La investigación del crimen de Abel Beroiz subió al escalón jerárquico más alto
del gremio que conducía el líder sindical en la provincia. Raúl Luna, ex número dos del Sindicato
de Camioneros santafesino, quedó preso ayer acusado de ser el autor intelectual del asesinato por
encargo. Junto a él quedó detenido su chofer, Mario Ismael López, implicado de la planificación del
homicidio.
La medida fue dispuesta a 21 meses del brutal ataque a balazos y puñaladas del
entonces tesorero de Hugo Moyano. La ordenó el juez de Instrucción Osvaldo Barbero a raíz de una
pericia telefónica que detectó cruces de llamadas entre un celular atribuido a Luna y otros
acusados por el caso en el que ya fueron procesadas ocho personas (ver aparte).
Luna, de 57 años y domiciliado en Reconquista, fue interrogado ayer por Barbero.
Lo habían citado para esa medida y se presentó acompañado de sus abogados, Germán Mahieu y Froilán
Ravena. Sabía que iba a quedar preso, pero lucía tranquilo mientras aguardaba la indagatoria en un
pasillo de Tribunales, todavía libre.
Luego de responder preguntas, cerca de las 13, su situación cambió: salió del
juzgado con las manos esposadas por la espalda y escoltado por dos policías. Fue trasladado a la
Jefatura y quedó alojado provisoriamente en la Brigada de Homicidios.
Pruebas insuficientes.Luna, quien ocupó el lugar de Beroiz tras el crimen, fue
acusado de homicidio calificado, delito que se pena con prisión perpetua. Sus abogados presentarán
hoy un pedido para que recupere la libertad porque consideran que no hay peligro de fuga.
"Seguimos entendiendo que no existe ningún elemento de cargo. El material
probatorio es totalmente insuficiente. Lo han llamado a proceso solamente para agotar una instancia
pendiente", dijeron los abogados. Un rato antes fue indagado López, de 49 años, quien también quedó
preso.
Abel Beroiz fue asesinado el 27 de noviembre de 2007 en la cochera
subterránea del ACA, en la plaza Montenegro. Lo abordaron dos personas que le dispararon tres
balazos y le asestaron múltiples puñaladas. Los sicarios olvidaron una agenda que condujo a la
policía tras sus pasos. Así fue detenido Raúl Oscar Flores, quien confesó ser el autor material e
identificó a un gestor y a un gremialista que le habían encargado el crimen. Siempre se siguió la
pista de la interna sindical como móvil.
Con la imputación de López y Luna la pesquisa se cierra
sobre el círculo de sospechosos que siempre manejó el juez Barbero. Los dos ya habían prestado
declaración informativa, lo que indica sospecha leve. Pero al resolver el caso en noviembre pasado
el juez archivó esos interrogatorios porque entonces no tenía elementos contra ellos.
La evidencia que se incorporó ahora es una pericia
telefónica que rastreó los seis meses previos al crimen. Ese informe, según los abogados de Luna,
registró que un celular del Sindicato de Camioneros asignado a su cliente había recibido cinco
llamadas desde el celular de un estudio jurídico donde trabajaba Julio César Gerez, un gestor de
juicios laborales procesado como instigador.
Llamadas cruzadas.
Cuando tuvo que explicar ese contacto
ante el juez, Luna dijo que ese celular estaba a disposición de varios gremialistas. Y que al pedir
licencia, tras verse salpicado por la investigación, el aparato quedó en el local de Pasco 1043
para uso común.
En rigor, no es el único elemento que
apunta a Luna.
Juancito, un chico de 15 años que estuvo en el subsuelo del ACA cuando mataron a Beroiz,
dijo que el confeso autor material le contó que al hecho se lo habían encargado "un tal Luna y un
tal Gerez". Con esos nombres, según el adolescente, Flores se dirigió a dos de los organizadores en
una reunión en un bar del parque Independencia.
Al procesar a los otros ocho
acusados, Barbero planteó que los dos gremialistas acusados buscaban reposicionar a Luna tras haber
sido relegados por Beroiz de la estructura de poder sindical. También mencionó que esos afiliados
derivaban juicios laborales del gremio a Gerez, actividad que les generaba una ganancia adicional y
a la que Beroiz quería poner coto.
Esa línea fue sostenida por la Cámara
al confirmar los procesamientos y solicitar que se prosiga la investigación "en relación a
eventuales terceros". Eso parece haberse cumplido con la detención de Luna, cuya figura siempre
rondó los bordes de la pesquisa y ahora se instaló en el centro.
También se detectaron cruces con Juan Carlos Dell’Arciprette y
Alejandro Lázaro, dos sindicalistas procesados como instigadores. Luna podía explicar estos dos
llamados por la relación sindical. Según la investigación, ambos eran hombres de su riñón. Pero no
podía justificar el contacto con Gerez, ajeno al gremio y a quien dijo no conocer.