Policiales

Juzgan a una banda que cocinaba y vendía drogas

Nueve personas comenzarán a ser juzgadas hoy en los Tribunales Federales como miembros de una banda a la que se atribuye la elaboración, distribución y venta de drogas, y que fue...

Jueves 27 de Junio de 2013

Nueve personas comenzarán a ser juzgadas hoy en los Tribunales Federales como miembros de una banda a la que se atribuye la elaboración, distribución y venta de drogas, y que fue desarticulada en 2009 con el descubrimiento de al menos una cocina de cocaína. Si bien originalmente hubo 11 procesados en la causa, uno de ellos no llegará al banquillo por haber sido sobreseído ya que se le imputó tener marihuana para consumo personal; y otro por haber sido asesinado hace diez meses: Antonio Carau Quevedo, presunto líder de la organización.

El juicio cobró relevancia porque algunos de los acusados aparecen vinculados a detenidos en una chacra de la localidad de Alvear en la cual se hallaron 19 kilos de drogas el 4 de abril pasado. Ocho días después de ese hecho se desató un incendio intencional en la alcaidía de Jefatura en la que murió uno de los apresados en la chacra: Miguel Japo Saboldi. Su ex esposa, Norma Acosta, y su madre, Elba Cuello, son dos de las personas que serán juzgadas desde hoy (ver aparte).

De los acusados, uno solo llega detenido al juicio: Oscar Gregorio Caminos, un primo de Pimpi que cumple una condena a 13 años de prisión como partícipe de un homicidio y además se había fugado de la alcaidía de Jefatura mientras estaba preso por esta causa. Asimismo, hay dos sospechosos de integrar el grupo que se encuentran prófugos.

El juicio oral comenzará hoy ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 integrado por los jueces Beatriz Barabani, Santiago Harte y Francisco Venegas Echagüe. El fiscal federal subrogante Nº 3, Mario Gambacorta, será el acusador.

Se prevé que las audiencias, durante las cuales van a declarar 105 testigos, se prolongarán durante tres semanas o un mes.

La historia. Luego de una investigación de diez meses que incluyó allanamientos en más de veinte sitios en junio de 2009, siete de los detenidos fueron acusados de integrar una organización que "desde mayo de 2008 y con presencia en Rosario y sus alrededores se dedicaba a traficar estupefacientes, especialmente en su preparación, distribución y comercialización".

Además de Carau Quevedo, quien era sindicado como cabecilla, llegan al banquillo Elba Cuello, Norma Acosta, Mario Maidana, Analía Albornoz, José Rodríguez y Juan Carlos Borini. En tanto, otros dos presuntos integrantes se mantienen prófugos: Omar Saboldi y María Isabel Albornoz.

Por su parte, a Gregorio Caminos se le imputa colaborar con esta organización, además de afrontar un cargo por falsificación de DNI. La misma imputación le formularon a José Javier Rodríguez.

Asimismo, Vilma Quiroga llega acusada por tenencia ilegítima de dos DNI que le fueron incautados durante un allanamiento realizado en el marco de la investigación.

Los acusados llegan en libertad excepto Caminos. Es que más allá de estar condenado como partícipe necesario del homicidio de Francisco Ponce, un hombre de 31 años asesinado en octubre de 2008, el primo del ex jefe de la barra brava de Newell's encabezó en febrero de 2010 una fuga de presos de la alcaidía de la Jefaura.

Hace 5 años. La investigación por la cual fueron detenidas y procesadas estas personas comenzó en 2008 y culminó el 10 de junio de 2009 con el allanamiento de 22 domicilios. En al menos dos de esos sitios se hallaron elementos que daban cuenta de la existencia de cocinas de cocaína.

En esos procedimientos se detuvo a 13 personas, se incautaron cinco autos, cuatro armas, algo más de 1,5 kilo de pasta base, 9 kilos de marihuana, 2 de cocaína y precursores químicos como ácido clorhídrico, acetona y amoníaco.

La instrucción de la causa da cuenta de diversas pruebas contra los imputados en función de la investigación realizada por la Dirección General de Control y Prevención de Adicciones entonces encabezada por el comisario Hugo Tognoli.

Entre las pruebas hay una bolsa de nailon con un trozo de 350 gramos de cocaína hallada en la butaca de un Peugeot 206 bordó interceptado en el acceso Sur, en inmediaciones de Villa Gobernador Gálvez, y en el que iban Acosta, Cuello y Maidana. También unos 3 kilos de marihuana y 283 gramos de cocaína hallados en el dormitorio de Borini.

También resulta relevante para la causa el hallazgo (en uno de los allanamientos realizados en junio de 2009) de baldes y ollas, bidones de acetona y amoníaco y otros elementos que sugieren la existencia de una cocina de cocaína en una vivienda de Acevedo y 20 de Noviembre, en la zona noroeste.

El fiscal ponderó "la cantidad y variedad" de cocaína y marihuana halladas, "buena parte encontrada en la forma en que usualmente se trafica, es decir en panes", así como el hecho de haberse encontrado "en el domicilio donde habitaba la madre de Quevedo elementos destinados a la elaboración y preparación de estas sustancias (una olla y un balde con cocaína, mascarillas, balanzas, una botella con acetona, otra con amoníaco)".

También resaltó que uno de los autos incautados, un Peugeot 206 celeste hallado en Beruti al 3300, "presentaba en el guardabarros delantero orificios que daban cuenta que estaban acondicionados para el transporte de drogas ilícitas".

Un clan familiar. El fiscal también destacó que las personas a las cuales acusa de integrar la organización se conocen entre sí y no deja pasar el hecho de que algunos son parientes entre sí: Cuello era suegra de Acosta y madre del prófugo Omar Saboldi, quien estaba en pareja con la tamibén fugada María Isabel Albornoz, hermana de la procesada Analía.

Asimismo, en la cusa consta información de escuchas telefónicas y seguimientos que da a entender la división de tareas en el grupo. Así, la investigación sitúa a Elba Cuello trasladando droga para su venta en un quiosco de pasaje Gomensoro al 1400 y a Analía Albornoz como una de las personas que vendían droga en un búnker de Larguía al 3400.

De igual modo, a Borini se lo menciona como quien almacenaba en su casa drogas que luego comercializaban en la villa La Lata y a Giménez como uno de los encargados de la distribución.

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