Mensaje mafioso

El ataque a tiros contra viviendas gana terreno como modalidad delictiva

Más allá de los hechos sufridos por funcionarios ligados a la investigación judicial y condena a la banda Los Monos, los disparos apuntan a narcotraficantes, maleantes e inocentes.

Domingo 29 de Julio de 2018

El ataque a balazos contra viviendas parece haberse transformado en una nueva modalidad delictiva. La ciudad puede dar fe de ello a partir del recuerdo de múltiples hechos similares con tinte mafioso en los últimos años, algunos que derivaron en muertes y otros que dejaron heridos graves. Pero en la inmensa mayoría, los episodios terminan con fachadas de casas baleadas y aberturas perforadas. Mensajes mafiosos rubricados con plomos de diferentes calibres.

Pero recién el 29 de mayo pasado, cuando fueron atacadas a tiros dos viviendas en las que habitó el juez Ismael Manfrín (quien presidió el tribunal oral que juzgó y condenó a 19 integrantes de la banda de Los Monos), este tipo de ataques ganó la portada de los diarios, noticieros y portales de noticias web. Desde esa fecha, y según datos periodísticos obtenidos del reporte oficial sobre llamados al 911 y partes de prensa vinculados a diferentes delitos, se registraron al menos 36 ataques contra viviendas y vehículos estacionados. Ocho de ellos sobre inmuebles ligados, de alguna manera, a personas que trabajaron sobre la investigación a Los Monos.

En ese marco, mientras la banda surgida en el barrio Las Flores asoma para algunos como desarticulada y en caída, los responsables de la seguridad pública se enfrentan con una violencia urbana incontrolable y un alto poder de fuego en manos de desconocidos. El clan Cantero fue (¿o es?) símbolo de una violencia territorial cimentada en base a una espiral de muertes cuyo récord quedó grabado en los registros de homicidios de los años 2013 y 2014. ¿Pero qué más está pasando mientras el ojo social se posa sobre ellos?

Números que asustan

Tomando como mojón el 29 de mayo pasado, el día que fueron atacados los inmuebles que habitó el juez Manfrín, hacia atrás se denunció al menos media docena de ataques a balazos sin lesionados. Luego de ese episodio y hasta la semana que terminó se registraron otros 36 atentados. Así las cosas, quitando del análisis los ocho hechos ligados al entorno de investigadores sobre Los Monos, hubo 28 ataques a balazos con diferentes perfiles. Tres de esos hechos terminaron en crímenes. Maite Ponce, de 5 años; Alejandra Soledad García, de 36 (ambas baleadas el 4 de julio); y Juan Manuel "Negro Yony" González, de 37 años, fueron las víctimas.

Previo al asesinato de Maite Ponce se produjeron en la misma manzana donde vivía cuatro incidentes armados con heridos y un homicidio: el de Mariano Alberto Rodríguez, de 22 años, baleado el 2 de junio en inmediaciones de Boedo y Ghiraldo (zona de un búnker histórico con innumerables investigaciones federales abiertas y ubicado a la vuelta de la casa donde vivía la nena) y que murió el 10 de junio.

De la periferia al centro

El ataque contra las viviendas surgió como un método de intimidación y tuvo como blanco en la generalidad a testigos o denunciantes de delitos por un lado, o a gente vinculada al narcomenudeo por otro. Disparos furtivos, a mansalva y sangre fría, contra una fachada o un vehículo para dejar un mensaje claro escrito con el plomo de las balas y calificados como abuso de arma o intimidación pública según el resultado del ataque. Si el balazo pegó en la pared es un delito. Si impactó en una persona, dependiendo de la gravedad, es otro. Se puede oscilar desde el abuso de armas al homicidio de acuerdo a la puntería.

Comenzó fundamentalmente en la periferia pero progresivamente se fue mudando al centro. Evolucionó poniendo en crisis el concepto de seguridad y se utilizó también en hechos con el fin de la usurpación de viviendas en diferentes barrios, episodios ventilados en innumerables audiencias judiciales o en las denuncias públicas de sus víctimas.

Un fenómeno al que no se supo, o no se quiso ponerle un límite. Antes y después del ataque a balazos con pistolas calibres 9 y 11.25 contra la residencia del entonces gobernador Antonio Bonfatti, el 11 de octubre de 2013 en Darragueira y Gallo (barrio Alberdi) hubo un sinnúmero de atentados con tinte mafioso en la ciudad. Fueron en el contexto de internas de barras bravas, de sindicatos, entre pandillas armadas.

Por el control territorial para manejar la calle o por el narcomenudeo. Pero fundamentalmente para que un mensaje quedé bien claro. Y hubo para todos los rubros.

Desde hace una década

En noviembre de 2008, cuando aún no era conocido masivamente como "El Panadero", el comercio del padre de Diego Lucas Ochoa fue atacado a balazos y su cuñado, de 27 años, recibió un balazo en el cuello que lo dejó cuadripléjico. En abril de 2010 la vivienda de Rosa Caminos, hermana del asesinado jefe de la barra brava de Newell's, recibió el primero de una decena de ataques a balazos. En octubre del mismo año, la casa que por entonces ocupaba el apodado "Chamala", un peso pesado de Tablada, recibió 15 balazos calibre 9 milímetros. En abril de 2011, la vivienda de uno de los hermanos de Lionel Messi, en avenida del Rosario al 600, recibió seis impactos calibre 9 milímetros.

En noviembre de 2013, en Granadero Baigorria, la fachada de la casa del comisario retirado Alejandro Franganillo, quien fuera jefe de Unidades Especiales de la UR II antes de comandar la ex Drogas Peligrosas en Rosario, recibió 14 disparos.

Personalizados

Con un trato más personalizado, también abogados del foro local recibieron mensajes con plomo. La tarde del 7 de septiembre de 2012 el penalista Alberto Tortajada fue atacado a balazos al ingresar al edificio de su estudio jurídico ubicado en Montevideo al 2000, frente a los Tribunales provinciales.

Cuatro años más tarde su colega Jorge Bedouret, que entonces tenía 65 años, recibió siete balazos el 29 de mayo de 2016 al ser emboscado en un camino rural de la ruta 18 y las vías del ferrocarril. Y a eso hay que sumarle los ataques contra dirigentes de Newell's que se cometieron entre septiembre y octubre de 2016.

Todos mojones en la memoria a los que escapan los centenares de cruces y atentados a balazos inmersos en las disputas entre bandas con largas sagas que tuvieron como animadores a Alexis Caminos, los hermanos Funes y René Ungaro, entre otros.

Por el momento, por fuera del ataque sobre inmuebles que pertenecieron a investigadores de la banda de Los Monos, el último ataque a balazos sobre viviendas ocurrió el miércoles por la noche en Riobamba al 4600, en el barrio Bella Vista. Según explicó una joven madre de 26 años en los noticieros de la tele, su vivienda y un taller de tapizados lindante recibieron 17 impactos de bala. La mujer está aterrorizada. Sus vecinos, por lo bajo, indicaron que el ataque está ligado a la usurpación para que ella se vaya y un transero coloque ahí un punto de venta de drogas.

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