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Otro ataque mafioso en el Gran Rosario: esta vez en un barrio de Granadero Baigorria

Un motociclista paró frente a una casa de barrio San Miguel y disparó contra la fachada. Una nena de 14 se refugió en su casa, donde su familia estaba cuerpo a tierra. No hubo heridos

Martes 08 de Septiembre de 2020

Los mensajes vía tiratiros en el Gran Rosario suelen tener más efectividad que los envíos por correos públicos o privados. Aunque como dijo el mentalista Juan José del Pozo, más conocido como Tusam o Tu Sam, puede fallar. El lunes alrededor de las 20, una muchacha de 14 años estaba sentada en el patio delantero de su casa interactuando con su celular cuando escuchó el sonido de una moto que estacionaba frente a su vivienda de Curupaití al 500, barrio San Miguel de Granadero Baigorria. En un parpadeo, la joven escuchó alrededor de 15 detonaciones, proyectiles que estaban dirigidos al lugar donde ella estaba. Nueva balacera en el Gran Rosario. Otro ataque con tinte mafioso.

La piba buscó refugio en el interior de la vivienda donde estaban dos mujeres y una pequeña de dos años. Vecinos que presenciaron la escena dijeron haber visto que el tiratiros de la moto se acercó a un auto que estaba estacionado a metros de la plazoleta de Curupaití e Ituzaingó, descartó el arma en el auto y ambos huyeron del lugar. La buena fortuna quiso que no hubiese heridos.

“No queremos hablar. No sabemos que pasó. Le dejo bendiciones”, expresó una muchacha joven con su pequeño bebe que vive en la casa baleada. “Tenemos mucho miedo y no sabemos por qué pasó esto. Por qué nos balearon la casa. No tenemos problemas con nadie y no queremos echar más leña al fuego”, agregó minutos más tarde otro integrante de la familia.

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Los proyectiles dejaron su marca en la puerta de ingreso, perforando uno de los parantes y el vidrio, y en el tapial que sostiene el enrejado se podían divisar entre cuatro y cinco disparos. La policía recogió de la escena 14 vainas servidas calibre 9 milímetros.

Una calle tranquila. Curupaití al 500 (por el nombre de la batalla Curupayty o de Curupaytí en el marco de la Guerra de la Triple Alianza) es una cuadra de apariencia tranquila de barrio San Miguel de Granadero Baigorria. Está ubicada a escasos 100 metros del ingreso a la planta de John Deere y a metros del coqueto complejo habitacional construido con un fideicomiso “Procrear” del Banco Hipotecario que los vecinos definen como “Municipal”. Es una calle de tráfico escaso, básicamente de vecinos, que cuenta con alumbrado público.

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Curupaití corre paralela a Orsetti, la calle por la que está asentada John Deere. “Este es un barrio relativamente tranquilo. Tiene de todo como todos los barrios, pero no se escuchan hechos de violencia como el del lunes por la noche”, explicó una vecina, de las pocas que aceptó la charla. Si hay algo que trae como colateral el ataque a balazos contra una casa es el “¿y si hablo y después vienen por mí?”.

Según se pudo reconstruir, en la vivienda atacada reside una familia con niños pequeños. El lunes por la tarde alrededor de las 20 una piba de 14 años estaba sentada en el patio delantero de su casa mirando el celular. “Aparentemente fue una moto que pasó, se detuvo frente a la casa y dispararon. La moto iba desde Santa Fe hacia Ituzaingó. Yo no sé de armas, pero me pareció una ráfaga. Luego el de la moto siguió unos metros, se paró al lado de un auto, que estaba casi en la esquina de Ituzaingó y Curupaití, tiró algo a la puerta trasera del vehículo y ambos se fueron. Como que era una maniobra que tenían entrenada”, agregó un residente. Otro vecino indicó que los balazos partieron desde un auto.

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Corrió por su vida. La chica de 14 años, cuyos datos se preservan a pedido de los familiares, intentó ingresar a la vivienda mientras recibía la descarga. Ya adentro todos sus familiares estaban cuerpo a tierra, tratando de preservar a la pequeña de dos años que estaban el interior. Todo rodeado de buena fortuna porque nadie resultó herido, a pesar de que al menos dos proyectiles ganaron el interior del domicilio. Cuando la policía llegó encontraron a la familia en estado shock y en la calle 14 vainas servidas y un proyectil intacto.

“Ellos dicen que no era para ellos y que no tienen problemas con nadie. La verdad que no sabemos en la cuadra por qué o cual fue la razón del ataque. Sea como sea, la casa está baleada y ellos muy asustados”, agregó otra vecina. El caso quedó en manos del fiscal de Flagrancia Lucas Altare.

La modalidad de atacar viviendas y autos estacionados a balazos está consolidada y está lejos de perder ímpetu. Si bien en un principio, décadas atrás, era un método de intimidación pública contra testigos, denunciantes en expedientes acusatorios o deudores que se habían tornado incobrables con el tiempo, tuvo su expansión hacia la narcocriminalidad, la extorsión y la usurpación de viviendas.

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Disparos furtivos, a mansalva y sangre fría, contra una fachada o un vehículo para dejar un mensaje claro con el plomo de las balas. Una vez concretado el ataque con mensaje si las víctimas tienen noción de lo que sucede decodificarán el mensaje, pero si nada saben sobre lo que sucede quedarán enmarañados en una telaraña de suposiciones y cazas de brujas.

Por último, será la Justicia que enmarque según el código cual es la calificación de la intimidación. Si el balazo pegó en la pared es un delito; si impactó en una persona, pero no lo mató, es otro. Un mar de opciones que pueden oscilar entre el abuso de armas o la intimidación pública al homicidio de acuerdo a la puntería del tiratiros que haya actuado. Y más allá del resultado, de que se pueda fallar, directamente o indirectamente el mensaje mafioso llega a destino.

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