Uno de los dueños de un supermercado de ciudadanos chinos del barrio Cabín 9
lucía obnubilado ayer a la mañana. Fue capaz de balbucear algunas palabras en castellano para
contarle a la policía el atraco que, un rato antes, cuatro hombres armados habían perpetrado en su
negocio. Un tremendo culatazo en la cabeza asestado por uno de los intrusos lo había dejado fuera
de combate.
En esas condiciones apenas alcanzó a decir que él y su socio quedaron a merced
de los ladrones y nada pudieron hacer para evitar que los asaltantes se llevaban cinco mil pesos en
efectivo y 20 mil en tickets de compra. Con el botín en su poder, los malhechores se esfumaron y
hasta anoche no habían sido localizados por la policía.
"Ningún robo". El atraco ocurrió cerca de las 9 de ayer en el supermercado
Jilguero, situado en El Jilguero 298, de Pérez. El local es un tradicional autoservicio de
barrio.
A las 14 de ayer, el comercio estaba cerrado. Una persiana de hierro impedía el
ingreso. Detrás de la abertura asomaba un empleado, que negó que el comercio hubiera sido asaltado.
"Acá no hubo ningún robo", le dijo el trabajador a un cronista de LaCapital.Sin embargo, varias
fuentes policiales consultadas por este diario confirmaron el atraco.
El barrio Cabín 9 está en los confines de la ciudad, en el límite de Pérez con
Rosario. Es una barriada de clase media humilde, donde predominan las casas bajas, precarias y de
material. Enfrente del supermercado Jilguero hay una cancha de fútbol. Curiosamente sobre el césped
se están construyendo viviendas. Sin embargo, a pocas cuadras de allí, asoma una postal de la
pobreza: un racimo de ranchos con techos de chapas.
A la hora de la mañana en que se produjo la irrupción de los ladrones al súper
en ese escenario de carencia, los productores agropecuarios comenzaban a llegar al Monumento a la
Bandera para realizar su acto de protesta contra las retenciones móviles.
El atraco. Una fuente policial de la Jefatura de Unidad Regional II reportó que
los dueños del negocio, dos ciudadanos chinos, estaban detrás del mostrador del autoservicio y no
había clientes en el local cuando irrumpieron los cuatro maleantes.
Apenas arribaron, uno de los hampones proclamó la frase de rigor: "Esto es un
asalto". De inmediato, el ladrón le propinó un culatazo en la cabeza a uno de los propietarios sin
que se registrara diálogo previo. Algo difícil de concretar, además, por la barrera idiomática que
separaba al intruso del comerciante chino.
Los dos trabajadores se quedaron inmóviles por la intimidación y los recién
llegados no tuvieron obstáculos para la tarea delictiva. Fueron hasta la caja y recogieron cinco
mil pesos en efectivo y 20 mil en tickets. Después, con el botín en su poder, se marcharon.