POLICIALES

Piden hasta 22 años de prisión para un hombre y sus dos hijos por un salvaje ataque mortal

Rubén Sosa y sus hijos Ismael y Magalí fueron acusados por el crimen de Leonel Darío Gallegos, apuñalado cuando intentó socorrer a su hermana de una paliza.

Miércoles 15 de Septiembre de 2021

No sé por qué tanta saña por tan estúpida cosa”. En pocas palabras, un vecino que presenció el crimen de Leonel Darío Gallegos resumió el desajuste entre la violencia desenfrenada que rodeó al ataque y el motivo que lo desencadenó: una pelea de niños. Vestido sólo con una bermuda, el torso desnudo y sin portar armas, Gallegos fue a socorrer a su hermana de una paliza que le asestaba una familia de Cullen al 2500 por reclamar que un chico le había pegado a su hija de 10 años. Fue recibido con un letal puntazo en pecho. En medio de una pelea que los testigos calificaron de “endemoniada”, hubo cuchillazos, patadas, gritos, amenazas, botellazos y hasta un perro pitbull que convirtieron en un campo de batalla ese rincón del barrio Villa Urquiza.

Por esas escenas con desbordes propios de una película de Tarantino, tres integrantes de un clan familiar se acercan al juicio oral tras una audiencia que se realizó por zoom este martes. El fiscal Gastón Avila solicitó distintas penas para un hombre de 41 años y dos de sus hijos, acusados de intervenir en distintos momentos de la agresión. Para el padre, Rubén Oscar “Polaco” Sosa, pidió la pena más alta a 22 años de prisión como coautor del homicidio, el intento de homicidio de la hermana de la víctima _quien sufrió golpes y numerosos cortes_ y lesiones leves.

Su hijo Rubén Oscar Ismael Sosa, de 21 años, afronta un pedido de 18 años de prisión por los delitos de homicidio y lesiones leves. Para Magalí Micaela Sosa, de 18 años, el fiscal requirió 12 años por el intento de homicidio de la mujer, lesiones leves y las amenazas calificadas a una vecina por filmar el incidente. Las conductas atribuidas a cada uno fueron definidas por el fiscal en una audiencia preliminar ante el juez Gonzalo López Quintana, quien admitió la acusación y ordenó la apertura del juicio. A su vez aceptó pruebas ofrecidas por las partes y mantuvo la prisión preventiva que pesa sobre los acusados.

“El viernes a las 22 yo estaba cocinando y me fui a buscar a mi hija de 10 años que estaba jugando en la casa de una amiga en Cullen entre pasaje Volta y 27 de Febrero, en frente de la familia Sosa. Le pedí la moto a mi marido, me dijo que tenga cuidado”, comenzó a relatar Yamila Gallegos, de 26 años, los momentos previos al crimen del 19 de febrero pasado. Fue en Cullen al 2500, el mismo lugar donde dos días antes ella había discutido con integrantes de la familia Sosa porque un chico de 12 años había golpeado a la nena.

Mientras Yamila esperaba a su hija sin bajar de la moto, una hermana de Magalí comenzó a molestarla. “Me gritaba, me decía cosas, buscaba problemas”, recordó la mujer, que fue arrojada de la moto y enseguida resultó rodeada por otros cuatro integrantes de la familia que la atacaron a golpes. “Me dieron puntazos. No sé bien con qué porque no podía ver, pero estoy toda cortada. También soltaron a su perro pitbull para que me mordiera y me mordió en la parte trasera de la pierna. En ese momento también le pegaban a mi hija, recordó.

Según la acusación fiscal, fue Polaco Sosa quien “le propinó varios golpes” a la nena. Con la ayuda de una vecina la criatura logró zafarse y corrió hasta su casa —a unas cinco cuadras, en Virasoro al 6300— a alertar a su padrastro y a su tío de lo que sucedía. “Mi hermano llegó primero, estaba en cuero con una bermuda y no tenía ningún arma”, recordó Yamila, a quien su hermano rescató del piso ensangrentada y en muy mal estado.

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La pelea parecía haber terminado. Pero cuando Yamila se disponía a subir a su moto volvieron a salir el Polaco y sus dos hijos, “armados con una botella de vidrio y al menos dos cuchillas”. Sosa padre le pegó a Leonel un botellazo en la cabeza que lo hizo caer al piso y “lo empezó a golpear en el suelo de manera reiterada, pese a las súplicas de la víctima para que se detenga”. Junto a él actuó su hijo, quien según ese relato hundió una cuchilla de gran tamaño en el pecho de Leonel, de 38 años. Eso le provocó una grave lesión cardiopulmonar.

Con la misma cuchilla que sacó del pecho de Gallegos el agresor se dirigió a atacar a Yamila, quien según el planteo fiscal estaba siendo golpeada y apuñalada con otra cuchilla por Magalí. La mujer recibió puñaladas en el tórax y el cráneo. Entonces, pese a estar gravemente herido, Leonel se levantó e intentó ayudarla. Pero recibió una patada de uno de sus contrincantes que lo dejó en el suelo, ya sin reacción.

Herida y aturdida, Yamila se quedó con su hermano tendido en el piso sin que nadie se acercara a ayudarla “por temor a represalias”. Hasta que llegó su marido. Como no pudieron subir a Leonel a la moto porque “estaba con peso muerto”, un vecino lo trasladó en su auto hasta el Policlínico San Martín, adonde llegó sin vida. A ella la asistieron en el Heca por un puntazo en el abdomen. “Mi hija está muy asustada. Estuvo en medio de la pelea. La golpearon. Vio a mi hermano morirse en la calle”, cerró su declaración.

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En Cullen al 2500, la muerte no apaciguó la furia. Antes de que la familia Sosa se escondiera en su casa y dejara las cuchillas tiradas en la vereda, según la acusación, Magalí vio que una vecina estaba filmado todo. Por eso se acercó, la amenazó con la cuchilla, le dijo que la iba a matar y le lanzó varias puñaladas que “la lesionaron en el cuello de manera superficial”. Un rato más tarde, cuando la policía la llevaba detenida junto a su padre y su hermano, siguió amenazándola desde el patrullero “Ya voy a salir otra vez y te voy a terminar de matar hija de puta”.

“Yo sabía que eso iba a pasar. Ya de hace rato tienen problemas”, contó un vecino de los Sosa y aclaró que “Leonel no venía a pelear, estaba con el torso desnudo, no tenía nada. Le empezaron a pegar con ese cable grueso y él empezó a ir para atrás y los otros dos se le abalanzaban. Leonel pisó a una perrita de los Sosa sin querer porque estaba caminando para atrás y le empiezan a dar patadas. Leonel se cae, intenta levantarse, Rubén le da con una botella, él cae al piso y ahí fue cuando lo terminan de matar”.

Estaba indefenso tirado en el piso, desmayado por el botellazo y de una forma cobarde le clavaron un puñal casi sin poder moverse”, recordó el testigo de identidad reservada, y detalló que “después de todo eso que pasó los Sosa se metieron adentro y se cambiaron la ropa”. Como las detenciones no amortiguaron la tensión latente en el barrio, la familia Sosa cargó bolsas y televisores en una Trafic blanca que se fue escoltada por la policía. “Me pareció muy irónico y me dio mucha bronca, porque ellos agredieron y mataron y se fueron con custodia y nosotros estábamos desprotegidos”, observó el testigo.

Cuando los agresores se fueron, un grupo de vecinos arrojó una bomba molotov contra la puerta de la casa vacía pero el artefacto no detonó. Siete meses después, al justificar el pedido de penas, el fiscal habló del “aprovechamiento de la superioridad numérica” de los atacantes, la “utilización de armas propias e impropias” y “el haberse valido del estado de casi indefensión en el que fue dejado Gallegos luego del golpe con la botella” para entonces “apuñalarlo en el pecho y darle muerte”.

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