Ayer a la tarde murió Walter Gastón Cáceres, el chico de 14 años que la
madrugada del jueves recibió tres balazos en la cabeza y otro en la espalda cuando los ómnibus que
traían a la barra brava de Newell’s fueron emboscados frente al barrio Las Flores, al llegar
desde Buenos Aires tras presenciar el partido con Huracán. En tanto, la investigación por el hecho
que dejó otros dos heridos de bala, dio pequeños avances destinados no tanto a buscar a los
agresores sino a recolectar pruebas.
Desde el preciso momento en que Walter Cáceres ingresó al Heca con su cabeza
destrozada por tres balazos, los médicos aseguraron que su estado era "desesperante" y con
"lesiones irreversibles". Ese diagnóstico se confirmó ayer con el deceso del menor. Los otros dos
heridos fueron Diego Orlando Malcovic, de 28 años, con un disparo en el abdomen; y Carlos
Muratovic, de 42, con un tiro en el rostro.
Esas tres víctimas volvían a Rosario en uno de los micros que trasladaban a
barras leprosos tras presenciar el cotejo con Huracán de Parque Patricios. Al atravesar el puente
de la autopista sobre el arroyo Saladillo, uno de los micros sufrió el reventón de dos neumáticos y
tuvo que detener su marcha frente al barrio Las Flores. A poco de que llegara otro ómnibus para
auxiliarlo, una lluvia de balas cayó sobre los hinchas provocando el trágico balance.
Todos los testigos aseguran que los disparos, hechos con pistolas 9 milímetros y
pistolas ametralladoras, provinieron de un cañaveral que separa la autopista de las casillas del
barrio. Pero desde los micros también se efectuaron disparos, dijo la policía. Prueba de ello son
las vainas recogidas en ranchos que vieron perforadas sus chapas.
Acusaciones. Acerca de los autores de la emboscada y los motivos que tuvieron,
la policía y la Justicia empezaron ayer a desandar el camino que los lleve a puerto. En este
sentido, un oficial de la subcomisaría 19ª ratificó anoche lo sostenido por este diario en su
edición de ayer. "Es cada vez más fuerte la hipótesis de que en el ataque participaron subordinados
de Roberto Pimpi Camino y soldaditos de Los Monos", la banda que opera desde en Las Flores y que
supo tener estrechas relaciones con el ex líder de la barra.
"Son personas bien posicionadas económicamente y con mucho apoyo", se aventuró a
decir el oficial sin dar especificaciones. Indicó que los atacantes tienen "mejores armas que la
policía" y que abrieron fuego contra los hinchas "cubiertos con chalecos antibalas".
Asimismo, el investigador señaló que "los sospechosos no viven en Las Flores
pero frecuentan sus calles" y habló de "unos 10 o 12 hombres" cuya motivación está vinculada con
"la decisión de Pimpi de recuperar el terreno perdido".
En cuanto a la búsqueda de pruebas, durante la mañana de ayer agentes de la sub
19ª requisaron cinco viviendas precarias ubicadas frente al lugar del ataque. No fueron a buscar a
ningún sospechoso. Sólo a recoger evidencias. Así, a más de 30 horas de perpetrada la emboscada y a
24 horas de que un cronista de este diario dialogara con los vecinos del lugar y observara un
sinnúmero de vainas servidas que la gente recogió en el interior de sus casillas, los pesquisas se
hicieron de esas pruebas.
"En una casa se hallaron cápsulas 9 milímetrros por lo que su dueña fue
demorada", dijo un pesquisa que reconoció que "en total se secuestraron 33 vainas" de ese
calibre.
Los choferes. Ayer a la mañana se presentó ante la jueza Roxana Bernardelli uno
de los choferes de los micros baleados. Elber G. conducía un colectivo amarillo de una empresa de
San Nicolás y llegó a los Tribunales en compañía del abogado Hernán Tasada. Según el profesional,
su cliente "está atemorizado pero confía en la Justicia y por eso se prestó a contar lo ocurrido".
Y agregó que "el dueño del micro puso la unidad, perforada por varios disparos, a disposición de la
magistrada".
Elber G. le relató a la jueza que llegó por la autopista sin inconvenientes y
fue por la avenida de Circunvalación hasta Villa Gobernador Gálvez, donde dejó a todos los
pasajeros. Que entonces un colega, el conductor del coche de la empresa El Cóndor del Sur, lo llamó
para decirle que había reventado dos neumáticos y que necesitaba que vaya para trasbordar a los
pasajeros. Eso hizo Elber G. sin saber lo que iba a pasar.
En su declaración, el conductor explicó que cuando la gente pasaba de un coche
al otro "empezaron a llover balas" y que entonces, muerto de miedo, emprendió la marcha con quienes
ya habían subido. Entre esas personas estaba Walter Cáceres, a quien los proyectiles que le
causarían la muerte lo alcanzaron en la escalerilla del colectivo. "Recorrió todo bulevar Oroño y
por Pellegrini fue hasta el Heca tocando bocina y esperando cruzarse con algún patrullero que lo
escoltara pero no se cruzó con ningún móvil policial", aseguró Tasada en concordancia con lo dicho
por otros testigos (ver página 34).
Asimismo, el abogado aseguró que Elber G. "no fue contratado por Newell’s
Old Boys, ni por ninguna subcomisión del club, ni por la barra brava. Hay que separar al club de la
contratación de la movilidad usada por este grupo de simpatizantes". Y a la hora de responder quién
contrató el micro, dijo que "lo hizo un muchacho cuyo apodo se dio a la jueza y que cada vez que
necesitaban viajar buscaba al chofer en su casa para salir de frente al hipódromo".
Otro chofer, que conducía el micro de El Cóndor del Sur, ya había declarado el
mismo jueves en la subcomisaría 19ª. Roberto R. D. manifestó que la unidad sufrió el reventón de
dos neumáticos traseros y tuvo que detener la marcha. "Algunos muchachos bajaron del micro y desde
el costado, donde está la villa, varios tipos agazapados empezaron a disparar".
Ese mismo chofer aseguró a la policía que "desde alguno de los colectivos se
respondió con disparos" y que cuando pudo, "escapó del lugar como pudo, con las ruedas pinchadas y
con quienes estabana arriba para salvar su vida".Contradiciendo lo dicho oficialmente desde el
club, Roberto R. D. sostuvo que fue contratado por la subcomisión del hincha de Newell's.