Los investigadores que el 17 de julio pasado desactivaron el laboratorio de
drogas sintéticas montado por un cartel mexicano en Ingeniero Maschwitz no sólo intentan establecer
de dónde llegó la efedrina utilizada por los narcos en su industria, sino saber el destino de 2.901
kilos de esa sustancia que uno de los detenidos compró y distribuyó.
La mayor dificultad que enfrentan es reconstruir la ruta de
la sustancia que llegó a manos de los narcos, ya que fue comprada a diversas droguerías y
comercializada por distintos distribuidores. En ese orden, ayer trascendió que uno de los
proveedores del cártel, Germán Héctor Benítez, operaba desde un laboratorio trucho montado en pleno
centro de Rosario.
En la causa a cargo del juez federal de Zárate-Campana
Federico Faggionatto Márquez se determinó que Raúl Ribet, detenido el 5 de agosto en Hurlingham
como "facilitador de la efedrina" a los narcos mexicanos, compró 2.901 kilos de esa sustancia al
actualmente prófugo Carlos Edelmiro González. La compra, según los investigadores, se realizó entre
el 10 de octubre de 2007 y el 1º de agosto pasado.
La pata local. Los pesquisas también determinaron que Ribet realizó ventas de
efedrina por casi 3 toneladas a otro de los imputados en la causa: Germán Héctor Benítez. Este
hombre, según una investigación dada a conocer ayer por el diario Crítica de Santa Fe, tenía
montado un laboratorio fantasma en el edificio de Entre Ríos 1031, frente a la céntrica plaza
Sarmiento de Rosario.
A ese lugar llegaron el 12 de agosto los investigadores y
allanaron las oficinas donde ahora funciona un laboratorio legal. Según la nota del diario, se
llevaron correspondencia dirigida a Benítez y otros papeles.
Para los pesquisas "Rosario está cerca y la ramificación de
estos laboratorios ha sido grande", según la nota. En ese marco recuerdan los allanamientos hechos
el viernes en la empresa Ianus SA, de Córdoba al 3000, y en Reagents SA, ubicada en la vecina
ciudad de San Lorenzo.
Triangulación. Los movimientos de la efedrina, precursor con el que se fabrican
las drogas sintéticas, están documentados en la causa, aunque no logran hallar los 2.901 kilos
movidos por los trianguladores. Es que cuando fue allanada la quinta de Maschwitz, el 17 de julio,
la policía encontró sólo 20 kilos de metanfetamina, suficientes para fabricar 200.000 pastillas de
éxtasis. Entonces fueron detenidos 9 nueve mexicanos y el argentino Marcelo Tarzia.
En el teléfono de Tarzia estaba agendado el nombre de
Sabastián F. (Forza), uno de los tres empresarios —junto a Leopoldo Bina y Damián
Ferrón— masacrados a balazos el 13 de agosto en General Rodríguez. Ese dato, además de que
Forza estaba al frente de una droguería que comercializaba efedrina, lleva a los pesquisas a pensar
que el triple crimen está vinculado al negocio con la banda mexicana de Maschwitz.
Sin embargo, los policías no están seguros de que los mexicanos hayan mandado a
asesinar a los empresarios. Se inclinan más por considerar que el triple crimen fue resultado de
una pelea entre argentinos para proveer de efedrina a los norteamericanos, una jugada en la que
Forza quería quedarse con todo. l