todos los empleados de una verdulería que administraba lo conocían con el nombre falso.

   “Lolo” es hijo de Jorge Laferrara, un viejo hampón socio de Los Monos aunque luego se distanció de la banda. Es hermano de Mauricio, imputado hace dos semanas por seis asesinatos ordenados por Alvarado, entre ellos el del prestamista Maldonado. Su nombre fue mencionado en la investigación del asesinato a sangre fría de Agustín González, un pibe de 15 años ejecutado en una tapera de Moreno al 6400, donde hoy se levanta el Casino, el 23 de agosto de 2005. Lolo terminó sobreseído y su padre fue condenado a 14 años.

   El nombre de Jorge Laferrara, recapturado en junio tras dos años prófugo, quedó plasmado en el acta judicial por la imputación a su hijo Lolo. Los defensores advirtieron que, por ser su hijo, existen riesgos para su vida en algunas prisiones. Por eso, la jueza le pidió que sea alojado en la cárcel de Piñero, la misma donde está detenido su padre.

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