Pesadilla de un empresario a manos de tres ladrones y en un viejo Fiat
Extraño, oscuro, poco claro. Todos esos calificativos se ajustan al episodio que ayer, a las 7
de la mañana, vivió un empresario metalúrgico afincado en el barrio Las Heras, en la zona sur de la
ciudad, a quien un grupo de maleantes lo capturó mientras caminaba por la plaza José Hernández. Los
delincuentes lo subieron a un Fiat 128 verde con vidrios polarizados, lo maniataron con precintos
plásticos y, según fuentes policiales, le exigieron la entrega de "la plata o la droga".
28 de agosto 2009 · 01:00hs
Extraño, oscuro, poco claro. Todos esos calificativos se ajustan al episodio que
ayer, a las 7 de la mañana, vivió un empresario metalúrgico afincado en el barrio Las Heras, en la
zona sur de la ciudad, a quien un grupo de maleantes lo capturó mientras caminaba por la plaza José
Hernández. Los delincuentes lo subieron a un Fiat 128 verde con vidrios polarizados, lo maniataron
con precintos plásticos y, según fuentes policiales, le exigieron la entrega de "la plata o la
droga". Luego le quitaron las llaves de su casa, ubicada a cuatro cuadras, y fueron hasta ese lugar
con el empresario cautivo. Allí maniataron a la esposa de la víctima, revisaron palmo a palmo el
lugar y sólo se llevaron alhajas de valor, entre ellas las alianzas de matrimonio.
La pesadilla del empresario no terminó ahí. Una vez que los ladrones se
convencieron de que en la casa no había dinero, lo subieron nuevamente al Fiat 128, lo llevaron
hasta su empresa, cruzaron toda la ciudad y lo dejaron maniatado a la vera de la autopista
Rosario-Córdoba, a metros del puente peatonal de calle Wilde. Ahí lo rescató la policía. "Todo es
muy extraño. Se trata de un empresario que no tiene conflictos con nadie y de perfil bajo. Un tipo
sano", explicó ayer un vocero de la causa. De los delincuentes sólo se sabe que "tenían tonada
provinciana", aunque algunos investigadores arriesgaron que hablaban como cordobeses.
Paseo matinal. Cuando Eduardo A., de 62 años, salió de su casa a las 6.30 para
cumplir con su ritual de caminar dos kilómetros y pasear a su perro, jamás imaginó lo que el
destino le deparaba. El hombre salió de su casa de Bermúdez al 5100 y caminó las cuatro cuadras que
lo distanciaban de la plaza Hernández. Diez minutos antes de las 7, el clima estaba agradable y por
calle Buenos Aires el tránsito hacia el centro comenzaba a hacerse más fluido. "Cuando estaba en
inmediaciones de Buenos Aires y Esteban de Luca, dos tipos lo sorprendieron y lo obligaron a
meterse en un Fiat 128 verde con vidrios polarizados", relató un vocero. El perro, en tanto, quedó
abandonado en la plaza.
A Eduardo lo sentaron atrás y le mostraron una pistola. Lo maniataron con
precintos plásticos y le preguntaron "dónde tenés la plata". Luego, la demanda fue "donde tenés la
plata o la droga". Sin entender lo que sucedía, el empresario les contestó que no tenía dinero y
fue amordazado.
Así las cosas, los tres ladrones a cara descubierta le quitaron las llaves de su
vivienda y fueron hacía allí: una casa de dos plantas que si bien es coqueta, no es fastuosa. Dos
de los maleantes bajaron del auto y abrieron con la llave de la víctima.
Dentro de la vivienda se toparon con Graciela, la esposa del empresario, una
mujer de 58 años a la que también maniataron con precintos. Otra vez los hampones volvieron a
preguntar por la plata. La respuesta de la mujer no fue diferente a la de su pareja. Entonces los
delincuentes revisaron el lugar durante unos diez minutos.
Hacia otro lado.Sin éxito en la búsqueda, los ladrones se fueron llevándose
alhajas, entre ellas las alianzas del matrimonio. Mientras la mujer quedaba amordazada, huyeron con
Eduardo aún cautivo a bordo del viejo Fiat.
El próximo punto del recorrido fue la empresa metalúrgica de Eduardo A., en
Ayacucho al 5200. No está claro si los ladrones trataron de ingresar o algo los hizo cambiar de
planes, lo concreto es que el Fiat 128 cruzó la ciudad hacia el oeste.
Mientras eso sucedía, Graciela se libró de las ataduras y llamó al 911. Eran las
7.15. Unos minutos más tarde, un conductor vio a Eduardo maniatado al costado de la autopista
Rosario-Córdoba, haciendo señas con sus manos atadas y avisó a la policía. Los agentes que llegaron
al lugar lo hallaron a metros del puente peatonal de calle Wilde, a la altura del barrio Tango.
"Es una banda muy osada y profesional. Mostraron el arma lo necesario. No
verduguearon a las víctimas y cuando se dieron cuenta de que no había dinero, abortaron el plan.
Además se comunicaban con Nextel, lo que indica que podría haber delincuentes siguiendo la jugada
desde otro lugar. Todo hace inferir que se equivocaron de persona", indicó un pesquisa. El hecho
fue denunciado en la seccional 11ª y quedó en manos de la Brigada de Investigaciones.