Balaceras que dejaron víctimas fatales y heridos, otras que afectaron viviendas y también tiros al aire a metros de comisarías y escuelas. Seccionales de policía valladas para resguardarse de nuevos ataques. Chatarrerías allanadas en el marco de una investigación por sustracción de cables de tendido eléctrico, de fibra óptica, flexibles de bronce, medidores de gas y agua. Son muchos los hechos vinculados a la violencia urbana que diariamente se registran en Rosario, pero sin dudas la zona noroeste es donde más se concentran, principalmente en los barrios Ludueña, Empalme Graneros e Industrial.
Este conjunto de barrios terminó el 2022, por los 51 homicidios registrados allí durante el año, como una de las zonas más afectadas por la violencia. Y los hechos recientes no hacen más que afirmar esa tendencia porque dan cuenta de la complejidad que se vive en este sector del noroeste rosarino, paradójicamente uno de los puntos de la ciudad donde desembarcó Gendarmería en las últimas semanas.
En los últimos días, hubo balaceras contra viviendas y personas en distintas zonas de estos tres barrios. El miércoles por la tarde, cerca de las 18, un hombre y una mujer denunciaron que su casa de Bordabehere al 4800, en Ludueña, fue atacada a balazos. Según trascendió, una de las víctimas dijo ser testigo protegido en una causa judicial.
Horas antes, la noche del martes, un hombre había sido baleado en las piernas en la zona de Ghandi al 5600, barrio Empalme Graneros. Según informaron desde la Policía, un vecino denunció que había un hombre herido en la calle. La víctima fue identificada como Rubén Luis T., de 62 años, y con domicilio donde ocurrió el ataque.
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Estos hechos se suman a otro ataque ocurrido el martes por la mañana, cuando Lidia Esther G., de 58 años y vecina de Empalme Graneros, fue baleada en una pierna cuando salió de su casa para hacer mandados. Fue en la cuadra de Felipe Moré al 600 bis, donde en 2022 hubo tres homicidios en término de un mes y a escasos metros de distancia.
El ataque a esta vecina tuvo lugar a pocos metros de donde cuatro días antes había sido asesinado Juan Ángel Alegre, un vecino de 57 años que se dedicaba a juntar y vender cartones. Lo mataron a balazos en inmediaciones de una chatarrería ubicada en pasaje Franco al 2100, donde ya hubo otros homicidios y vecinos de la zona señalan que hay un punto de venta de drogas.
La misma chatarrería fue una de las allanadas este miércoles en el marco de una investigación por robo y daño a infraestructuras urbanas. En total se realizaron 18 operativos en simultáneo en distintas zonas del Gran Rosario, logrando la detención de cuatro personas que quedaron a disposición de la Justicia.
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Este contexto de violencia se acentúa si se tiene en cuenta que este jueves la Escuela San Luis Gonzaga, del nivel primario y ubicada en Teniente Agneta al 600 bis, suspendió las clases como consecuencia de un hecho violento registrado la noche anterior. Es que la institución está ubicada a la vuelta de la comisaría 20º y a metros de donde la noche del miércoles dos personas que iban en moto realizaron cinco disparos al aire con un arma de fuego.
No se trató de un hecho aislado y tampoco lo fue la suspensión de las clases en esta escuela. Se viven semanas de tensión en el noroeste rosarino: el fin de semana los tiros fueron hacia otras dos escuelas de la zona. Tanto la "José MármoL" de Larrea al 300 como la "Rosa Ziperovich" de Sabin al 1100, fueron atacadas a balazos. Hechos que generaron que se suspendieran las clases y el gremio Amsafé Rosario se movilizara en las puertas de Gobernación.
En ese mismo contexto las comisarías del barrio permanecen valladas dado que informes de inteligencia de Prefectura Naval advirtieron la posibilidad de atentados contra dichas dependencias. Se trata de la seccional 12º de Solís y Casilda en barrio Ludueña, la 20ª de Carrasco al 5600 en Empalme Graneros y la sub 24º de Juan José Paso y Sabín, barrio Industrial.
Estos tres barrios del noroeste, pero sobre todo Empalme Graneros, quedaron en el foco de la polémica desde que a principios de marzo fue asesinado Máximo Gerez, un niño de 11 años que quedó en medio de un ataque que iba dirigido a vecinos del barrio que venden drogas. A partir de ese hecho se generó una pueblada en la que una multitud derribó viviendas sindicadas como búnkeres. Desde entonces los vecinos e instituciones del barrio recibieron amenazas, por lo cual fue una de las zonas a las que arribaron agentes de la Gendarmería enviados por el Ministerio de Seguridad de la Nación.