La causa judicial por el asesinato de Sandra López, la mujer de 47 años asesinada en abril de 2022 en un robo a su comercio, llegará a juicio oral y público. Como responsable del homicidio y del robo será juzgada Romina Soledad P., de 33 años, quien enfrenta un pedido de condena a prisión perpetua de parte de la Fiscalía. Para la acusación, la imputada mató para concretar el robo y dejarlo impune.
Hacía más de 25 años que Sandra López se dedicaba a la actividad comercial. Había empezado como vendedora de helados, ofreciendo productos que conservaba en un freezer en el garaje de su casa. Con el tiempo había podido establecer en un local de avenida Rivarola al 6800, barrio Godoy, un negocio de dietética, mercería y cotillón. En ese lugar, el jueves 14 de abril de 2022, la empleada de un minimarket vecino encontró a la mujer tendida en el piso, sobre un charco de sangre. La habían matado a puñaladas para robarle.
La investigación del homicidio quedó a cargo del fiscal Adrián Spelta, quien la orientó hacia la hipótesis del robo a partir de las imágenes registradas por una cámara de vigilancia de un local vecino. En ellas se vio entrar y salir del negocio a una mujer, que para Spelta es Romina Soledad P. Según la teoría acusatoria esta mujer, hoy de 33 años, atacó a Sandra López con fines de robo. Ante un intento de resistencia de parte de la víctima, le propinó 14 puñaladas en el cuello, el omóplato, el maxilar y la oreja derecha, además del ojo izquierdo.
Este jueves, en el marco de la audiencia preliminar al inicio del juicio oral y público, el fiscal solicitó una pena de prisión perpetua. La acusación formal fue por el delito de homicidio doloso calificado por criminis causa en concurso real con robo calificado por uso de arma de fuego, la misma calificación con la que la acusada había sido imputada en abril de 2022, fecha desde la que se encuentra en prisión preventiva.
Detalles de la acusación
Según la hipótesis de la Fiscalía, luego de cometer el homicidio la acusada cargó mercadería en una caja y se fue en el mismo automóvil en el que había llegado, un Volkswagen Surán que había estacionado a la vuelta del comercio por calle Biancafiori al 3100. A los pocos minutos un hombre con mochila verde se acercó al minimarket, le avisó a la empleada que había sangre en cotillón y le preguntó si había pasado algo. Otra empleada se acercó al comercio vecino, encontró la puerta abierta y vio a Sandra tendida en el piso sobre un charco de sangre. En ese momento llegaba el esposo en una camioneta, que intentó reanimarla y la llevó al hospital.
En las imágenes de videovigilancia se detectó que la atacante ingresó junto con otra clienta. “Yo volvía del supermercado chino y me encuentro con una mujer en la puerta que me abre y me deja que pase al negocio de Sandra. Ingresa detrás mío y se queda cerca de la puerta. Hago mis compras y me retiro. En ningún momento noté que haya saludado a esta mujer”, contó esta vecina. Al salir se cruzó con un hombre con mil pesos en la mano que entró al local a pedir cambio y se retiró a los veinte segundos. A los dos minutos se vio salir, con el pelo suelto y una caja roja en las manos, a la misma mujer que había ingresado un rato antes con el pelo recogido.
>>Leer más: Calcomanías y la rueda de auxilio de un auto, claves para esclarecer el asesinato de Sandra López
Otras cámaras permitieron reconstruir, según Spelta, que la agresora estaba “merodeando” el negocio desde las 18.05. A las 18.19 se vio pasar el auto por la vereda de enfrente. Luego dobló en U, volvió a pasar frente al local y finalmente estacionó sobre la calle Biancafiori, adonde regresó más tarde con una caja.
A partir de las filmaciones se detectó que el Surán gris tenía dos calcomanías de un perro negro —una en el guardabarros delantero y otra en la parte trasera— una rueda de auxilio y el espejo del conductor roto. El seguimiento de las cámaras permitió obtener la patente y llegar pocos días después del crimen hasta ese vehículo estacionado frente a una casa Ouvrard al 7700 donde vivía Romina P., al oeste de la avenida de Circunvalación y a unas quince cuadras del negocio.
En el allanamiento a esa casa se secuestró un celular del esposo de la acusada, quien estuvo demorado y luego recuperó la libertad. El fiscal pidió peritar ese aparato y el juez lo autorizó. También se encontró una remera color durazno, una campera, un jean mostaza o amarillo y zapatillas como la ropa usada por la última mujer salió del negocio. Además se incautaron cinco cuchillos, cinco moldes de repostería de distintos tamaños, un paquete de bolsas plásticas y tres paquetes de chocolates de los cuales dos habían sido abiertos.