Policiales

Robó en una veterinaria e intentó abusar sexualmente de la dueña

Ocurrió en San Nicolás al 300. Según la víctima sería el mismo hombre que atacó a otras cuatro mujeres en los últimos meses. Pidió que la Fiscalía actúe y lo detengan.

Jueves 04 de Julio de 2019

"Después de lo que me pasó me comunique con la familia de la chica abusada en la librería de Sarmiento al 4300 y te aseguro que es la misma persona". Jorgelina tiene 42 años y trabaja junto a su hermana en una veterinaria de San Nicolás al 300, en barrio Agote. El mediodía del jueves 27 de junio, cuando atendía en el local, fue atacada por un hombre armado que luego de robar una cifra ínfima de dinero intento abusar de ella. La condujo a una habitación ubicada en la parte trasera del local y la ató de brazos y piernas con los cordones de sus botas. Entonces le exigió que le practicara sexo oral. La mujer se resistió, pudo zafar de sus ataduras y corrió al agresor con una tijera. De esa manera lo puso en fuga y el hombre quedó grabado por una cámara de videovigilancia de la cuadra. "Hicimos la denuncia en la Fiscalía de calle Montevideo (1968), pero una semana después todavía no se han comunicado con nosotras", expresó la mujer.

Jorgelina contó lo que le sucedió hace una semana, alrededor de las 12, como quien relata una secuencia impactante de una serie. Pero no hubo una pizca de ficción en lo que narró. Nada. Un hombre de alrededor de 25 años, pelo muy corto y de buena presencia llegó a su lugar de trabajo dos veces. La primera, para hacerse pasar por cliente y tomar la sensación térmica del lugar. Con una excusa, ya que Jorgelina no estaba sola, se marchó y regresó 15 minutos más tarde.

"Es el mismo"

Esta última secuencia duró alrededor de 10 minutos en los que la mujer estuvo a merced de su atacante. A lo largo del relato Jorgelina se quebró y lloró una sola vez. Fue cuando recordó a la chica de 19 años, empleada de una librería, abusada sexualmente el 20 de mayo a la tarde en Sarmiento al 4300, a metros de la seccional 15ª (ver aparte).

"A esa piba le cagó la vida. Anoche hablé con los familiares y después no pude dormir. Yo lo pude resolver porque tengo 42 años y sé como sacarme un tipo de encima. Pero una piba de 19 o 20 años no lo puede hacer. Hablando con la familia de la chica me di cuenta que es la misma persona que me atacó. La misma. Y si alguien no lo detiene, si alguien no le pone freno, le va a seguir cagando la vida a otras mujeres. Mucho de lo que estoy haciendo (contar lo que le sucedió) tiene que ver con buscar que alguien detenga y le ponga un freno a este tipo", explicó Jorgelina.

"Nosotras (su grupo familiar y de amigos) pudimos contactarnos con cuatro personas que en poco más de un mes (desde el 20 de mayo) fueron atacadas por este tipo. La chica de la librería de calle Sarmiento, una piba de 19 años que vive acá a la vuelta (Tucumán y la cortada Ruisiñol), una chica de calle Mendoza al 5000 y pico a la que abusó en la calle y yo. ¿Cuántos casos más habrá?", se preguntó Jorgelina.

"Estoy convencida que el robo fue el ardid para intentar abusarme. Vino a abusar. Era yo o mi hermana. Le daba igual. Es alguien que está cazando. A una de las chicas con las que nos contactamos la ató con precintos plásticos. Le puso un precinto en la garganta como para ahogarla. La piba de calle Sarmiento está destrozada. No quiere comer. Cuento todo ésto para que lo agarren y este tipo no le cague la vida a otras mujeres. Es alguien que se siente impune", analizó la víctima.

Mediodía brutal

Jorgelina trabaja en una veterinaria de San Nicolás entre Tucumán y Catamarca, a 200 metros de la comisaría 7ª. Hasta las 12 del mediodía del jueves 27 de junio llevó adelante su rutina de vida. Junto a su hermana atendió la tienda para mascotas que funciona junto a la veterinaria en un local que hasta ese momento no tenía ni puerta enrejada ni alarma. "Este es un lugar donde pasan muchas amigas. Es habitual que haya mujeres y mas de una", indicó la mujer. Alrededor de las 12.05 un hombre bien presentable, pelo muy corto color negro y una cicatriz en la mejilla izquierda estacionó su moto negra sobre la vereda, frente al local. El hombre se sacó el casco, también negro, y lo guardó en una caja de PVC blanca similar a la que utilizan muchos deliverys. Entró y le preguntó a Jorgelina por una cucha para perros. Jorgelina estaba con tres mujeres más. El hombre, amablemente, dijo que debía consultar con su esposa y se fue.

Veinte minutos más tarde regresó. En ese interín Jorgelina había cerrado momentáneamente su local para buscar a su hijo en el colegio y regresó. A las 12.27 estaba sola. Entonces la moto negra volvió a aparecer y su conductor repitió la escena anterior. A partir de que Jorgelina le mostró por segunda vez la colchoneta para perros el falso cliente mostró sus cartas. "Hizo un ademán de que tenía un arma en la cintura y me pidió la plata. Y me dijo: «Y no me pongas loco. Dame todo y el cambio también». Yo le dije: «Flaco, tranquilo. Yo te doy la guita». Y me respondió: «Ahora andate para atrás que te voy a atar. Y no hagas la denuncia porque te seguí varias veces y se donde vivís", rememoró la mujer.

Jorgelina y su agresor fueron hasta el último ambiente de la veterinaria, donde se lavan y acondicionan los animales en una especie de atelier para perros. "Me hizo sacar los cordones de una botas que tenía y me dijo sentate en la silla. Yo agarré una silla de madera que esta media floja. Cuando me empezó a atar yo encogí los brazos como para que me quedara algo de margen y él me ató de los codos y las rodillas. Pasó por detrás mío y dejó el arma, que estaba envuelta en una tela blanca. Se me acercó con los pantalones bajos y me dijo: «Ahora me vas a chupar la pija»", explicó.

Fue entonces que Jorgelina dejó de hacer fuerza con sus brazos, las ataduras cedieron y pudo agarrar una tijera. "Agarre la tijera abierta y lo enfrenté. El tipo se hizo como chiquito y retrocedió. Y lo empecé a atacar para que se fuera. En un momento se paró, me enfrentó y ahí fue cuando me dije: «Este me pone un tiro». Pero volvió a darse vuelta y corrió. Y yo atrás con la tijera y las piernas todavía atadas en las rodillas. Lo saqué a la vereda, se subió a la moto como pudo y huyó", recalcó Jorgelina.

Filmado

Toda esta última secuencia quedó registrada por al menos una cámara de videovigilancia de la cuadra. Luego la mujer llamó al 911 y posteriormente hizo la denuncia en el Centro de Denuncia Territorial de Montevideo 1968. "No fue una buena experiencia porque nos tomaron la denuncia y nos dijeron que estaban colapsados por otros temas. Por comentarios que escuchamos este tipo está haciendo esto hace al menos un año", indicó la mujer.

A partir de lo que ocurrió, Jorgelina y su círculo íntimo comenzaron una investigación casera que los llevó a contactarse con el entorno de varias víctimas. Consiguieron el fotofit realizado en ocasión de la agresión sufrida por la empleada de la librería de calle Sarmiento y lo difundieron en las redes sociales cerradas que tienen en barrio Agote. "Todo es muy desilusionante. En la comisaría te dicen que no pueden hacer nada. En la Fiscalía, que están ocupados con otros temas. Hace una semana que hice la denuncia y aún no se comunicaron conmigo. Me dijeron que este caso debía ser llevado por la fiscal de delitos sexuales", comentó. El caso de la muchacha abusada en la librería está en manos de la fiscal Alejandra Raigal.

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