El asesinato de un adolescente es en sí mismo una tragedia. Pero ese hecho, si se le suman otras historias similares y cercanas, deja de ser aislado para pasar a formar parte de la compleja situación que vive Rosario con 111 homicidios en lo que va del año. En enero pasado, los familiares de Jeremías Natanael López, el pibe de 15 años baleado este miércoles en barrio La Cerámica, sintieron de cerca el terror cuando una hermana del chico sobrevivió a un balazo de rebote que le pegó en la boca. Ahora, sumergidos en el dolor y la impotencia, atraviesan la consecuencia fatal de vivir en una zona en conflicto. "Lo de la nena fue una desgracia sin llegar a lo peor, y ahora esto. Estamos muy mal. Queremos justicia y que se esclarezca", dijo a La Capital Emiliano, un tío de la víctima.
La mañana del miércoles los vecinos de Siripo al 1400, barrio La Cerámica, estaban todos al tanto del asesinato de Jeremías Natanael López. Era un pibe conocido por todos. Si bien vivía con su padre a unos 500 metros de distancia, solía pasar tiempo en esa cuadra donde vive su madre, un hermano y un sobrino. También se juntaba ahí con sus amigos, con quienes acostumbraba a estirar las horas de la noche sentados en la vereda.
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Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
En eso estaban cerca de las 3 del miércoles cuando, según comentaron a La Capital los vecinos de la zona, pasó un auto desde el cual dispararon varios balazos. Fue con un arma calibre 45, según las dos vainas servidas recogidas por la policía en el lugar. El único herido fue Jeremías, a quien sus allegados llevaron al Hospital Alberdi, desde donde lo derivaron al Clemente Álvarez. Allí, según indicaron desde la Fiscalía, al chico lo ingresaron ya sin vida. La investigación en un principio quedó a cargo de la fiscal Marisol Fabbro.
"Él estaba con el celular y no la vio venir. Los que estaban con él se avivaron y se escondieron. Podrían haber matado a más chicos", contó a La Capital Rosa, abuela de Jeremías, con lo que pudo saber de acuerdo a lo que se fue comentando en el barrio con el paso de las horas. Para esa altura de la madrugada la mayoría de vecinos dormía, escucharon los balazos, pero solo algunos se asomaron.
El búnker de enfrente
Ya a la mañana del miércoles la cuadra se había vuelto concurrida entre trabajadores de prensa y vecinos que conocían a la víctima. En ese marco, un hombre habló con La Capital y puso el foco del asesinato de Jeremías en un punto de venta de drogas que funciona en el interior de un pasillo ubicado frente a donde ocurrió el crimen. "El tema es ahí, ese búnker, y hay que sacarlos, pero no se puede hacer nada. Viste cómo es, si el gobierno no hace nada la gente menos. No nos queremos meter", contó. "Es como en todos lados, la gente se calla para no tener problemas. No sabés quién anda arriba de ellos con el tema de la droga. Capaz que decís algo de más, ellos llaman a alguien, aparece un auto y te boletean", agregó.
Los vecinos contaron que en los últimos días hubo algunas balaceras en la zona, donde aseguran que abundan los puntos de venta y, por lo tanto, la competencia entre distintos grupos que disputan el narcomenudeo. "Es todo un barrio complicado. Es un desastre continuamente y uno está expuesto a esto", describió un hombre.
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Con el mismo punto de venta los vecinos vinculan otro crimen ocurrido en esa cuadra. Fue en enero pasado. A Marcelo Nicolás Gálvez, de 27 años, el homicida se le acercó a pie y le disparó. En ese marco, una bala que rebotó impactó en la boca de Kimey, de 12 años y hermana de Jeremías, quien quedó internada pero fuera de peligro.
Jeremías vivía a unas cinco cuadras de donde lo mataron, en el primer piso de una casa en la que en la planta alta vive su abuela Rosa. Ahí estaba la señora este miércoles por la mañana, junto a su hijos Emiliano y Victoria, tíos de la víctima. "Lo de la nena fue una desgracia sin llegar a lo peor, y ahora esto. Estamos muy mal. Queremos justicia y que se esclarezca", remarcó Emiliano a La Capital. "Nos duele ver todos los días en la tele que pasan estas cosas, imaginate ahora que nos pasa a nosotros. Nos llena de impotencia", agregó.
Benjamín
Según contaron sus familiares, al anochecer del martes Jeremías arregló una pinchadura de su bicicleta y le avisó a su abuela que salía a hacer un mandado. Al rato volvió con unas hamburguesas, las cocinó, cenó y después se fue a lo de su hermano, que vive en Siripo al 1400. "Dijo que iba a buscarlo a su amigo Juan, y ahí se quedaron en la vereda. El hermano se fue a dormir y le dijo que el también se fuera, que las cosas acá no están bien", describió Rosa.
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Los allegados de la víctima, tanto como sus vecinos, aseguran que el chico no estaba involucrado en ningún conflicto. "Era un pibito re sano. Que siempre venía para este lado a ver al sobrinito y a los amigos. Tenía 15 años, recién arrancaba su vida, su adolescencia", contó un vecino del lugar donde ocurrió el crimen. "Todo el barrio lo conocía, era muy jodón, siempre nos buscaba para hinchar los huevos", agregó su tío.
Tanto los familiares como los amigos le decían Benjamín. Su abuela contó que la madre quería ponerle ese nombre y entonces desde chico lo apodó así. "Después, cuando los padres se separaron lo crie yo", recordó la abuela, que en diálogo con La Capital contuvo la angustia hasta que llegó en bicicleta un pastor de la Zona Cero que conoce a la familia y se había enterado del asesinato de Jeremías. Entonces Rosa lo abrazó y se desahogó con un llanto sin consuelo.