POLICIALES

La historia de un chico con buena puntería reclutado como soldadito a los 12 años

Lo apodan "Cumpi" y los registros lo ligan a las peleas por territorio en zona sur. Hoy tiene 16 años, fue baleado hace dos semanas y se repone de las heridas

Domingo 18 de Abril de 2021

La noche del pasado lunes 6 de abril Luciano fue baleado en Hipócrates y Sánchez de Thompson. Dos meses antes el adolescente de 16 años había vuelto a vivir en esa zona de monoblocs donde todos lo conocían por su apodo: Cumpi. Dos semanas después el chico se recupera poco a poco de sus heridas.

Entre el 2017 y 2019 a los vecinos del Fonavi del Barrio Municipal se les hizo costumbre escuchar de las historias de Cumpi, que tenía 12 años. Entre las tiras se contaban hechos casi míticos: “tiene mucha puntería”, “trabaja para los Ungaro”, “los ojos son fríos”. Los oscuros comentarios se toparon con acciones concretas como cuando en enero de 2018 una mujer encontró debajo de la puerta de su departamento del Fonavi una nota: “O te vas por las buenas, o te vas por las malas, te llamás un flete, te llevás las cosas o te cagamos a tiros esta noche”. La mujer huyó desesperada pero volvió al otro día a buscar sus muebles. Cumpi llegó hasta la casa y le apuntó con su arma a su hija de 4 años. Con el caño de la pistola en la cabeza de la pequeña, insistió: “Te agarra la noche acá y te mato, así que apurate”. Así supo que ese niño de no más de 1,50 metro y no más de 40 kilos de era capaz de todo. Pero ese chico fue cambiando en estos años.

Cumpi fue apresado un jueves a la tarde de finales de junio de 2018 en una situación muy particular. La Brigada de Orden Urbano de la policía realizaba junto a efectivos de otras fuerzas una serie de intervenciones en la zona de Sánchez de Thompson al 100 y en presencia de funcionarios judiciales. En la puerta de uno de los departamentos del Fonavi había una mujer a la que de pronto se acercó un chico y le dijo: “Cómo le va señora, ¿sigue viva?”. Blanca como una hoja, la mujer sólo dijo: “Este fue el que me disparó”. Un policía sin dudarlo le dio un zarpazo y lo capturó. Según dijo más tarde la mujer, tres semanas antes este chico la había amenazado para que abandonara su casa y le había pegado tres tiros.

La madre de Cumpi contó a agentes de diversas reparticiones estatales que a los 12 años Luciano había desaparecido. La familia vivía en la zona de casas más humildes de la República de la Sexta, de Beruti hacia la barranca y Cumpi tomaba la leche en la casa de la familia de “Pelo Duro” Fernández. Cuando Cumpi rondaba los 13 años algunas gavillas de la Sexta y el Municipal comenzaron a encargarle “trabajos”.

Durante un tiempo Luciano vivió con parte de la familia de Pelo Duro en los pasillos que bajan por Ituzaingó y Convención hasta la barranca. Allí lo capturaron por primera vez y por ser menor e inimputable lo entregaron a su madre. Meses más tarde habitó otra vivienda, esta vez en en el barrio Municipal y en un departamento usurpado que la banda de los Funes utilizaba como aguantadero y escondite para guardar armas y drogas. Entonces Cumpi ya era uno de los miembros más jóvenes de la banda y vivía con la familia Fernández. Durante un tiempo a ellos se sumó Brisa Amaral, una piba de 20 años condenada a tres años de prisión por integrar la asociación ilícita con los hermanos Funes.

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Funcionarios que trabajaron con el caso del Cumpi recordaron que “Pelo Duro también empezó de chiquito, a los 15”. Y que en 2006 lo detuvieron nueve veces como mínimo por robos de todo tipo. “Ahora es un muchacho que cuida a su familia y tiene viejos códigos, está preso en Piñero por varias causas”, cuentan ahora. En ese Fonavi donde se cruzan violencia y leyenda las paredes recuerdan cada muerto a tiros y viven unas 55.000 personas cuya supervivencia muchas veces depende del azar.

Juegos de niño

De acuerdo a fuentes policiales, como miembro de la banda de los Funes Cumpi amenazaba a los vecinos y les aseguraba que si no dejaban sus casas en el barrio mataría a algún familiar. Para ese entonces su apodo recorría no solo los núcleos del Fonavi, ya estaba en la mesa de policías y en los escritorios de los funcionarios. En un momento comenzaron a aparecer muertos y heridos que presentaban una particularidad: les disparaban un solo tiro certero y eficaz. En tanto, otro menor se hacía lugar en las crónicas y los comentarios del barrio: un amigo de Cumpi conocido como “Papu”.

El dato que manejaban policías y fiscales era que quien tiraba tenía una puntería envidiable. Casualmente Cumpi y Papu jugaban todo el día en la Play Station a un juego basado en disparar con un revólver. “Allí afinó la puntería”, contó un vecino que lo conoce desde que era un niño.

En el departamento del Fonavi estuvo largo tiempo: “En esa casa lo guardaban para mantenerlo tranquilo, es que tiene un carácter un poco impulsivo”, contó una funcionaria que estuvo cerca del chico. Para ese momento su madre pedía a todos ayuda y todos se la dieron. En un trabajo conjunto entre distintos ministerios ampararon a la familia de Cumpi, y en ese entorno a él mismo. “En estos casos se intenta abordar al niño y su entorno para evitar que cometa otras muertes, si es que las hizo, u otros daños en los cuales nos constaba que había participado. Tenía solo 13 años”, dijo un funcionario.

Una vez demorado en el operativo de Sánchez de Thompson al 100 Cumpi fue judicializado. El Estado hizo lo posible para que el chico esquivara se destino de tiros y muerte. En el caso trabajó el Ministerio de Seguridad, la Subsecretaria de Niños, Niñas, Adolescentes y Familia, los juzgados de menores y hasta el Ministerio Público de la Acusación (MPA).

Se barajaron distintas posibilidades, se hicieron interconsultas y finalmente la madre firmó una autorización para trasladar al chico a instituciones donde podrían ayudarlo. Así recaló en la granja Fénix, una residencia de rehabilitación de adicciones en Guernica (provincia de Buenos Aires), y también se lograron subsidios y se trasladó a toda la familia a otro barrio.

El fiscal Matías Edery, que participó de los cuidados judiciales, contó que antes de que cumpliera 14 años la fiscalía tuvo en un año “incidencias y denuncias de ocho homicidios en los que se lo mencionaba”. A partir de ello se hizo un seguimiento de su caso con funcionarios de Niñez, aseguró el fiscal.

Funcionarios provinciales señalaron que en la clínica donde estuvo, el chico “desarrolló un trastorno de la personalidad en el cual si la persona tiene confianza con alguien le obedece ciegamente. En la residencia tuvo una muy buena conexión con el director, aprendió manualidades y a jugar al ajedrez. Pero se escapó en febrero, creemos que lo fueron a buscar los integrantes de su banda”, sostuvo un funcionario judicial.

En el MPA se cree que “cuando Cumpi volvió al Fonavi le dieron de todo: zapatillas, ropas y un arma. Esto coincidió con el recrudecimiento de una guerra entre los Funes y los Ungaro y los Camino. Son alianzas que se dan en los barrios y ataques de los que ya tenemos muchas denuncias”, aseguran.

El adolescente se recupera por estos días de las heridas sufridas hace 15 días cuando fue baleado. Su futuro depende en gran parte de lo que el Estado, en sus distintos estamentos, pueda hacer con él.

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