Policiales

Murió un asaltante tras el robo de unos $ 600 mil a un camión de caudales

A las 14.30 de ayer la mitad de la ciudad empezaba a dar rienda suelta a los festejos por el campeonato logrado por Newell's Old Boys. Caravanas de vehículos embanderados circulaban desde...

Jueves 20 de Junio de 2013

A las 14.30 de ayer la mitad de la ciudad empezaba a dar rienda suelta a los festejos por el campeonato logrado por Newell's Old Boys. Caravanas de vehículos embanderados circulaban desde todos los puntos cardinales hacia el Monumento a la Bandera y las bombas de estruendo aturdían en cualquier barrio. Amparados en esa locura y detrás de esos fuertes ruidos, tres hombres armados desataron una infernal balacera contra dos portavalores que habían bajado de un camión de caudales en la puerta de un banco de la zona sur. Los delincuentes se alzaron con dos sacas repletas de billetes y cubriéndose con tiros escaparon a la carrera. Uno fue alcanzado por varias balas y murió tras correr unos 100 metros. Sus cómplices se perdieron en un auto robado días atrás con el botín que fuentes policiales cifraron en unos 600 mil pesos.

El escenario del violento suceso fue la cuadra de avenida San Martín al 4400, un sector plagado de comercios de todos los ramos que a la hora indicada, sin embargo, estaban cerrados en su mayoría. Bajo el número de catastro 4415 se erige en esa cuadra una sucursal del Nuevo Banco de Entre Ríos. Hasta allí llegó un camión de caudales de la firma Prosegur. Un portavalores y un custodio armado con una pistola ametralladora bajaron del vehículo y emprendieron una rápida caminata de 10 metros hasta la puerta de la entidad. Pero no pudieron entrar. "Los estaban esperando desde un rato antes", confió un vecino que fue testigo de lo ocurrido.

"Tres hombres armados, vestidos con ropa de trabajo, mochilas y cascos de albañiles se les cruzaron en el camino", dijo el comisario Guillermo Morgan, jefe de la Agrupación de Unidades Especiales (AUE). Lo cierto es que uno de los ladrones le arrebató las dos sacas llenas de dinero al empleado de Prosegur mientras los otros empezaban un desaforado tiroteo con el custodio. Los peritos policiales que llegaron poco más tarde contaron al menos 50 vainas servidas de varios calibres. Algunos de esos proyectiles alcanzaron a dos vehículos estacionados: un Chevrolet Agile que terminó con varios cristales rotos, y el Fiat Regatta del bicicletero de la cuadra que se quedó sin la luneta y con dos perforaciones en la carrocería.

Corriendo. En ese marco, los dos ladrones que llevaban las sacas escaparon a la carrera hacia el norte y doblaron al este por calle Mister Ross. Allí, a mitad de cuadra, se subieron a un Chevrolet Corsa gris que tenía pedido de captura por haber sido robado en Soldini el 14 de junio y que apareció abandonado más tarde en 24 de Septiembre y Juan Manuel de Rosas, a 10 cuadras del banco. "Es probable que los hayan estado esperando en otro auto que después encontramos abandonado en barrio Ludueña y sobre el que se está trabajando", confió Morgan.

En tanto, el tercer ladrón escapó en el sentido contrario y corrió cubriéndose con disparos hacia el sur. Llegó hasta la esquina de calle Juan Canals y por ésta giró al este. Pero a mitad de cuadra cayó sin vida dejando un charco de sangre frente a la casa identificada con el número 976. La policía lo identificó como Walter Darío Ríos, de 42 años, quien tenía una condena del año 2005 por un robo calificado en concurso ideal con homicidio por un episodio cometido en abril de 2001. Junto al cuerpo los pesquisas secuestraron un revólver calibre 32 largo.

Asustada. "Fue una verdadera locura y por suerte no hay personas heridas", comentó anoche Valeria, la dueña del bar de avenida San Martín y Mister Ross, en diagonal al banco y testigo del hecho. La joven estaba en la vereda, sentada a una de las mesas del bar y hablando por celular con su marido, cuando todo se precipitó. "Vi que llegó el camión de Prosegur como todos los días y me quedé mirando mientras hablaba con mi esposo. Ya pasaban varios autos con las banderas de Newell's, se escuchaban petardos y esas cosas pero yo vi que dos tipos levantaban las manos y empezaban a disparar con armas. No era cohetes ni bombas de estruendo, eran tiros", recordó la mujer aún asustada.

Valeria le contó a su esposo lo que estaba pasando y le pidió que avisara al 911. "Le empecé a decir a la gente que estaba en la parada del colectivo que se tire al piso, que eran balas. Pero la gente no reaccionaba, pensaban que eran bombras de estruendo por los festejos. En el cantero central de la calle quedó parada una mujer con una nena de unos 10 años que cruzaba para tomar el colectivo y todo eso parece que la paralizó. Fue muy rápido pero por suerte nadie salió herido", dijo la mujer casi sin respirar.

Finalmente, Valeria contó que hizo al terminar el tiroteo: "Crucé corriendo y le pregunté a los tipos del camión de caudales si estaban bien, si necesitaban que llame a una ambulancia, pero me hicieron señas de que todo estaba bien y me volví al bar. Al rato llegaron varios patrulleros y una ambulancia".

Otro de los testigos fue Omar, el encargado de una carnicería que está a pocos metros del banco. El hombre vio como por la puerta de su local pasaba corriendo el asaltante que caería muerto. "Menos mal que a esa hora la mayoría de los negocios estaban cerrados y que por el frío no había nadie en las mesas de la heladería (Grido) porque sino mataban a cualquiera", aseguró. A metros de allí, el bicicletero de la cuadra estacionaba su viejo Fiat Regatta con la luneta partida por las balas. "No sé quien me va a pagar los daños del auto", se quejaba cuando ya caía la noche y la normalidad se había apoderado nuevamente del barrio.

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